Alemania nos da la gran noticia geopolítica mundial tras la brutal guerra iniciada por Putin en Ucrania. Es una revolución, un giro de 180 grados en la política y economía alemana desde que terminó la Segunda Guerra Mundial, un hito que va a marcar la agenda europea durante décadas. 

El Palacio del Bundestag en Berlín. Autor: Cezary Piwowarski
El Palacio del Bundestag en Berlín. Autor: Cezary Piwowarski

Siempre recelosos de no repetir el caos de la  República de Weimar (1918-1933) con la hiperinflación y una deuda pública desbocada, los políticos alemanes a partir de 1945  han estado imponiendo un rígido cinturón sobre esas variables económicas, hasta el día de hoy en que los tres grandes bloques políticos -conservadores (CDU), socialdemócratas (SPD) y Los Verdes-, con mayoría de dos tercios del parlamento (513 votos a favor y 207 en contra), han decidido acabar con esa ortodoxia presupuestaria y derogar constitucionalmente el denominado “freno de la deuda”, una disposición constitucional emprendida por Angela Merkel en 2009, en lo peor de la crisis del euro, que limitaba el endeudamiento al 0,35 % del PIB para el Gobierno federal y que prohibía a los estados federados tener déficit. Ahora desaparecen los límites al gasto en defensa para el Estado y se ofrecen posibilidades de endeudamiento a las administraciones regionales.

Esta relajación presupuestaria extraordinaria no puede llevarse a cabo de forma seria y ordenada por ningún país que no controle a su vez la política monetaria -la creación y el volumen de circulación del dinero- y es obvio que, con el permiso de Francia, Alemania es la dueña del destino del euro y del Banco Central Europeo. Por eso a este fin el parlamento alemán ya se había asegurado la colaboración en esta colosal empresa del banco central, que había salido días antes a dar públicamente una justificación para la eliminación de este corsé presupuestario que la democracia teutona se había autoimpuesto en los últimos 80 años. 

A partir de ahí va a llegar indefectiblemente un cambio no menos revolucionario en la UE y en Europa en general, puesto que se quiere contar en este cometido europeo de “rearme”, o de “seguridad” según reclaman España e Italia (en la inveterada logomaquia que siempre suscitan estas cuestiones en Bruselas), con países no miembros de la UE como Reino Unido y Noruega. 

Alemania se ha puesto al frente de Europa, dispuesta por fin a liderarla también en materia de Defensa con sus socios franceses, los dos pilotos que conducen a la UE en sus decisiones fundamentales. Al resto de países de la UE y a Europa toda, dada la amenaza de Putin “el bruto”, el desafecto de Trump “el soberbio” y el silencio inquietante de Xi “el taimado”, no nos queda más que felicitarnos en líneas generales de esta decisión, porque es importante que los dos mastines europeos hayan descolgado la carlanca y se empiecen a aplicar en la labor de defender de los lobos (citados más arriba, y que me perdonen los lobos) al rebaño europeo compuesto, hasta ahora, más bien por mansos y confiados corderos. 

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Deuda pública de los estados miembros de la Unión Europea en 2022 en relación con el Producto Interior Bruto. Fuente: Statista

Todo ello a pesar de que es sabido que el que maneja el timón primero mira a su beneficio y que todo lo que venga detrás de este liderazgo germano-francés puede que no sea del agrado ni del interés de cada uno de los otros estados europeos. Bien sabemos en España, y muy particularmente en Grecia -incluso en el castigo no es lo mismo ser pequeño que mediano- cómo se las gastan en el eje franco-alemán y las políticas de austeridad a que nos sometieron en la crisis financiera de 2008 cuando nuestra situación económica e intereses no coincidían con los del eje director europeo. También, en contraste con lo anterior, de lo solidarios que pueden ser fabricando dinero cuando sus intereses coinciden con los del resto de estados miembros, como ocurrió recientemente con la epidemia de la COVID y el hito de la mutualización, cierto que solo para este fin, de la deuda pública europea. 

En cualquier caso es indudable que a la mayoría de estados miembros nos ha beneficiado la pertenencia a este selecto club, tanto económicamente, de forma significativa en los primeros años de la adhesión al proyecto europeo, con la entrada de unos fondos de cohesión que rociaron de dinero las estancadas economías de los nuevos países miembros, como políticamente, proporcionando una estabilidad a las instituciones y gobiernos nacionales que difícilmente se hubiera logrado actuando cada país por separado. Ahora solo toca ponerse detrás de los dos líderes y confiar en que, aunque trabajen para ellos, también lo hagan para todos los demás. 

Lo dicho, quedan avisados los pacientes lectores, porque es importante separar la paja del trigo entre la vorágine actual de noticias y decisiones que está provocando la guerra de Ucrania y el advenimiento de Trump: el rearme alemán (ergo el europeo) va a ser seguramente la gran noticia mundial durante décadas. 

Muy atentos a este vector geopolítico o como diablos lo quieran llamar.