Existe un rincón del mundo que tiene una extensión de 2,3 millones de kilómetros cuadrados. Pese a su enorme tamaño y su importancia en el contexto internacional, no aparece en las televisiones o en las noticias y nadie habla de ello en redes sociales; es como un triángulo de las Bermudas invertido, aunque alrededor del 25% del tráfico marítimo africano pasa por esta zona o, lo que es lo mismo, circulan unos 1.500 buques diarios, según estimaciones de la Unión Europea y de análisis estratégicos recientes (UE/EEAS; CSIS). El lugar en cuestión se trata del Golfo de Guinea. Más de diez países lo conforman, afectados por múltiples escenarios que alteran de una forma u otra la seguridad de este monumento natural.

No puede negarse que un área tan poco conocida por el público general pero que alberga tanta riqueza deberá atraer a mentes mal intencionadas. Debería ser de sobra conocida, por ejemplo, la presencia de la piratería en el Golfo. Aunque sus inicios se remontan a la década de los 2000, no sería hasta a partir de 2010 cuando el número de incidentes superó los registrados en Somalia en las mismas fechas. Un informe publicado por el International Maritime Bureau (IMB) en 2020 especificaba que el 95% de los secuestros a tripulantes en aquel año se habían producido en el Golfo de Guinea. El año anterior se estipuló que los secuestros en el Golfo de Guinea constituían un 90% del total global.

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