BEEP BEEP BOOM
Introdución
Alrededor de las cuatro de la tarde del viernes 27 de septiembre saltaba la noticia del ataque israelí sobre unos edificios residenciales del barrio de Dahieh, el bastión de Hezbolá en la capital del Líbano. Pronto las redes sociales se llenaron de vídeos del ataque y se pudo ver la magnitud de este. La cantidad de bombas anti-búnker lanzadas daba una idea de que el blanco elegido debía ser de muchísima importancia, y dada la campaña de eliminación sistemática del liderazgo de Hezbolá, todo apuntaba a su secretario general, Hasán Nasralá.
Tras confirmarse la noticia, era obvio que Israel había culminado con éxito dos meses de asesinatos de toda la cúpula de la organización terrorista y de mandos intermedios de toda clase. Buscas, radios y ataques desde drones y aviones habían culminado con éxito lo que Israel dejó pendiente tras la guerra de 2006. Dieciocho años preparándose para asestar un golpe mortal daban sus frutos en la segunda quincena de septiembre de 2024.
Todos los éxitos en el mundo de las operaciones de espionaje, asesinatos selectivos y no tan selectivos, y decapitación de las cúpulas de Hamás y Hezbolá han ido acompañados de un ejército de perfiles en redes sociales y creadores de contenido, porque en el mundo del siglo XXI tan importante es ganar en el campo de batalla como establecer relatos y pugnar por el ciberespacio. Quién nos iba a decir hace veinte años que memes y demás contenidos iban a ser parte de la proyección de los ejércitos en los campos de batalla. A continuación, se hará un breve relato de estos últimos dos meses, desde la eliminación del líder de Hamás, Ismail Haniya, hasta el de Hezbolá, Hasán Nasralá, a través de algunos de los memes israelíes que más han llamado la atención de este autor.
Ismail Haniya
Fines de julio de 2024 e Ismail Haniya viaja a Teherán para la toma de posesión del nuevo presidente de Irán, Masoud Pezeshkian. Recordemos que el anterior, Ebrahim Raisi, había muerto en un accidente de helicóptero debido a las malas condiciones climatológicas, aunque las malas lenguas, visto lo sucedido anteriormente, apuntan al busca que llevaba consigo, quién sabe. Eso sí, algunos se tragaron el bulo de que un misterioso piloto llamado Eli Kopter, judío a más señas, había estrellado el helicóptero aposta, para mayores risas en redes sociales.

El caso es que, tras asistir a la toma de posesión, Ismail Haniya se alojó en una residencia de invitados por cortesía del gobierno iraní, donde la noche del 31 de julio sería asesinado. No sabemos muy bien si fue por un misil lanzado desde una montaña cercana o por una bomba instalada en su cuarto de baño.
El mismo día del asesinato de Ismail Haniya Irán clamaba venganza, algo que se ha ido repitiendo machaconamente a lo largo de estos últimos meses, pero que apenas hemos visto si obviamos aquel ataque con cientos de drones y misiles de la noche del 13 al 14 de abril que causó escasos daños materiales y humanos. Ese ataque fue seguido días más tarde por el bombardeo israelí a un radar del sistema de defensa antiaérea del complejo nuclear de Natanz, demostrando así su capacidad para infligir un daño que los ayatolás de forma directa no han podido.
Así, Teherán iza banderas de la guerra, hace declaraciones grandilocuentes para alimentar el mercado interno y el del llamado “Eje de resistencia”, y transfiere armas a sus proxies por todo Oriente Próximo. Proxies que se encuentran algo decepcionados con la falta de involucración directa del régimen iraní en la guerra con Israel, guerra que ya sienten que van perdiendo y temen ser los sacrificados.

Buscas y walkie-talkies
Al día siguiente del ataque de Hamás a las comunidades israelíes que bordean la Franja de Gaza comenzó Hezbolá sus ataques al norte de Israel. Entre el 8 de octubre de 2023 y mediados de septiembre de 2024, antes de acelerarse todo con la operación de los buscas, Hezbolá había lanzado unos ocho mil cohetes y drones que habían provocado más de una cincuentena de muertos en Israel, mayoritariamente civiles, incluidos aquellos doce niños drusos asesinados en los Altos del Golán al impactar un cohete en el campo de fútbol en el que jugaban. Por tanto, Hezbolá ha estado en guerra casi tanto tiempo como Hamás en Gaza, solo que la diferencia entre ellos ha sido el grado de penetración de la inteligencia israelí a todos los niveles, pero especialmente en el humano, del que conoceremos historias en los próximos años que alimentarán libros y películas.
A las 15.30 horas del martes 17 de septiembre misteriosamente comenzaron a explotar los buscas que usaban los miembros de nivel alto e intermedio de Hezbolá. Un par de meses antes, varios periódicos habían publicado una noticia comentando los esfuerzos que hacía Hezbolá para evitar el espionaje de Israel, y entre ellos mencionaba fiar sus comunicaciones a los buscas. Y aquí es donde saltaba la sorpresa porque nadie podía imaginar que Israel se había infiltrado en la cadena de producción de esos buscas y los había vendido al grupo terrorista.
Los primeros vídeos de explosiones ya nos hacían sospechar que quizás Israel había diseñado algún tipo de malware para sobrecalentar las baterías y hacerlas estallar, pero acertadamente algunos puntualizaban que las baterías eran de muy pequeño tamaño, incompatibles con las explosiones que estábamos viendo y las heridas producidas, y que quizás algún tipo de explosivo plástico habría sido dispuesto en su interior. Pero, ¿cómo lo habían hecho? Infiltrándose en la cadena de producción, plantando los explosivos y esperando pacientemente el momento adecuado para activarlos. Casi cuatro mil heridos y decenas de muertos. Y para cuando nos reponíamos del asunto de los buscas llegó el de los walkie-talkies explosivos siguiendo el mismo modus operandi. Otra vez fueron cientos los heridos y decenas los muertos. La primera decapitación masiva de un grupo terrorista en la historia.

Hasán Nasralá
Con las comunicaciones infiltradas a todos los niveles y no confiando en ninguno de los cachivaches comprados en años anteriores, el grupo recurrió a las reuniones en persona. El peligro para los mandos supervivientes era extremo, salir del bunker era una actividad de riesgo y cualquiera podía ser el topo, o los topos, que estaban ayudando a la inteligencia israelí a cobrarse su venganza de la guerra de 2006. Uno a uno iban cayendo los comandos de Hezbolá en sus refugios entremetidos en zonas civiles, que actuaban a modo de escudos humanos. Cada mañana se actualizaba el gráfico con el esquema de los líderes de Hezbolá y aparecía un nuevo rostro tachado, pero faltaba la joya de la corona: Hasán Nasralá, su secretario general.
El búnker del suburbio beirutí de Dahieh debía ser lo suficientemente seguro para albergar una reunión trascendental de los miembros del grupo aún vivos. Además, alguien les susurraría al oído qué momento de reunirse era el oportuno, dado que aquel día Bibi Netanyahu se encontraba hablando ante la Asamblea General de la ONU. Al final, esto también resultó ser parte del engaño. ¿Quién sabe si lo último que hizo Nasralá fue ver el discurso de Bibi por la tele?
Bajo seis bloques de pisos se sentían seguros hasta que unas 56 bombas capaces de penetrar a entre 30 y 60 metros de profundidad hicieron explosión en el lapso de unos segundos. El búnker destrozado, y sus ocupantes, más de veinte personas confirmadas por ahora, muertas por la onda expansiva y la falta de oxígeno.

Un día después se confirmaba la muerte de Hasán Nasralá y la pena embargaba a los fieles de los ayatolás. Por el contrario, los regímenes suníes de Oriente Próximo sonreían al ver el golpe asestado al odiado grupo chií libanés y su patrocinador Irán.
Incluso los sirios de las zonas rebeldes entregaban caramelos por las calles y daban gracias a Netanyahu por vengarles de las penurias sufridas a manos de Hezbolá cuando estas cruzaron la frontera con Siria para evitar la caída de Bashar al Asad. Por cierto, este último ha optado por un perfil muy bajo, tan bajo que ni ha mandado públicamente su pésame por la muerte del líder de Hezbolá. Con un Israel desatado, mejor no provocarlo.

Queda por ver cómo y cuando termina la guerra en Gaza y en el Líbano y cuál es el orden de posguerra. Buen momento para que el gobierno y ejército libanés, si se pueden llamar de esa manera, pongan un pie al sur del río Litani y se aseguren que Hezbolá no vuelve a tener influencia en la frontera con Israel ni en la capital Beirut. También queda por ver si hay respuesta iraní y en qué forma, pero se augura ya tardía y carente de fuerza para cambiar los acontecimientos, así como quién liderará a la nueva Hezbolá 2.0., que tendrá que redefinirse o sucumbir uno a uno a los golpes que le siga dando Israel con el callado consentimiento del mundo árabe.
