Arabia Saudí y el nuevo equilibrio de poder en Oriente Próximo
Arabia Saudí no se presentó en el Oriente Próximo moderno como una potencia destinada a alterar el orden regional, sino como un actor empeñado en preservarlo. Esa es la clave para entender su trayectoria.

Aliado de Occidente y líder regional
Durante décadas, la política exterior de Riad se sostuvo sobre un equilibrio simple, pero al mismo tiempo eficaz: Petróleo, religión y seguridad. La diplomacia energética le dio peso global y la legitimidad religiosa amplió su capacidad de influencia, mientras que la protección de potencias externas, principalmente Estados Unidos, aseguró la supervivencia del régimen.
¿Cómo se traducía esto en la práctica? Durante la Guerra Fría, Arabia Saudí se alineó, sin hacer mucho ruido, con las arquitecturas de seguridad occidentales. Financió aliados, medió conflictos en la sombra y desplegó redes religiosas —como la Liga Mundial Islámica o la Organización de Cooperación Islámica— para frenar el nacionalismo árabe y, más tarde, la revolución iraní. Evitó, casi siempre, el enfrentamiento militar directo.
La Guerra del Golfo de 1991 reforzó esa lógica. La invasión iraquí de Kuwait supuso un golpe de realidad: expuso la vulnerabilidad de Riad frente a la inestabilidad regional y lo dejó definitivamente anclado a la protección militar estadounidense. También dejó una lección clara: la asertividad podía salir cara.
Arabia Saudí respondió reforzando la seguridad del régimen, consolidando su papel como árbitro en los mercados energéticos y apostando por una diplomacia árabe basada en el consenso. Incluso cuando intervino con mayor determinación, como en la guerra Irán-Irak o en Afganistán, lo hizo mediante acciones indirectas, evitando siempre situarse en primera línea.
Nuevo siglo, nuevo mundo
Ese modelo empezó a resquebrajarse en el nuevo siglo. ¿Por qué? Las presiones se acumularon: Una población joven y en expansión, cercados energéticos cada vez más volátiles y unas instituciones árabes colectivas en declive. La Primavera Árabe fue la gota que colmó el vaso.
Para los dirigentes saudíes, las revueltas no fueron vistas como una oportunidad, sino como una advertencia existencial. Regímenes que parecían consolidados caían en cuestión de semanas. Riad vio la necesidad de aplicar más intervención, más músculo y tener menos paciencia.
Yemen marcó un punto de inflexión. Por primera vez en décadas, Arabia Saudí recurrió de forma directa al poder militar para defender sus intereses vitales. Sin embargo, en perspectiva, el resultado fue ciertamente ambiguo. La guerra se alargó y el frente del Golfo no permaneció tan cohesionado como parecía en un primer momento.
El cambio de liderazgo aceleró esa transformación. Con Mohammed bin Salman, la política exterior se centralizó y se subordinó al proyecto interno de la Visión 2030. La diversificación económica pasó a convertirse en una cuestión de seguridad nacional.

La diplomacia se adaptó en consecuencia. Riad empezó a buscar inversión, tecnología y comercio más allá de sus socios tradicionales. Reabrió puentes con antiguos rivales, como Catar. Exploró una distensión con Irán. Amplió su presencia en Asia y África y se presentó como mediador en conflictos como el de Sudán. Este nuevo enfoque hizo inevitable el choque con los Emiratos Árabes Unidos: durante años caminaron juntos; hoy compiten.
Abu Dabi apostó por una estrategia diferente: puertos, conectividad y alianzas de seguridad desde el Mediterráneo Oriental hasta el Cuerno de África, reforzada por la normalización de las relaciones con Israel y el fortalecimiento de sus vínculos con la India. Riad, en cambio, siguió otro camino. Optó por la defensa del statu quo y la construcción de coaliciones destinadas a frenar lo que percibe como una expansión excesiva emiratí y un cerco israelí, especialmente en el mar Rojo, Yemen, Somalia y Sudán.
Esta percepción se ha ido endureciendo en el debate estratégico saudí. Algunos analistas próximos a Riad han llegado incluso a acusar a los Emiratos Árabes Unidos de actuar como “un caballo de Troya de Israel en el mundo árabe” cuyo objetivo es erosionar la primacía regional saudí.
En respuesta, Riad está tratando de proyectar poder a través de una red de alianzas flexibles. Pakistán se ha convertido en un pilar de disuasión en el Golfo, compensando el desgaste de las garantías estadounidenses. Turquía también busca elevar sus relaciones con Riad a un nuevo nivel, con el objetivo de contener a Israel en Siria y el Mediterráneo Oriental. Arabia Saudí valora asimismo sumar una potencia no árabe a su ecuación de seguridad.

Egipto también juega su papel. Con problemas propios en el mar Rojo y el Nilo, se ha alineado discretamente con Riad en Yemen, Sudán y el Cuerno de África. Somalia, mientras tanto, se ha convertido en un socio clave en la pugna por la influencia portuaria y estratégica a lo largo de la costa africana.
¿Es esto una alianza contra Israel y los Emiratos? No exactamente. Se trata de una convergencia pragmática, basada en percepciones compartidas: preocupación por la asertividad militar israelí, incomodidad ante el unilateralismo emiratí y defensa de la soberanía estatal en regiones frágiles.
Esta nueva política exterior de Arabia Saudí no es una revolución, sino una recalibración. Un reino que durante décadas se definió por la contención busca ahora influir mediante una asertividad calculada. Aspira a ejercer de árbitro en un Oriente Próximo fragmentado.
La consecuencia es un orden regional inestable. La transformación estratégica de Arabia Saudí ha alterado las jerarquías de poder y expuesto nuevas fracturas, la más visible con los Emiratos. El futuro de esta estrategia dependerá de un factor esencial: la capacidad saudí para equilibrar su ambición exterior con su transformación interna.
Hay algo que ya resulta evidente: la política exterior saudí ha dejado de ser sinónimo de cautela. Hoy es uno de los principales motores del nuevo equilibrio de poder en Oriente Próximo.
Fuentes
- Saudi Arabia and the UAE: Together on Iran, Divided on Regional Geopolitics | ISPI
- Saudi Arabia’s Niche Diplomacy: A Middle Power’s Strategy for Global Influence | MDPI
- Understanding Saudi Arabia’s Recalibrated Foreign Policy | International Crisis Group
- Saudi Arabia’s Evolution: Transforming Diplomacy and Power in the Middle East — International Relations Review
- Why Is Saudi Arabia Abandoning Peace? - The National Interest
- By standing up to Abu Dhabi, Riyadh could reshape the Middle East | Middle East Eye
- After Yemen rift, Saudi Arabia aims to oust UAE from wider region - The Washington Post
- Egypt and Saudi Arabia pressure Libya’s Haftar to stop UAE supplies to Sudan’s RSF | Middle East Eye
- Saudi Arabia moving towards military coalition with Somalia and Egypt | Middle East Eye
- The Saudi Arabia-UAE Dispute Is About More Than Just Yemen
- From partners to rivals: What the Saudi-UAE rupture means for Europeans – European Council on Foreign Relations