2026 se perfila como un año decisivo para la Unión Europea. El contexto internacional es desfavorable y parece avanzar de forma inexorable hacia un entorno aún más adverso. En este escenario, Bruselas deberá afrontar riesgos que pondrán contra las cuerdas al proyecto europeo y, al mismo tiempo, gestionar oportunidades para revertir la tendencia y mejorar su posición global.

La situación es compleja y los procesos institucionales europeos, diseñados para operar con lentitud y de forma gradual en el largo plazo, han quedado desfasados frente al dinamismo del contexto actual. Este año será decisivo para demostrar que la Unión Europea es capaz de adaptarse y proyectarse hacia el futuro, o para confirmar que sus instituciones no pueden reformarse más allá de los límites impuestos por su propia naturaleza.

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