El califato de Estado Islámico desapareció tras la caída de Mosul, Raqa y Baghuz, así como con la captura o muerte de sus líderes. No obstante, su ideología persiste en internet y las redes sociales, sustentada por células en Irak y Siria. Desde 2015, varios grupos yihadistas en África, antes vinculados a Al Qaeda, se han alineado con el ISIS, beneficiándose mutuamente: el grupo obtiene proyección global y los yihadistas locales, experiencia y recursos. Las franquicias más activas se encuentran en el Sahel y África Occidental, donde también operan grupos de Al Qaeda. El Estado Islámico del Gran Sáhara y el Estado Islámico del África Occidental son las franquicias más dinámicas, indicando que el futuro de la yihad está en África. 

Sin embargo, esto no es nuevo, pues el yihadismo ha estado presente en el continente desde los años noventa, con Sudán sirviendo como base de Al Qaeda bajo el liderazgo de Osama bin Laden y con atentados en Kenia y Tanzania. A partir del 2000, con la lucha global contra el terrorismo liderada por EE. UU., Al Qaeda aprovechó las tensiones sociales, como la pobreza y la corrupción, para expandir su reclutamiento.

Abu Bakr al-Baghdadi
Abu Bakr al-Baghdadi, primer califa del autoproclamado Estado Islámico de Irak y el Levante

Tras su derrota en Afganistán, Al Qaeda se reorganizó y, desde 2014, compite con el ISIS, que ha atraído a los grupos desertores. Ambas agrupaciones prosperan en un contexto de debilidad estatal, corrupción y conflictos, lo que ha llevado a algunos sectores de la población local a ver a los yihadistas como una alternativa de gobernanza en el Sahel, África Occidental, la República Democrática del Congo y Mozambique, donde el ISIS ha incrementado su control y propaganda.

Libia

Muammar Gadafi, en su momento enemigo de Occidente y vinculado al terrorismo, cambió su postura tras el 11S al renunciar a todos los programas de armas de destrucción masiva y compensar a las víctimas de Lockerbie, lo que le facilitó las relaciones con Occidente y la inversión extranjera. Se desvanecieron así los ideales del socialismo árabe y la Jamahiriya. o “Estado de las masas”, como oficialmente era llamada Libia durante su gobierno.

Empero, Gadafi murió el 20 de octubre de 2011 tras ser capturado en un ataque de la OTAN mientras huía de Sirte. Su captura y la exhibición de su cadáver marcaron el fin de su dictadura, desatando una guerra civil y la fragmentación del país, lo que permitió el auge del ISIS entre 2014 y 2016.

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Concretamente, el vilayato libio del Estado Islámico se formalizó el 13 de noviembre de 2014, cuando los miembros libios del ISIS juraron lealtad a Abu Bakr al-Baghdadi. Los yihadistas, muchos de ellos del batallón "Katiba al-Bittar al-Libi", regresaron a Libia a principios de 2015 y se establecieron en Derna. Su objetivo era atraer militantes libios y tunecinos, crear una nueva provincia del califato y expandir la yihad en el inestable norte de África tras la caída de Gadafi.

Desde Derna, el grupo consolidó su influencia mediante alianzas y tomó Sirte en la primavera de 2015. Aunque la ciudad fue liberada en agosto de ese año, los yihadistas recuperaron el control en 2016, convirtiéndola en su capital para coordinar atentados como los de Túnez, Manchester o Berlín.

Sin embargo, la recaptura de Sirte a principios de 2016 provocó una segunda intervención aérea de la OTAN. Desde febrero de ese año, los bombardeos se intensificaron contra las posiciones y rutas del ISIS en Libia, lo que redujo su presencia activa a zonas desérticas para finales del verano. Muchos yihadistas supervivientes formaron nuevas células en el desierto o se unieron a las nuevas franquicias africanas. 

En febrero de 2015, el ISIS llevó a cabo una de sus ejecuciones más mediáticas en Libia: el asesinato de 21 coptos egipcios en Sirte, que habían sido capturados entre 2014 y 2015. El grupo publicó un reportaje en Al Naba y un video de la ejecución, reforzando su estrategia de propaganda basada en la brutalidad. En octubre de 2017, los cuerpos de las víctimas fueron hallados en una fosa común y repatriados a Egipto en mayo de 2018, donde son venerados como mártires por la Iglesia copta.

De Boko Haram al ISWAP (Islamic State West Africa Province) - Estado Islámico de África Occidental

Antes de la aparición del ISIS, la yihad ya estaba profundamente arraigada en África Occidental gracias a Boko Haram, el grupo terrorista islámico fundado en 2002 en el estado de Borno, Nigeria.

Boko Haram evolucionó de manera independiente, manteniendo una relación tensa con Al Qaeda y expandiendo sus operaciones a países vecinos como Camerún y Níger, donde llevó a cabo atentados y secuestros. A partir de 2015, el grupo comenzó a establecer vínculos más estrechos con el ISIS, buscando paliar la falta de experiencia de la organización en comunicaciones, formación y operaciones militares. En el apogeo del califato, Boko Haram, debilitado por la ofensiva del ejército nigeriano y los mercenarios sudafricanos, recurrió al apoyo material y financiero del ISIS como un recurso fundamental para su supervivencia y fortalecimiento.

Así, los primeros contactos por Telegram, que no por WhatsApp, primer consejo que les dieron los del ISIS, pronto se convirtieron en un intercambio habitual de audios, vídeos, fotos, documentos, cuestiones sobre organización y doctrina religiosa.

En marzo de 2015, Abubakar Shekau, líder de Boko Haram, juró lealtad al ISIS, lo que provocó la llegada de instructores yihadistas a Nigeria para reformar el grupo. Se implementaron cambios significativos, como la restricción en el uso de mujeres suicidas, la prohibición de esclavizar a musulmanas, la no utilización de niños soldado y la reorganización hacia un ejército más profesional, incluyendo uniformes y unidades especializadas. 

Asimismo, se buscó el fortalecimiento del entrenamiento militar y religioso, además de establecer un sistema impositivo en las áreas controladas. Sin embargo, las tensiones entre el ISIS y Shekau fueron constantes, llevando a una división irreconciliable en 2016, que supuso la partición de Boko Haram en dos facciones: los leales a Shekau y el Estado Islámico de África Occidental. De esta manera, la facción leal al Estado Islámico pasó a estar encabezada por Abu Musab al-Barnawi, supuesto hijo de Mohammed Yusuf, cofundador de Boko Haram. 

Inicialmente, cada grupo se enfocará en áreas geográficas específicas: Shekau en Borno, Nigeria, y el Estado Islámico en Borno y la cuenca del lago Chad, desde donde realizarán ataques transfronterizos contra Níger, Chad, Camerún y Nigeria. Ambas facciones, la del ISIS y la de Shekau, se enfrentarán esporádicamente durante años hasta el suicidio de Shekau en mayo de 2021, cuando fue acorralado por sus rivales. 

ISGS (Islamic State Great Sahara): Estado Islámico del Sáhar

Desde 2011, el Sahel ha emergido como un epicentro del yihadismo, impulsado por la consolidación de grupos como el JNIM, vinculado a Al Qaeda, y el auge del Estado Islámico. Varios factores han exacerbado este clima de violencia: la caída de Gadafi desató el caos y la proliferación de armas, mientras que la desertificación ha intensificado los conflictos entre agricultores y ganaderos. La insurgencia tuareg, junto a las redes criminales, también ha crecido, y la débil gobernanza en Mali agrava la situación. Este país ha vivido inestabilidad política y la llegada de fuerzas extranjeras, incluyendo las de Francia, la UE y el grupo Wagner. 

Además, la filial del ISIS en el Gran Sáhara se originó a partir de MUJAO, un grupo anteriormente afiliado a Al Qaeda, que se escindió por desavenencias internas. ISGS inició sus operaciones en el oeste de Níger y en la región de Ménaka, en el noreste de Malí, expandiendo su actividad a la vecina Burkina Faso mediante ataques y atentados.

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Originalmente, contaba con unos pocos yihadistas en áreas rurales de la triple frontera, siendo un actor secundario frente a los tuaregs del norte de Malí y la presencia de Al Qaeda a través del JNIM. Con el paso del tiempo, la región de Liptako, que abarca el suroeste de Níger, el este de Burkina Faso y el sureste de Malí, se convirtió en su bastión para llevar a cabo ataques transfronterizos. Entre 2016 y 2019, el grupo operó con cierta autonomía, recibiendo un reconocimiento limitado por parte del núcleo central del ISIS. 

Desde 2019, el Estado Islámico del Gran Sáhara incrementó sus capacidades, atacando a las fuerzas militares de Burkina Faso y Malí, y utilizando una brutalidad masiva contra militares y civiles. La respuesta de los ejércitos locales, caracterizada por la violencia indiscriminada, intensificó el sufrimiento civil y la crisis económica en la región.

Bajo el liderazgo de Adnan Abu Walid al-Sahrawi, el grupo comenzó a recibir atención mediática, lo que hizo que se le concediera el estatus de provincia en 2021, pasando a llamarse Estado Islámico del Sahel, e intensificando a su vez la oposición de prácticamente todos los actores políticos y armados en la región: Malí, Burkina Faso, Níger, Estados Unidos, Francia, los tuaregs de AZAWAD y los yihadistas del JNIM. 

Fruto de las ofensivas, su control territorial disminuyó y perdió a cientos de combatientes, incluido su líder, Abu Walid al-Sahrawi, durante un ataque francés en agosto de 2021. Sin embargo, el golpe de Estado en Malí aquel mismo año, junto a la salida de las tropas extranjeras y la alianza con Rusia facilitaron la adaptación de los yihadistas, que ahora buscan financiación a través de secuestros, extorsiones y robos de ganado. 

Somalia

En Somalia, el yihadismo está dividido entre Al-Shabaab, la franquicia de Al Qaeda, y el Estado Islámico. Ambas facciones luchan por el control territorial y la supremacía ideológica; para el Estado Islámico, Al-Shabaab es apostata al no reconocer el Califato. Con todo, y aunque oficialmente ISIS concedió a Somalia el status de provincia en 2018, su actividad es limitada en la región y su número de combatientes oscila entre 100 y 400, concentrándose en las montañas Galgala, donde enfrentan principalmente a Al-Shabaab y a las fuerzas de seguridad de Puntlandia y de la Unión Africana. 

No obstante, Somalia sería la pieza fundamental en el organigrama financiero del ISIS. Desde Puntlandia funciona la llamada Oficina Al Karrar, que no solo se encarga de financiar la filial en Somalia, sino también de mover fondos de unas provincias a otras. Esta información se obtuvo a partir de la eliminación por parte de las tropas estadounidenses de Bilal Al-Sudani, quien había trabajado para Al Shabaab y más tarde para el ISIS. Bilal había tejido una red de contactos y de lavado de dinero que se extendía hasta Kenia, Uganda y Sudáfrica, a través del sistema tradicional islámico del hawala y empresas sudafricanas con sede en Somalia.


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