En una operación internacional conjunta llamada Operación Mirlo, la Guardia Civil y las autoridades alemanas anunciaron el dieciocho de julio la desmantelación de una red de apoyo logístico a Hezbollah. Los miembros del grupo terrorista que se afincaron en Europa se encargaban de suministrar componentes para drones kamikaze. La investigación se puso en marcha tras detectar actividades financieras sospechosas en España de sociedades mercantiles administradas por ciudadanos libaneses. El pasado julio la operación culminó con la detención de tres personas en España y una en Alemania.

Los detenidos estaban involucrados en la provisión y distribución de materiales tecnológicos avanzados, esenciales para la fabricación de drones utilizados en ataques terroristas. Durante las redadas, las autoridades confiscaron numerosos componentes que podrían haber permitido la producción masiva de cientos de dispositivos, entre los que destacan componentes electrónicos de guiado, rodamientos, motores eléctricos, de gasolina y hélices propulsoras. Las sustancias endurecedoras y resinas que también han sido decomisadas son clave para conformar las alas, fuselaje y partes móviles de los vehículos aéreos no tripulados, UAVs (por sus siglas en inglés). 

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