
¿Hacia dónde va el Sahel? Yihadismo y gobernanza criminal
Resumen
La región del Sahel se ha consolidado como uno de los principales escenarios de convergencia entre el terrorismo yihadista y el crimen organizado transnacional. Inicialmente insurgente, en este fenómeno híbrido hoy confluyen extremismo violento, criminalidad organizada y dinámicas de gobernanza paralela. En un contexto marcado por la debilidad institucional, la expansión de economías ilícitas y la competencia entre distintos grupos afiliados a Al Qaeda y al Estado Islámico, esta región se ha convertido en uno de los principales laboratorios de experimentación de formas de poder no estatal.
El análisis de organizaciones como JNIM, IS Sahel, Boko Haram e ISWAP permite explorar las incertidumbres que condicionarán la evolución del conflicto durante los próximos años y evaluar los posibles escenarios futuros para la estabilidad regional donde el riesgo estratégico decisivo no residirá tanto en la intensificación de la violencia sino en la transformación de los grupos insurgentes en autoridades político-criminales con capacidad de gobernanza.

Introducción
El Sahel se ha consolidado como un espacio donde la hibridación entre terrorismo y crimen organizado constituye uno de los principales factores explicativos de la inseguridad regional. Grupos yihadistas como JNIM, IS Sahel, Boko Haram e ISWAP combinan objetivos ideológicos con mecanismos de financiación y control territorial vinculados al tráfico ilícito de drogas, armas, oro y personas, aprovechando los vacíos de gobernanza existentes. Aunque presentan diferencias operativas, todos combinan elementos de insurgencia, economía ilícita y gobernanza territorial.
El estudio de estas organizaciones identifica cuatro grandes factores de incertidumbre para el periodo 2026-2029: la profundización de la hibridación terrorista-criminal, la consolidación o fragmentación del control territorial, la rivalidad entre actores yihadistas y la expansión del fenómeno hacia los estados costeros de África Occidental. En base a ello se plantean cuatro escenarios prospectivos —tendencial, positivo, negativo y disruptivo— en donde la evolución del conflicto dependerá menos de la actividad violenta de los grupos que de su capacidad para construir instituciones alternativas y competir con el Estado.
Sahel. Breve contexto sobre la hibridación.
El Sahel, «orilla/costa» o «borde del desierto» en árabe, es la franja de transición entre el Magreb y el África subsahariana. Para la estrategia integrada de Naciones Unidas para el Sahel (UNISS), su mapa político está configurado por un conjunto de diez países: Mauritania, Senegal, Malí, Guinea, Burkina Faso, Níger, Nigeria, Chad, Sudán y Eritrea. La región, al estar afectada por el tráfico de drogas, el tráfico de armas y de personas, se sitúa como uno de los ejemplos más representativos de economía criminal de supervivencia. A efectos de estudios, esta «amalgama del mal [1]» crea una hibridación que, a falta de un consenso sobre su definición, se presenta como un ecosistema donde las fronteras entre la motivación ideológica y el beneficio económico son casi invisibles, produciéndose un mestizaje entre aquello que caracteriza al terrorismo yihadista y al crimen organizado transnacional.

En primer lugar, la convergencia de las dinámicas de hibridación funcional no es uniforme, sino que se manifiesta a través de dos procesos complementarios. Por un lado, la «bandidización de la yihad» supone que grupos terroristas (como JNIM e ISGS) adopten métodos mafiosos y prácticas delictivas sistemáticas para sostener una infraestructura operativa y financiera. Por otro, la «yihadización del bandidaje» surge cuando bandas criminales locales y clanes dedicados al contrabando se adscriben a discursos islamistas para ganar una supuesta legitimidad moral, protección y mayor capacidad de control territorial [2].
En segundo lugar, la hibridación se sostiene sobre el control de antiguas rutas comerciales, hoy reutilizadas para el tráfico ilícito. Las principales fuentes de recursos [3] provienen de: el tráfico de drogas (esta región se enmarca como un corredor estratégico, tanto para la cocaína sudamericana que entra por África Occidental hacia Europa como para el hachís marroquí); la minería ilegal y el oro, donde el control de zonas de extracción permite la financiación directa, ganando autonomía respecto a la dependencia que generan las donaciones externas; el tráfico de armas [4], facilitado tras la caída de Gadafi en 2011; y la trata de personas y migrantes, dado que el 80 por ciento de las rutas de migración irregular en la zona están explotadas por estos grupos, cobrando "peajes" o impuestos de tránsito.
En tercer lugar, aplica la lógica del término «glocal» y la gobernanza criminal a través de tres aspectos fundamentales: la adaptación local, la gobernanza paralela y el reclutamiento. La adaptación local surge cuando los grupos terroristas instrumentalizan agravios históricos y conflictos étnicos o tribales para insertarse en el tejido social; la gobernanza paralela, nace en zonas de fragilidad estatal donde estas redes híbridas asumen funciones del Estado, como la administración de justicia (informal), la provisión de seguridad a cambio de tasas y la regulación de mercados informales [5]. Finalmente, el reclutamiento por necesidad es consecuencia de la falta de empleo y la pobreza estructural en el Sahel, que genera un "mercado de la violencia" en donde la juventud se une a estos grupos no sólo por convicción teológica, sino como una estrategia de supervivencia económica [6].

En consecuencia, el Sahel ha dejado de ser una zona de tránsito para convertirse [7] en un epicentro yihadista y criminal donde el terrorismo se ha transformado en un actor político-económico con capacidad de gestión territorial. Como paso previo a determinar los factores de incertidumbre que caracterizan el escenario prospectivo objeto de estudio, se procederá a analizar los grupos de actuación que se han considerado principales en este contexto.
Actores principales
JNIM: Jama’at Nusrat al-Islam wal-Muslimin
Creada por Iyad Ag Ghali en 2017, es hoy el principal grupo yihadista en el Sahel. Conforme a la Resolución de Naciones Unidas 2368 (2017), desde octubre de 2018, esta organización está asociada con Al-Qaida debido a su «participación en la financiación, planificación, preparación o comisión de actividades ejecutadas por esta entidad o en su nombre, con su apoyo o de forma conjunta [8]». Se configura como una alianza de elementos propios de la Organización de Al-Qaida en el Magreb Islámico en el Sahel, Ansar Eddine, Al Mourabitoun y otras entidades. Aunque opera principalmente en Malí, Burkina Faso y Níger, desde 2022 se ha expandido hacia Benín y Togo, y de forma puntual actúa en la frontera norte de Costa de Marfil. Sin embargo, dado que un avance rápido hacia el exterior podría fragmentar las filas del movimiento, esta expansión no supone la prioridad principal del grupo.
Su actividad se centra en insurgencia armada, control territorial rural, extorsión, cobro de impuestos informales («zakat») y protección de rutas de contrabando. Realiza una aplicación gradual y pragmática de la sharía según el territorio, diferenciándose así de Dáesh. Establece tribunales islámicos e impone normas de conducta pública, restringiendo comportamientos contrarios o que no concuerdan con su interpretación del Islam. Según The Soufan Group [9], desde la retirada militar de Francia de la región en 2022, JNIM ha intensificado sus actividades, aprovechando el vacío de seguridad para ampliar su influencia y consolidar el control sobre áreas estratégicas.

Se presenta como un defensor frente a la intervención extranjera y la influencia de Occidente. Aunque sus facciones constitutivas mantienen agendas locales específicas, están unificadas por una ideología salafista-yihadista común y por el compromiso de expulsar la influencia occidental de África Occidental. Respecto a la legitimidad de su actuación ante la población de sus zonas de influencia, mientras que en las zonas rurales periféricas están percibidos como proveedores de seguridad, justicia rápida y protección frente a abusos estatales, en los centros urbanos su influencia es mucho más baja. En las relaciones gubernamentales, mantienen una relación abiertamente hostil mediante el combate directo contra las fuerzas armadas y el personal funcionarial, aprovechan los vacíos de gobernanza y la corrupción para ganar notoriedad y, de forma ocasional, negocian treguas, más con autoridades tradicionales que con gobiernos centrales.
ISGS/EIGS – ISSP / IS Sahel: Estado Islámico en el Gran Sahara
A diferencia de JNIM, según el Armed Conflict Location & Event Data Project (ACLED [10]), IS Sahel suele aplicar una versión más rígida, coercitiva y menos negociada de la gobernanza islámica, recurriendo con mayor frecuencia a la violencia masiva para imponer obediencia. A pesar de que JNIM lleva más años activo, este grupo es responsable del mayor número de víctimas debido a la intensidad de sus ataques.
Afiliado al Estado Islámico (ISIL) desde 2015, es responsable de graves violaciones de derechos humanos y múltiples ataques mortales en Malí, Níger y Burkina Faso. Desde febrero de 2020, forma parte de la Lista de Sanciones del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas a consecuencia de la financiación, planificación y ejecución de actos terroristas; el suministro y transferencia de armas; el reclutamiento de combatientes y el apoyo directo o indirecto a ISIL. Su objetivo consiste en instaurar un orden político-religioso basado en una interpretación extremadamente rigorista de la sharía y subordinada al liderazgo global del Estado Islámico.

Esta estrategia [11] de expansión regional con operaciones más coordinadas busca desplazar a JNIM mediante ataques selectivos y presión sobre las comunidades locales, lo que mejora tanto su capacidad de ataque como la letalidad de los mismos, incrementando así el riesgo de regionalización del conflicto. Teniendo como base ideológica la doctrina salafista-yihadista ligada al Dáesh, la violencia armada se legitima como instrumento religioso y político, y se promueve la identidad musulmana por encima de cualquier identidad nacional, realizando una «homogeneización religiosa» en aquellas comunidades bajo su control. En consecuencia, el grado de legitimidad entre la población y para con las instituciones gubernamentales, completamente hostil, es confrontacional e instrumental. El apoyo o aceptación surge de su capacidad coercitiva, grado de control militar, provisión de seguridad o supervivencia más que de un respaldo generalizado.
IS Sahel considera ilegítimos los gobiernos de Malí, Burkina Faso y Níger, y rechaza el principio mismo de «Estado nacional» surgido tras la independencia, como también las fronteras heredadas del periodo colonial. Aunque no existe evidencia de cooperación institucional formal, la literatura [12] reciente describe el fenómeno como «gobernanza rebelde».
Boko Haram: Jama’atu Ahlis Sunna Lidda’awati wal Jihad
Según el Comité de Sanciones del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas [13], fue fundada por Mohammed Yusuf en Maiduguri (Nigeria) con el objetivo de «apoyar la educación islámica y establecer un Estado islámico en Nigeria». Tras su transformación en insurgencia armada en 2009, pasó a combatir directamente el Estado nigeriano.
Esta yihad armada busca imponer un sistema islámico propio y subordinar la organización política y social a una interpretación rigorista del Islam. Rechaza las autoridades religiosas tradicionales del norte de Nigeria [14], las prácticas sufíes y las cofradías locales y cualquier otra forma de islam moderado.

La Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito documenta [15] que Boko Haram ha atacado fuerzas policiales, instalaciones gubernamentales, autoridades estatales y personal de seguridad. No puede afirmarse que exista cooperación institucional formal o reconocimiento mutuo entre autoridades puesto que la organización busca sustituir las estructuras estatales existentes. Desde una perspectiva criminológica, el apoyo social se basa en la propia funcionalidad de la organización, beneficiándose de las comunidades afectadas por la pobreza, la inseguridad y la debilidad e inestabilidad institucional propia de los conflictos prolongados. En consecuencia, la capacidad de reclutamiento e influencia se conserva más por supervivencia que por una evidencia oficial de legitimidad política o social amplia.
ISWAP: Estado Islámico en África Occidental
En 2016, como una escisión de Boko Haram, surge ISWAP (Islamic State West Africa Province), la Provincia de África Occidental del Estado Islámico activa principalmente en la cuenca del Lago Chad (noreste de Nigeria, Chad, Níger y Camerún). Acabó integrándose formalmente en la estructura global de Dáesh [16], adoptando la organización característica del Estado Islámico basada en provincias o wilayat, integradas en una estrategia transnacional común y sometidas a una narrativa global de construcción del califato. Comparte la ideología salafista-yihadista de Dáesh y rechaza la legitimidad de las instituciones estatales existentes. Su proyecto político pretende construir estructuras de autoridad alternativas en aquellos territorios donde la presencia estatal es débil o inexistente.
En regiones como en la Cuenca del Lago Chad, la ausencia de una institución estatal sólida, la inseguridad, la debilidad administrativa y la falta de servicios públicos, es aprovechada por ISWAP para aumentar sus áreas de influencia y mejorar la legitimidad entre la población. Esta estrategia permite consolidar determinados niveles de aceptación funcional en algunas comunidades, especialmente allí donde las autoridades estatales tienen dificultades para proporcionar seguridad, servicios básicos o mecanismos eficaces de resolución de conflictos.

Es necesario mencionar que no sólo no existe reconocimiento institucional por parte de Nigeria, Chad, Níger o Camerún, sino que, al contrario, los Estados de la región mantienen estrategias conjuntas específicamente destinadas a combatirlo. Entre otras medidas, destacan mecanismos de cooperación militar, policial, judicial y de intercambio de información, incluyendo el apoyo de organizaciones internacionales dedicadas a la estabilización y la lucha contra el terrorismo.
En consecuencia, ISWAP representa así el intento más sofisticado de Dáesh en África Occidental al combinar insurgencia armada, control territorial y gobernanza alternativa allí donde las instituciones estatales son débiles o inexistentes. Su relevancia estratégica no deriva únicamente de su capacidad para perpetrar atentados o acciones armadas, sino también de su habilidad para integrarse en dinámicas locales, explotar vacíos de poder y mantener estructuras relativamente estables de influencia en determinados espacios.
Escenario comparado
Hibridación terrorismo-crimen organizado
El Sahel ha dejado de ser una zona de tránsito para convertirse en un epicentro yihadista-criminal. Se desconoce si estos grupos yihadistas seguirán dependiendo del crimen organizado como fuente de financiación o evolucionarán hacia verdaderos actores político-criminales con una capacidad de gestión territorial estable. Si esta hibridación se intensifica, aumentaría su autonomía financiera; si se estabiliza, se podrían consolidar las economías criminales locales; y si se fragmenta, podría producirse un incremento de violencia entre los grupos terroristas y las redes criminales.
Control territorial y legitimidad social
Si bien los vacíos de gobernanza son aprovechados por los grupos terroristas para extender sus áreas respectivas de influencia, no puede afirmarse si este control territorial será temporal, se terminará fragmentando o se institucionalizará de forma progresiva y transforme la presencia armada en una gobernanza duradera; lo que, a su vez, puede influir en el grado de tolerancia de la población local. Mientras que la provisión de servicios básicos puede incrementar la legitimidad funcional, el aumento de la violencia indiscriminada favorece el rechazo social. Por lo tanto, la evolución de la actuación estatal será determinante. Si los Estados logran recuperar la capacidad efectiva, podrán reconstruir su presencia territorial en detrimento de la cesión de dichos espacios a actores armados híbridos. Entre las variables que se verían afectadas, se incluiría la capacidad militar real, la cooperación regional, la corrupción administrativa y el grado de protección real a la población civil.

Rivalidad entre actores
Teniendo en cuenta que JNIM y IS Sahel comparten una matriz salafista-yihadista, su rivalidad puede bien debilitar a ambos grupos o generar una escalada de violencia más letal. Una rivalidad contenida podría incluir un reparto informal de las zonas de influencia mientras que una rivalidad abierta incrementaría los ataques contra civiles. La hipótesis de absorción/escisión en cada uno llevaría tanto a una reconfiguración del mapa yihadista como a una nueva competencia por la legitimidad del territorio y provisión de servicios. Asimismo, la retirada de la presencia militar internacional en algunas zonas de conflicto está generando un gran aumento de combatientes en ambos grupos terroristas.
Expansión hacia África Occidental
El epicentro mencionado inicialmente, ¿permanecerá localizado en el Sahel central o se desplazará hacia los estados costeros del Golfo de Guinea? En este caso, es necesario observar la evolución de ataques en las zonas fronterizas, los segmentos o tramos de las rutas comerciales y su incidencia en las instalaciones portuarias, como también el reclutamiento en nuevas comunidades y la instauración de células logísticas. Empero, el papel de la economía ilícita jugará un papel crucial en el sostenimiento financiero de las organizaciones. Por ejemplo, el tráfico de drogas incrementaría la conexión transnacional África-Europa y la minería de oro mejoraría la financiación (y relaciones) en el ámbito local, aumentando la autonomía del grupo al reducir la dependencia de inversión extranjera. El tráfico de armas mantendría, e intensificaría, la violencia, incrementando las migraciones forzosas; lo que, a su vez, generaría nuevos controles de rutas y “peajes”.
Resultado: Sahel 2029
Para construir una prospectiva a tres años (2026-2029), se analizarán dos incertidumbres consideradas críticas: la evolución de la capacidad estatal y el grado de consolidación de la gobernanza político-criminal. La combinación de estas variables permite articular cuatro escenarios, ordenados de mayor a menor probabilidad y de menor a mayor impacto en relación con la situación actual.

Escenario tendencial (probabilidad alta, impacto neutro)
En este contexto las tendencias continúan sin cambios significativos. Si bien las autoridades estatales logran evitar el colapso completo del país, no disponen de la capacidad suficiente para recuperar el control efectivo ni sobre las áreas rurales ni sobre los límites fronterizos. La hibridación entre el terrorismo y el crimen organizado continúa profundizándose hasta llegar a consolidarse como el modelo dominante de actuación. Se fortalecen los espacios de «gobernanza rebelde» y persiste la economía criminal de supervivencia manteniendo la continuidad de los flujos de tráfico ilícito de drogas, armas y minerales y de flujos migratorios irregulares. En consecuencia, la inseguridad regional se cronifica.
JNIM continúa siendo el principal actor yihadista del Sahel central reforzando su modelo de gobernanza paralela (justicia informal y mediación comunitaria); IS Sahel se expande de forma gradual hacia Malí, Burkina Faso y Níger, consolidando espacios y aumentando la presión sobre las comunidades rurales; Boko Haram continúa fragmentado, perdiendo relevancia a favor de ISWAP pero con la capacidad de ejecutar acciones violentas de alto impacto; ISWAP preserva su influencia actuando como estructura estable del Dáesh en África Occidental.
Escenario negativo (probabilidad medio-alta, impacto moderado)
La hipótesis principal es que la fragilidad institucional se agrava: los Estados pierden su capacidad operativa a favor de los grupos híbridos, que incrementan su influencia territorial y económica. Se consolidan los corredores criminales transfronterizos, se incrementan de forma significativa los desplazamientos forzosos, aumenta el deterioro de la seguridad alimentaria, se intensifican los flujos migratorios hacia el norte de África, se incrementan los ataques contra infraestructuras estatales y aparecen nuevas alianzas entre redes criminales y grupos yihadistas.

JNIM se convierte en el actor dominante en Malí y en Burkina Faso mientras que IS Sahel intensifica sus actividades ofensivas ampliando su presencia geográfica mediante ataques tanto a JNIM como a instituciones estatales. De este modo, los actores híbridos controlan las rutas de oro, armas, personas y droga, dirigiendo la expansión del resto de grupos terroristas hacia Benín, Togo, Ghana (zona norte) y Costa de Marfil (hasta llegar a la costa).
Escenario positivo (probabilidad medio-baja, impacto alto)
Los Estados mejoran progresivamente sus capacidades militares e institucionales gracias a una mayor cooperación regional y al apoyo internacional. La recuperación de corredores estratégicos, áreas mineras y centros urbanos permite reducir la influencia de los grupos armados, mientras que las políticas de desarrollo humanitario disminuyen parcialmente los incentivos para el reclutamiento.
La presión sobre las economías ilícitas crece, reduciendo significativamente los ingresos financieros provenientes del tráfico de oro ilegal y tráfico de personas. De forma paralela, la rivalidad entre JNIM y IS Sahel produce un desgaste creciente en ambos grupos, generando una reducción de la escalada de violencia junto con el resto de los actores. Sin embargo, si los avances en seguridad no se ven acompañados de mejoras socioeconómicas y una gobernanza libre de corrupción, este escenario corre el riesgo de revertirse rápidamente.

Escenario disruptivo (probabilidad baja, impacto muy alto)
Este escenario, a pesar de ser el menos probable es el que más alto impacto tendría en la región. La organización insurgente evolucionaría hasta consolidarse como entidad político-criminal capaz de ejercer funciones de gobierno [17] relativamente estables sobre espacios territoriales amplios. A diferencia del califato que se pretendía instaurar en Siria o Irak, este escenario se caracterizaría por una red flexible de protoemiratos conectados mediante economías ilícitas y estructuras de gobernanza paralela y su capacidad de adaptación no permitiría que fueran combatidas mediante respuestas exclusivamente militares. Aumentaría así el riesgo de contagio a otras regiones, bien a través de pactos con líderes comunitarios, bien mediante la reducción de la dependencia de financiación externa a consecuencia del control de recursos locales.
JNIM consolidaría los sistemas administrativos de las áreas rurales que controla; IS Sahel desarrollaría estructuras de control social permanente y lograría conectar los corredores estratégicos de los que dispone; Boko Haram continúa fragmentado mientras que ISWAP mantiene un enclave altamente resiliente. Es decir, la principal ruptura respecto al escenario tendencial y a la situación actual sería que estos grupos dejaran de comportarse exclusivamente como actores insurgentes. Pasarían a actuar como autoridades territoriales híbridas capaces de combinar legitimidad funcional, actividades de coerción y control político local gracias a una financiación total propia.

Conclusión
La evolución del Sahel durante los próximos años dependerá menos de la capacidad de los grupos para perpetrar atentados espectaculares que de su éxito a la hora de construir instituciones alternativas capaces de competir con el Estado. La disputa estratégica ya no se desarrolla únicamente en el ámbito militar, sino también en el terreno de la legitimidad, la prestación de servicios, la gestión de recursos y la resolución de conflictos cotidianos.
En este contexto, la respuesta de los Estados sahelianos y de sus socios internacionales deberá combinar el fortalecimiento de la seguridad con medidas orientadas a reconstruir la confianza ciudadana, mejorar la gobernanza y reducir la dependencia económica de las comunidades respecto a las redes ilícitas. De no hacerlo, existe el riesgo de que amplias zonas de la región evolucionen hacia formas de autoridad híbrida cada vez más consolidadas, capaces de perpetuar la inestabilidad y proyectar sus efectos más allá del Sahel hacia África Occidental, el Magreb y Europa.
La clave prospectiva no determina si habrá menos atentados o cómo de alta será su letalidad, la clave reside en determinar si estos grupos serán capaces de pasar de ser actores locales insurgentes a convertirse en una autoridad político-criminal local. Si logran desarrollar una capacidad suficiente para realizar actividades propias de administración de justicia, recaudación de impuestos, control de rutas ilícitas y, al mismo tiempo, consiguen legitimar su aceptación funcional en las comunidades en las que operan, lograrán erosionar al Estado. Los vacíos de control territorial, soberanía y legitimidad significan que, a día de hoy, la consolidación de mecanismos duraderos de justicia y seguridad supone el principal desafío para los Estados de Sahel.
[1] SÁNCHEZ HERRÁEZ, Pedro. El Sahel: epicentro yihadista en África Occidental. Cuadernos de Estrategia IEEE 214/2022. Disponible en: https://www.defensa.gob.es/documents/2073105/2077194/Cap%C3%ADtulo+3+El+Sahel+epicentro+yihadista+en+%C3%81frica+Occidental.pdf/1f3322d5-4380-e6a2-4150-e22f834bca74?t=1731922878779 (consultado: 05/09/2026)
[2] DE LA CORTE IBÁÑEZ, Luis y JAIME JIMÉNEZ, Óscar, “Terrorismo: causas, efectos y tendencias”, EDITORIAL SÍNTESIS, 2022.
[3] NÚÑEZ CIFUENTES, Ana. The Sahel and terrorist financing: diversity and financial system opportunities. Opinion Paper IEEE. Disponible en: https://www.ieee.es/Galerias/fichero/docs_opinion/2020/DIEEEO77_2020ANANUN_Sahel-ENG.pdf (consultado: 11/07/2026).
[4] Según la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC, por sus siglas en inglés), las principales fuentes del tráfico ilícito de armas provienen de: armas heredadas de conflictos pasados en la región, armas procedentes de conflictos recientes en regiones vecinas, armas vendidas o alquiladas por funcionarios de seguridad corruptos, armas transferidas desde gobiernos afines y un número relativamente pequeño de armas importadas desde fuera de África. UNODC, Transnational organized crime in West Africa: A threat assessment – Firearms. Disponible en: https://www.unodc.org/documents/toc/Reports/TOCTAWestAfrica/West_Africa_TOC_FIREARMS.pdf (consultado 05/07/2026).
[5] MERINO, Álvaro y GÓMEZ David. El cinturón golpista del Sahel: rebeliones, yihadismo y la sombra de Rusia. El Orden Mundial. Disponible en: https://elordenmundial.com/mapas-y-graficos/mapa-golpes-estado-sahel/ (consultado 04/07/2026).
[6] MARÍN NÚÑEZ, Aián. IEEE. Grupos terroristas en el Sahel: ¿Unidos por un mismo fin o enfrentados por la dominación? PORTAL DEL CESEDEN. Disponible en: https://www.defensa.gob.es/ceseden/-/ieee/grupos_terroristas_en_el_sahel_unidos_por_un_mismo_fin_o_enfrentados_por_la_dominaci%C3%B3n (consultado 03/07/2026).
[7] LOSADA FERNÁNDEZ, Ángel. El Sahel: un enfoque geoestratégico. Real Instituto Elcano. Disponible en: https://www.realinstitutoelcano.org/analisis/el-sahel-un-enfoque-geoestrategico (consultado 04/07/2026).
[8] INTERNATIONAL CRISIS GROUP. Le JNIM et le dilemme de l’expansion au-delà du Sahel (Africa Report No. 321). Disponible en: https://www.crisisgroup.org/rpt/africa/sahel-west-africa/321-le-jnim-et-le-dilemme-de-lexpansion-au-dela-du-sahel (consultado 18/07/2026).
[9] THE SOUFAN CENTER. JNIM Snapshot: Jama’at Nusrat al Islam wal Muslimin (noviembre de 2025). Disponible en: https://thesoufancenter.org/wp-content/uploads/2025/11/JNIM-Snapshot-The-Soufan-Center-Nov-4-2025.pdf (consultado 17/07/2026).
[10] ACLED. Newly restructured Islamic State Sahel aims regional expansion. Disponible en: https://acleddata.com/report/newly-restructured-islamic-state-sahel-aims-regional-expansion (consultado 18/07/2026).
[11] PAYNE, Bobby. Islamic State Sahel: IS rebrands in Africa. Grey Dynamics. Disponible en: https://greydynamics.com/islamic-state-sahel-is-rebrands-in-africa/ (consultado 18/07/2026).
[12] FUENTE COBO, Ignacio. Radiografía de la amenaza yihadista en el Sahel. Documento de análisis IEEE 17/2025. Disponible en: https://www.defensa.gob.es/documents/2073105/2392118/radiografia_de_la_amenaza_yihadista_en_el_sahel_2025_dieeea17.pdf (consultado 17/07/2026).
[13]UNITED NATIONS SECURITY COUNCIL. Jama’atu Ahlis Sunna Lidda’awati wal Jihad (Boko Haram). United Nations Security Council – ISIL (Da’esh) & Al Qaida Sanctions Committee. Disponible en: https://main.un.org/securitycouncil/en/sanctions/1267/aq_sanctions_list/summaries/entity/jama%27atu-ahlis-sunna-lidda%27awati-wal-jihad-%28boko (consultado 19/07/2026).
[14] ECHEVERRÍA JESÚS, Carlos. El desafío terrorista de Boko Haram en Nigeria. Documento de investigación IEEE 02/2014. Disponible en: https://www.ieee.es/Galerias/fichero/docs_investig/2014/DIEEEINV02-2014_Region_Africa_subsahariana_C.Echeverria.pdf (consultado 19/07/2026).
[15] UNODC. Nigeria and Chad strengthen collaboration in addressing terrorism. UNODC. Febrero de 2020. Disponible en: https://www.unodc.org/conig/en/stories/nigeria-and-chad-strengthen-collaboration-in-addressing-terrorism.html (consultado 19/07/2026)
[16] MEGÍAS UCEDA, Francisco José. El Sahel: Escenario del Terrorismo Yihadista. LISA Institute. Disponible en: https://www.lisainstitute.com/blogs/blog/el-sahel-escenario-del-terrorismo-yihadista?srsltid=AfmBOorh98sJw31jfEyzmYKWDYhtkZUCNZm9HS-WsMKZY-KX3UyaACum (consultado 19/07/2026).
[17] Salvando las distancias, se asemejaría a lo que ocurre en el Estado Wa (Myanmar): no existe una diferenciación entre los funcionarios gubernamentales y los miembros de una organización criminal ya que el “Estado” está regido por los propios criminales y la propia organización es la encargada de proveer las herramientas sociales necesarias a la población.