Introducción

En los últimos años, Colombia ha sido el principal destino de miles de venezolanos que huyeron de la crisis económica y política de su país. Sin embargo, en un giro inesperado, ahora son los colombianos quienes buscan refugio en Venezuela, escapando de la escalada de violencia que azota su nación[1].

El reciente atentado contra Miguel Uribe Turbay[2], precandidato presidencial y figura prominente, no es un hecho aislado, sino un reflejo del conflicto interno que persiste desde los años 60. Grupos guerrilleros, disidencias y bandas criminales mantienen sumido al país en una espiral de violencia que recuerda los peores capítulos de su historia.

Este resurgimiento del terror político y de la inseguridad ha llevado a muchos colombianos a cruzar la frontera, revirtiendo un flujo migratorio que parecía irreversible. Mientras tanto, el gobierno enfrenta críticas por su incapacidad para garantizar la seguridad, en un escenario que amenaza con desestabilizar aún más la región.

El conflicto colombiano: de “La Violencia” a la guerra sin fin

El conflicto armado en Colombia tiene sus raíces en "La Violencia" (1949-1958), una cruenta guerra civil entre liberales y conservadores que dejó un saldo de 200.000 muertos. Con el telón de fondo de la Guerra Fría, este enfrentamiento dio paso al surgimiento de guerrillas marxistas como las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), el Ejército de Liberación Nacional (ELN) y el Movimiento 19 de abril (M-19), que encontraron en Cuba no solo inspiración ideológica sino también apoyo logístico.

Las FARC emergieron como el grupo insurgente más poderoso, construyendo un imperio financiero basado en el narcotráfico y los secuestros. El ELN, con su marcada influencia guevarista, consolidó su presencia en las regiones petroleras, mientras que el M-19 -donde militó el actual presidente Gustavo Petro- pasó a la historia por acciones como la sangrienta Toma del Palacio de Justicia en 1985.

Las cifras del Centro Nacional de Memoria Histórica son contundentes: 260.000 muertos[3], 80.000 desaparecidos y 7 millones de desplazados desde el inicio del conflicto. Aunque hitos como la desmovilización del M-19 (1990), el desarme de las AUC (2005) y el Acuerdo de Paz con las FARC (2016) marcaron momentos de esperanza, la realidad actual es sombría. El ELN y las disidencias de las FARC mantienen viva la llama del conflicto, y los recientes episodios de violencia política en 2025 confirman que la paz sigue siendo una promesa incumplida.

Se conoce como el Bogotazo a una serie de disturbios ocurridos en Bogotá, la capital de Colombia, como consecuencia del magnicidio del líder del Partido Liberal, Jorge Eliécer Gaitán, ocurrido el 9 de abril de 1948.
Se conoce como el Bogotazo a una serie de disturbios ocurridos en Bogotá, la capital de Colombia, como consecuencia del magnicidio del líder del Partido Liberal, Jorge Eliécer Gaitán, ocurrido el 9 de abril de 1948.

Petro y la “Paz Total”: ¿estrategia fallida?

La elección de Gustavo Petro en 2022 como el primer presidente de izquierdas en la historia de Colombia despertó expectativas de una nueva era de paz. Uno de los pilares de su gobierno fue la propuesta de “Paz Total”, que buscaba entablar negociaciones tanto con el ELN como con las disidencias de las FARC. Por su pasado como exguerrillero, muchos creyeron que tendría la sensibilidad necesaria para tender puentes con los grupos armados. Sin embargo, la reciente declaración del estado de excepción[4]  y el atentado contra Uribe Turbay revelan los límites de esa política.

Algunos analistas sostienen que, mientras el gobierno extiende la mano del diálogo, los grupos armados perciben debilidad. Aunque se lograron ceses al fuego temporales, estos fueron incumplidos, y la violencia repuntó en regiones como el Catatumbo. Asimismo, la continuidad de estrategias militaristas heredadas, como el Plan Ayacucho, contradice el discurso de reconciliación. 

A ello se suma el incumplimiento parcial del Acuerdo de Paz de 2016, que profundiza la desconfianza de los actores armados. Así, el Ejecutivo oscila entre gestos pacifistas y respuestas de fuerza, sin una hoja de ruta clara[5]. En conjunto, la crisis evidencia tanto fallas estructurales como errores en la ejecución de una política que prometía más de lo que ha logrado cumplir.

Coca y conflicto: el negocio que alimenta la violencia en Colombia

El narcotráfico sigue siendo el combustible económico de guerrillas y cárteles en Colombia, con la cocaína como protagonista. Una de las políticas más controversiales del gobierno de Petro ha sido la suspensión de la erradicación forzosa de cultivos de coca[6], medida implementada durante el mandato de Iván Duque.

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La toma del Palacio de Justicia fue un asalto terrorista perpetrado en Bogotá el miércoles 6 de noviembre de 1985 por un comando de guerrilleros del Movimiento 19 de abril (M-19) . Los hechos culminaron 28 horas después​ dejando un saldo de 101 muertos,​ entre ellos 11 magistrados. En la foto: Helicóptero de la Policía Nacional de Colombia desembarcando tropas en la terraza del Palacio de Justicia durante la retoma del edificio.

Aunque el objetivo era evitar enfrentamientos entre las fuerzas estatales y los campesinos, la medida ha provocado un aumento exponencial en la producción de la hoja de coca[7]. Paradójicamente, el mismo Estado colombiano ha comprado cosechas de coca en algunas regiones[8], un hecho que los expertos señalan como detonante del recrudecimiento de la violencia.

Mientras tanto, el ELN —única guerrilla activa que nunca se desmovilizó— ha consolidado su control sobre las rutas de narcotráfico hacia Venezuela. Allí opera en alianza con el Cártel de los Soles[9], liderado por el chavista Diosdado Cabello, que distribuye la droga hacia Europa.

El boom cocalero ha reavivado la lucha territorial entre el ELN y las disidencias de las FARC, especialmente en Catatumbo[10], zona fronteriza con Venezuela y epicentro de un nuevo éxodo de colombianos que huyen de la violencia. Las víctimas son, una vez más, los civiles: más de siete millones de desplazados[11] internos reviven los peores años del conflicto. Un ciclo de violencia que, lejos de terminar, parece recargarse.


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