Corea del Sur, un país dividido (Parte 2/2)
Corea del Sur, un país dividido (Parte1/2)
Si en la primera parte de este artículo analizamos los clivajes fundamentales que han definido el panorama político surcoreano, esta segunda parte pretende explorar cómo las dinámicas de personalismo y la politización de las instituciones han exacerbado la polarización social en las últimas décadas.

Personas antes que partidos
El sistema político de Corea del Sur se caracteriza por la constante reconfiguración de sus partidos, que son frecuentemente creados por los candidatos presidenciales con el objetivo de movilizar apoyo de cara a las elecciones nacionales. Al carecer estos partidos de estabilidad temporal y, en consecuencia, de una base social profunda, las preferencias del electorado tienden a centrarse en las características personales de los candidatos.
En este sentido, una encuesta realizada en 2020 por la Comisión Electoral Nacional y Gallup Korea reveló que para el 40,5 % del electorado los principales factores de elección estaban relacionados con los rasgos personales, la integridad moral y las aptitudes del candidato, más que con sus programas políticos.
Tras la democratización, la limitación de la presidencia a un único mandato incentivó el uso de narrativas reformistas contra las élites tradicionales como estrategia de diferenciación y legitimación por parte de los candidatos insurgentes. Esta dinámica comenzó a evidenciarse en 1990, cuando los partidos liderados por Roh Tae-woo, Kim Young-sam y Kim Jong-pil se unieron para formar el Partido Liberal Democrático (PLD), una gran coalición conservadora que aglutinaba a civiles moderados y burócratas militares.
Como respuesta a su exclusión del PLD, el Partido para la Paz y la Democracia, liderado por Kim Dae-jung, y las formaciones sucesoras en las que participó, comenzaron a presentarse como representantes de las fuerzas democráticas frente a la alianza entre las viejas élites militares y los disidentes democráticos. En 1997, Kim Dae-jung logró la presidencia en alianza con Kim Jong-pil, venciendo al sucesor de Kim Young-sam. No obstante, el enfoque del electorado en lograr una "limpieza política" también favoreció a su sucesor, Roh Moo-hyun, quien se benefició de su imagen como abogado defensor de los derechos humanos y, por tanto, ajeno al sistema político tradicional, para alcanzar la victoria en las elecciones presidenciales de 2002.

La elección presidencial directa y la no-concurrencia entre las elecciones presidenciales y las legislativas también han desincentivado la formación de coaliciones amplias, favoreciendo campañas de carácter personalista. En las presidenciales, gana el candidato que obtiene la mayoría simple de los votos a nivel nacional, sin necesidad de alcanzar mayoría absoluta, mientras que en las elecciones parlamentarias, el 84 % de los escaños se elige en distritos uninominales mediante mayoría simple. Esta configuración, unida a la escasa representación de los partidos menores, ha incentivado estrategias centradas en desacreditar la imagen del candidato opositor en lugar de fomentar coaliciones con formaciones afines.
La instrumentalización de las instituciones
En este contexto político, la Fiscalía Suprema ha sido utilizada en repetidas ocasiones como instrumento de poder para investigar y desacreditar a expresidentes, más que como un órgano independiente encargado de garantizar la justicia imparcial. Uno de los órganos judiciales con notable carga política es el Tribunal Constitucional, lo cual se explica en parte por su proceso de designación de magistrados.
La Constitución de 1987 estipula que tres magistrados del Tribunal Constitucional deben ser nombrados por el Presidente, tres por la Asamblea Nacional y tres por el Presidente del propio Tribunal. Además de interpretar la Constitución, dicho Tribunal se pronuncia sobre casos de gran carga política, como los juicios de destitución presidencial, lo que lo convierte en una herramienta susceptible de ser utilizada para respaldar o bloquear agendas políticas.
Un caso paradigmático es el del expresidente Roh Moo-hyun quien, durante su mandato, fundó el Uri Party e instó a sus seguidores a respaldarlo en las elecciones legislativas de 2004 como parte de su estrategia para renovar el sistema político surcoreano. Este nuevo partido debilitó al Millennium Democratic Party (MDP), su antigua formación, que, en alianza con los conservadores, promovió un juicio político contra Roh por considerar que había violado la obligación de imparcialidad presidencial.
No obstante, el Tribunal Constitucional revocó el impeachment y buena parte de la ciudadanía, interpretando el juicio político como un ataque contra un presidente reformista, otorgó al Uri Party la victoria en las elecciones legislativas. Sin embargo, tras la conclusión del mandato de Roh Moo-hyun, su sucesor, Lee Myung-bak (presidente entre 2007 y 2012), utilizó la Oficina del Fiscal Supremo para iniciar una investigación por corrupción contra Roh y su familia. Las acusaciones y el intenso escrutinio público derivaron en el suicidio del expresidente en 2009.
Con el paso de los años, la concentración del poder en la presidencia, la efimeridad de los partidos políticos y, en ocasiones, la falta de un sistema de incentivos para alcanzar consensos con la oposición, han llevado a población surcoreana a recurrir cada vez más a protestas y manifestaciones como canales de representación. Un ejemplo de ello fueron las protestas masivas del "Candelight Movement", por el que millones de personas en todo el país se movilizaron en favor del impeachment a la expresidenta Park Geun-hye.
En 2016, salieron a la luz escándalos que evidenciaron la influencia de los chaebols en la política y la dificultad del gobierno para adoptar reformas destinadas a mantener bajo control o sancionar las prácticas de estas compañías. Así, en 2016, se descubrió que Samsung había proporcionado apoyo financiero a Choi Soon-sil, amiga cercana de Park desde la década de 1970, a cambio de la aprobación gubernamental de la fusión de Samsung C&T y Cheil Industries. Esta operación permitía a Lee Jae-yong, heredero del Grupo Samsung, consolidar el control del conglomerado a pesar de la oposición del fondo de pensiones estatal NPS.
Este escándalo, sumado a la tensa relación entre Park y la Asamblea Nacional tras las elecciones legislativas de 2016, así como su incapacidad para construir consensos -ya fuera por su liderazgo poco inclinado al diálogo o por una oposición reticente a colaborar ante la creciente polarización política-, desembocó en su destitución por medio de un impeachment en 2017. Según el investigador John Nilsson-Wright, las protestas condicionaron la decisión del Tribunal Constitucional de aprobar la destitución de la presidenta. En 2018, Park Geun-hye fue condenada a 24 años de prisión por corrupción, soborno, abuso de poder y coacción, si bien el gobierno le concedió un indulto en 2021
La polarización afectiva
En los últimos años, han ganado importancia clivajes como la brecha generacional - el 70% de personas de más de 65 años respaldó al Partido del Poder Popular en las elecciones presidenciales de 2022 frente al 40% de personas de mediana edad-; la clase social - 7 de cada 10 coreanos perciben que las diferencias entre grupos socioeconómicos son la mayor fuente de conflicto político –; o el género, este último especialmente notable en la población con una edad inferior a los 29 años, situando a Corea del Sur como el país con mayor polarización afectiva de la OCDE en este rango de edad.

Pese al enfoque neoliberal que ha adoptado en la actualidad el conservador Partido del Poder Popular, una buena parte del electorado de avanzada edad mantiene la asociación entre el conservadurismo y el "Milagro del Río Han", alegando que el modelo de desarrollo económico promovido desde el estado fue posible gracias al excepcionalismo autoritario de Park Chung-hee. Este segmento tiende a valorar positivamente aquellos partidos que hacen gala del crecimiento económico, el trabajo y el sacrificio, siendo más insensibles a tendencias autoritarias que permitan conservar la "armonía social" y los "valores tradicionales" neoconfucianistas.
Por otro lado, tanto Moon Jae-in como Lee Jae-myung, líderes más recientes del Partido Democrático, han capitalizado la narrativa en defensa de los Derechos Humanos y las libertades civiles para atraer el voto del segmento poblacional que formó su identidad política durante los movimientos por la democracia, que valoran en mayor medida las políticas centradas en la reducción del trabajo irregular, el incremento del salario mínimo, la reducción de la jornada laboral, la implementación de una reforma fiscal de carácter redistributivo o la inversión en tecnología verde.
La población más joven afronta unas altísimas competitividad educativa y presión social para acceder a un limitado número de empleos estables y bien remunerados. En 2019, tan solo los 64 chaebols de Corea del Sur representaron un 84% del PIB mientras que emplearon a poco más del 10% de la fuerza laboral del país. A la persistencia del modelo económico heredado de la época de gran crecimiento se suma el creciente coste de vida, particularmente en lo relativo al precio de la vivienda, lo que dificulta que las generaciones jóvenes mantengan las expectativas de bienestar alcanzadas por las generaciones anteriores.
El incremento impositivo sobre la propiedad implementado por la administración de Moon Jae-in, quien asumió el cargo de presidente en mayo de 2017 con una plataforma progresista y un enfoque en consolidar la democracia participativa, fue insuficiente para evitar un incremento del 58% en los precios de la vivienda en las grandes ciudades. A su vez, los escándalos de especulación inmobiliaria que envolvieron a este gobierno acentuaron el escepticismo de la población más joven sobre la voluntad y capacidad de "las élites" para abordar y resolver sus problemas estructurales.
La frustración económica ha tenido un impacto directo en la participación política de los jóvenes de entre 18 y 29 años, quienes representan aproximadamente una quinta parte del electorado. Por un lado, cerca del 50% de las personas de este grupo de edad no apoya a ningún partido político específico mientras que, por otro, el descontento ha convertido a la política en un terreno más vulnerable a líderes populistas y ha generado mayor tolerancia hacia prácticas como los ataques personales o las promesas de revancha política.

Así, figuras como Lee Jae-myung han acusado a Yoon Suk-yeol de dirigir una "dictadura de los fiscales", mientras que Moon Jae-in promovió la sustitución de figuras conservadoras en puestos clave del aparato estatal o calificó de "fuerzas pro-japonesas" a quienes cuestionaron su postura sobre las disputas históricas con el país nipón. Por su parte, miembros del Partido del Poder Popular etiquetan constantemente a la oposición de "criminal" y figuras como Park Geun-hye denominaron a los opositores "comunistas pro-norcoreanos". Con motivo de la creciente polarización, han sido habituales las protestas de evangelistas y personas de avanzada edad en apoyo al PPP frente a manifestaciones impulsadas por activistas progresistas, particularmente por mujeres jóvenes.
Con relación a este último punto, parte del mérito de la victoria de Yoon Suk-yeol en las elecciones presidenciales de 2022 se atribuye al éxito de la capacidad de movilización de los hombres jóvenes contra las políticas feministas aprobadas por el gobierno de Moon Jae-in, consideradas discriminatorias y ajenas a la realidad de su generación. En estos comicios, un 58,7% de hombres de entre 18 y 29 años apoyaron al candidato del PPP frente a un 33,8% de las mujeres del mismo rango de edad.
La polarización con motivo del feminismo llegó a tal punto que, en 2021, la revista Sisa IN reveló que aproximadamente dos de cada tres hombres de 20 años no aceptaban a las feministas como vecinas, amigas o familiares. El otro extremo de la reacción cultural lo componían reivindicaciones feministas extremas popularizadas en redes sociales entre las que destacó el "Movimiento 4B", cuyas defensoras rechazaban tener citas, hijos, casarse o mantener relaciones sexuales con hombres. En estos casos, el rechazo a una u otra narrativa también tiende a derivar, por inercia, en el apoyo a políticas simbólicas de los partidos en otros ámbitos.
Sin embargo, la división afectiva afecta en mayor medida a los seguidores de cada partido que a la población general. En este sentido, un estudio elaborado por el Instituto Económico Coreano con datos de encuestas realizadas entre 2004 y 2020 reveló que la polarización en Corea tiene un componente más afectivo que ideológico ya que existe un consenso generalizado en torno a materias como la necesidad de incrementos impositivos a las clases altas.

Conclusión
En un lapso de apenas dos generaciones, Corea del Sur ha experimentado un crecimiento económico vertiginoso, logrando convertirse en la decimosegunda economía del planeta. Sin embargo, esta rápida transformación ha dado lugar a una sociedad marcada por profundas diferencias en lo que a valores o a expectativas vitales se refiere. La brecha generacional es un claro reflejo de esta división pues, mientras los jóvenes se perciben como individuos que valoran el bienestar y el consumo, las generaciones mayores tienden a valorar en mayor medida la cohesión social o el trabajo.
La población surcoreana, particularmente la generación más joven, enfrenta una altísima competitividad laboral, un incremento sostenido del coste de vida y unas tasas de crecimiento económico más débiles que dificultan la consecución de la estabilidad y movilidad social de las que, hace tan solo unas décadas, disfrutaron sus padres y abuelos. En este sentido, la frustración ante la incapacidad de un sistema político que incentiva la confrontación entre candidatos y que es vulnerable a la influencia de los grandes conglomerados empresariales para abordar estas cuestiones no ha hecho más que exacerbar las divisiones mencionadas a lo largo del artículo.
Pese a la aparente sensación de unidad que siguió a la declaración de la ley marcial, las encuestas más recientes revelan la persistencia de las profundas fracturas sociales, al apoyar un 50% de la población un cambio de gobierno frente a un 44% que defendería su continuidad. Así, Corea del Sur se enfrenta con incertidumbre al futuro. Será el transcurso de los próximos años el que determine si las nuevas administraciones serán capaces de abordar los dilemas estructurales que aquejan al país, tales como el poder de los chaebols o la crisis de natalidad, o la respuesta interna ante desafíos exteriores como, por ejemplo, posibles presiones de la administración Trump para fomentar un mayor alineamiento de Seúl con los intereses y políticas estadounidenses.