Introducción

La reciente invasión del sur del Líbano por parte de las IDF ha puesto en entredicho la capacidad de la Fuerza Interina de las Naciones Unidas en Líbano (UNIFIL), dentro de la cual España tiene desplegados 680 militares, para implementar de manera efectiva la resolución 1701 del Consejo de Seguridad. 

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante su visita al contingente español en la Base Miguel de Cervantes. Fuente: La Moncloa
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante su visita al contingente español en la Base Miguel de Cervantes. Fuente: La Moncloa

Desde el comienzo de la invasión de Gaza y con el objetivo de apoyar a Hamás en su enfrentamiento contra las IDF, Hezbolá ha lanzado repetidos ataques desde el Líbano contra territorio israelí. Las IDF por su parte han respondido con ataques aéreos que han descabezado a la cúpula de la organización chií, bombardeos de artillería por todo el sur del Líbano y en las últimas semanas han lanzado la operación terrestre “Flechas del Norte” contra infraestructuras terroristas al sur del río Litani. 

La historia se repite desde hace 46 años y la presencia de UNIFIL no parece que haya servido para evitar los periódicos enfrentamientos entre Hezbolá y el estado de Israel. 

Un poco de historia

UNIFIL se estableció el 19 de marzo de 1978 por las resoluciones 425 y 426 del Consejo de Seguridad, como respuesta a un ataque de la OLP contra población israelí que dejó 35 muertos y 71 heridos. Esta acción desencadenó el 14 de marzo de 1978 la “Operación Litani”, que tenía como objetivo destruir las infraestructuras terroristas y expulsar a los combatientes de la OLP al norte del río Litani, objetivos muy similares a los de la actual operación “Flechas del Norte”.

A esta invasión siguió en 1982 la “Operación paz para Galilea”, donde el grueso de los combates se desarrolló en torno a Beirut y la UNIFIL se mantuvo detrás de las líneas israelíes apoyando a los desplazados y a la población civil. En 1993 y 1996 se lanzaron las operaciones “Rendición de cuentas” y “Uvas de la ira”, que consistieron en bombardeos contra posiciones de Hezbolá al sur del rio Litani y no implicaron la intervención de fuerzas terrestres.

Fuerzas de Defensa de Israel en el sur del Líbano durante la Operación Litani de 1978. Fuente: ארכיון היסטורי "אגד"
Fuerzas de Defensa de Israel en el sur del Líbano durante la Operación Litani de 1978. Fuente: ארכיון היסטורי "אגד"

Llegamos a julio de 2006, cuando el grupo chií atacó a una unidad israelí que patrullaba la valla fronteriza matando a 3 soldados y secuestrando a otros 2. Esta acción provocó la operación “Remisión Justa” (posteriormente “Cambio de dirección”), que duró aproximadamente un mes y tenía como objetivo liberar a los dos soldados capturados y destruir las rampas de lanzamiento de cohetes y otras infraestructuras con las que Hezbolá estaba hostigando a las poblaciones del norte de Israel, una vez más objetivos muy similares a los de la actual operación “Flechas del Norte”. 

Poco antes de que las IDF detuvieran la ofensiva, el consejo de seguridad de la ONU aprobó por unanimidad el 11 de agosto de 2006 la resolución 1701 con el objetivo general de “poner fin a las hostilidades entre Hezbolá e Israel, ya que en ella el Consejo pide un alto el fuego permanente basado en la creación de una zona de amortiguamiento”[1].

La resolución 1701

Vamos a revisar las misiones que la resolución 1701 encomienda a la UNIFIL, para posteriormente poder analizar si se están cumpliendo de manera efectiva. En su artículo 11 se establece que el número máximo de efectivos será de 15.000 soldados y que además de llevar a cabo el mandato de las resoluciones 425 y 426 (confirmar la retirada israelí, restaurar la paz y seguridad internacionales y ayudar al gobierno libanés a restablecer su autoridad en la zona) debe:

  1. Vigilar el alto el fuego.
  2. Coordinar con los gobiernos del Líbano e Israel las actividades de acompañamiento y apoyo a las Fuerzas Armadas Libanesas a medida que se despliegan por el sur del país incluida la “Blue Line”.
  3. Ayudar a asegurar el acceso a la ayuda humanitaria y el regreso de la población desplazada.
  4. Prestar asistencia a las fuerzas armadas libanesas en la adopción de medidas para establecer entre el río Litani y la Línea Azul una zona libre de personal armado, bienes y armas excepto del gobierno libanés y UNIFIL. 
  5. Prestar asistencia al gobierno libanés, a solicitud de éste, para asegurar sus fronteras e impedir la entrada de armas o material conexo sin su consentimiento.

Para poder cumplir estas misiones, el consejo de seguridad autoriza a UNIFIL, en el artículo 12 de la resolución, a tomar “todas las medidas necesarias y que estime que están dentro de sus capacidades en las zonas de despliegue de sus fuerzas, para asegurarse de que su zona de operaciones no será utilizada para llevar a cabo actividades hostiles de ningún tipo”.

Tropas israelíes entrando en el Líbano durante la Operación paz para Galilea de 1982. Fuente: Michael Zarfati / IDF Spokesperson's Unit
Tropas israelíes entrando en el Líbano durante la Operación paz para Galilea de 1982. Fuente: Michael Zarfati / IDF Spokesperson's Unit

En cuanto al uso de la fuerza, UNIFIL puede “bajo ciertas circunstancias y condiciones utilizar la fuerza de manera gradual y proporcionada para cumplir su misión en su zona de operaciones”[2], así como en legítima defensa.

Implementación del mandato

Las tropas de UNIFIL llevan a cabo hasta 450 “actividades operacionales” diarias (patrullas, escoltas, entrega de ayuda humanitaria, operaciones de desminado y eliminación de UXO´s, etc.) tanto en solitario como acompañando a las fuerzas libanesas[3]. Es sintomático que la ONU sólo informe de acciones de cooperación, entrega de ayuda humanitaria y del número de “actividades operacionales” que se realizan, y no dé datos sobre, por ejemplo, número de armas y municiones incautadas (cosa que sí hacen las IDF). Estas operaciones van orientadas esencialmente a cumplir con las tres primeras misiones encomendadas, vigilar el alto el fuego, coordinar las actividades de apoyo a las fuerzas armadas libanesas y asegurar el acceso de ayuda humanitaria y regreso de la población desplazada. 

Sin embargo, la efectividad de la UNIFIL para establecer una zona libre de personal armado e impedir la entrada de armas y material conexo está más que en entredicho. Los videos difundidos por las IDF muestran grandes complejos de túneles repletos de armas y municiones, y perfectamente construidos con habitaciones, almacenes y zonas de vida, la mayoría a pocos cientos de metros de posiciones de UNIFIL y de la “Blue Line”. 

En consecuencia, o bien UNIFIL y las fuerzas de seguridad libanesas no se dieron cuenta de las actividades del grupo chií, cosa bastante improbable dada la magnitud de las infraestructuras encontradas y el tamaño de los alijos, o no pudieron (o quisieron) detenerlas. En cualquier caso, es evidente que Hezbolá ha actuado con impunidad durante los últimos 18 años.

La tripulación y el personal de la UNIFIL del MV SERENADE evacuan a refugiados de la ciudad de Tiro, Líbano, durante el conflicto entre Israel y el Líbano de 2006. Fuente: Plamen Matanski, Flikr
La tripulación y el personal de la UNIFIL del MV SERENADE evacuan a los refugiados de la ciudad de Tiro, Líbano, durante el conflicto entre Israel y el Líbano de 2006. Fuente: Plamen Matanski, Flikr

El hecho es que UNIFIL tiene varias carencias que le impiden implementar de manera efectiva la resolución 1701:

  • UNIFIL presta asistencia a las fuerzas armadas libanesas, es decir, no es totalmente autónoma. Si durante una “actividad operacional” se encuentra armamento o personal armado se debe informar y esperar a que las fuerzas armadas libanesas se hagan cargo. Teniendo en cuenta que Hezbollah es a fin de cuentas un partido político con representación parlamentaria y presencia en todas las instituciones, incluidas las fuerzas de seguridad, la efectividad de estas operaciones es en el mejor de los casos limitada.
  • En el caso de que UNIFIL decidiese actuar de manera más proactiva e intentase implementar seriamente la resolución 1701 es evidente que Hezbolá opondría resistencia. UNIFIL no tiene ni las tropas, ni los medios, ni las ROE´s (Reglas de enfrentamiento) adecuadas para acometer con éxito la tarea, y habría que preguntarse si los países que contribuyen con tropas a la misión están dispuestos a asumir bajas. Pensemos que las IDF están empleando a día de hoy fuerzas acorazadas, artillería, aviación y al menos 40.000 hombres en sus operaciones en el sur del Líbano, y ya han tenido decenas de muertos y heridos.
  • UNIFIL puede (y lo ha hecho) interponerse entre las IDF y personal libanés cuando se producen transgresiones de la “Blue Line”, sin embargo, son incidentes que implican un número limitado de fuerzas por ambos bandos y en los que los cascos azules ayudan a desescalar la situación. En el caso de que estalle un conflicto a gran escala, como ocurre actualmente, vemos que las tropas de la ONU están seriamente limitadas, no son capaces de evitar los enfrentamientos y sólo les queda la opción de replegarse sobre sus posiciones.
  • La cadena de mando es muy rígida, cualquier cambio relevante en la misión tiene que estar coordinado desde el DPKO (Departamento de Operaciones de Paz) de la ONU en Nueva York, lo que ralentiza el proceso y en muchos casos provoca que se adopten decisiones políticas que no se pueden implementar a nivel táctico. 

Las tropas españolas, permanencia o repliegue

Los despliegues de tropas españolas en cualquier misión en el exterior (no sólo UNIFIL) tienen indudables beneficios, entre otros:

  • Proporcionan recursos adicionales para la realización de ejercicios y maniobras.
  • El personal a todos los niveles gana experiencia en una misión internacional.
  • Se articulan y perfeccionan procedimientos para el despliegue y sostenimiento de contingentes lejos de territorio nacional.
  • Se mejora la coordinación en operaciones con otros ejércitos. 
El Rey de España visitando la base militar española Miguel Cervantes, situada en el Líbano, dentro de la UNIFIL. Fuente: Ejército de Tierra español
El Rey de España visitando la base militar española Miguel de Cervantes, situada en el Líbano, dentro de la UNIFIL. Fuente: Ejército de Tierra español

A nivel político los beneficios que proporciona la presencia española en UNIFIL son más difíciles de cuantificar, aunque debido al número de tropas desplegadas y a que el mando del Sector Este, y de manera periódica también el mando de todo UNIFIL, lo ostente un General español, indudablemente proporciona influencia y prestigio a nuestro país. A pesar de esto hay argumentos de peso a favor del repliegue:

  • Continuar el despliegue en una misión como UNIFIL, que se mantiene de manera indefinida y no puede cumplir con parte de los objetivos encomendados, no parece una decisión demasiado coherente cuando no tenemos actualmente tropas en otras zonas como el Sahel Occidental, de carácter prioritario según la Directiva de Defensa Nacional 2020.[4]
  • Después de que España reconociera a Palestina como estado, la relación de nuestro país con Israel se ha deteriorado, lo que dificulta la posición de España en la región como mediador y de las fuerzas desplegadas.
  • La misión de UNIFIL tiene unas ROE´s muy restrictivas, una libertad de acción limitada y se desarrolla en un contexto particular, por lo que la experiencia adquirida no es trasladable ni a otras operaciones de la ONU ni a operaciones de combate de alta intensidad o de COIN (Operaciones eficaces de contrainsurgencia).

Cabe preguntarse por tanto si merece la pena mantener el despliegue de UNIFIL, y considerar la opción de replegarse totalmente o al menos reducir la aportación española, limitándose por ejemplo a contribuir con personal para el Cuartel General y unidades con capacidades especiales (EOD, UAV, Policía Militar…) que aporten calidad y no cantidad a la misión.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, conversa con el presidente del Parlamento de Líbano, Nabih Berri. Fuente: La Moncloa
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, conversa con el presidente del Parlamento del Líbano, Nabih Berri. Fuente: La Moncloa

Conclusión

Es evidente que, aunque el despliegue de UNIFIL tiene un impacto positivo entre la población del sur del Líbano, no es capaz ni de controlar los flujos de armas en la zona, ni de evitar la presencia de combatientes de Hezbolá. En este contexto y con una resolución 1701 que con datos y evidencias en la mano asigna unas misiones que son imposibles de cumplir, sería conveniente reevaluar nuestra contribución a UNIFIL y emplear esas fuerzas en otras zonas como el Sahel o el África Subsahariana, de mayor importancia para España.


[1] https://news.un.org/es/story/2024/10/1533206

[2] https://unifil.unmissions.org/faqs

[3] https://unifil.unmissions.org/infographics

[4] https://www.defensa.gob.es/Galerias/defensadocs/directiva-defensa-nacional-2020.pdf

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