De Benedicto XVI a Francisco: ¿un giro en la política exterior papal?
Desde mediados del siglo XIX se han ido configurando dos partidos políticos enfrentados en el seno del Colegio Cardenalicio: el conservador y el progresista. El origen de esta división se halla en el debate decimonónico relativo a la confesionalidad del Estado tanto en Norteamérica como en varios países europeos. Mientras la respuesta entre el clero europeo fue la forja de un espíritu conservador, que se aferraba a la tradición y rechazaba cualquier cambio en materia social, los prelados de Estados Unidos abrazaron los planteamientos liberales que se encontraban en las mismas raíces de la Constitución estadounidense, entendiendo como natural la división entre Iglesia y Estado.

Así pues, el número de cardenales progresistas en el Sacro Colegio fue aumentando paulatinamente hasta que en el cónclave de 1958 se igualaron las fuerzas entre ambos partidos. Tras once votaciones, resultó elegido el primer papa progresista, Juan XXIII. Desde entonces, progresistas y conservadores se han ido turnando en la Cátedra de Pedro, como si de una suerte de bipartidismo se tratase. Tras la muerte de Juan XXIII en 1962, ha habido otros dos papas progresistas: Juan Pablo I (1978) y Francisco (2013-2025). Sin embargo, la mayor parte del tiempo la Iglesia ha estado gobernada por papas conservadores: Pablo VI (1963-1978), Juan Pablo II (1978-2005) y Benedicto XVI (2005-2013).
Estas diferencias ideológicas inducen la cuestión de si el partido al que se adscribe cada papa influye en la planificación y desarrollo de la política exterior de la Santa Sede. Así pues, a lo largo de las siguientes líneas se analizará la política exterior de Benedicto XVI, del ala conservadora, y de Francisco, del ala progresista, en tres áreas geográficas diferentes a fin de esclarecer la relación entre las decisiones y acciones de la Santa Sede en el plano internacional y la voluntad ideológica de los sumos pontífices.
El Mediterráneo oriental: conflicto palestino-israelí
El primer contacto directo entre Benedicto XVI y el conflicto palestino-israelí tuvo lugar en mayo de 2009, cuando el papa visitó Tierra Santa. El viaje tenía como objetivo principal apoyar a las comunidades cristianas presentes en Israel, Jordania y Palestina. Sin embargo, tanto israelíes como palestinos esperaban que Ratzinger se pronunciase en favor de sus aspiraciones políticas.
En este ambiente, y tras insinuarlo días antes, el 15 de mayo de 2009 Benedicto XVI defendió por primera vez una propuesta de resolución para el conflicto: “Dejad que la solución de dos Estados se convierta en una realidad y no siga siendo un sueño”. Asimismo, señaló, como ya habían hecho sus antecesores, la necesidad de que Jerusalén fuese una ciudad con estatus internacional en la que conviviesen las tres religiones monoteístas. Estas declaraciones tuvieron gran trascendencia, ya que nunca antes un papa había defendido de manera palmaria la fórmula de los dos Estados como arreglo al conflicto palestino-israelí.
No obstante, a pesar de abogar por la fórmula de los dos Estados y apoyar dialécticamente a Palestina como Estado soberano, Benedicto XVI no reconoció en ningún momento al Estado palestino. Esta labor corresponderá a su sucesor, el papa Francisco.
En mayo de 2014, Francisco repitió el viaje que Benedicto XVI había realizado cinco años antes. En esta ocasión, el papa volvió a pedir la solución de los dos Estado, por lo que se observa una línea continuista con respecto a su predecesor en la política exterior relativa al conflicto palestino-israelí.
Unos días después de la visita a Tierra Santa, Francisco escenificó su voluntad de poner fin al conflicto mediante una oración conjunta con Shimon Pérez y Mahmud Abbas en la Ciudad del Vaticano. No obstante, el discurso del papa no coincidía con la realidad jurídica, pues la Santa Sede reconocía al Estado de Israel, pero no al de Palestina. Esta contradicción se solucionó el 26 de junio de 2015, cuando la Santa Sede reconoció la estatalidad soberana de Palestina a través de un Acuerdo Global. Dicho tratado entró en vigor el 2 de enero de 2016. Así, el Estado de Israel y el Estado de Palestina se igualaban jurídicamente ante los ojos de la Santa Sede.
En sucesivas intervenciones, Francisco reiterará su voluntad de que coexistan de manera pacífica y respetuosa ambos Estados. Sin embargo, la sucesión de hechos a raíz de los ataques del 7 de octubre hará que los discursos y acciones del papa profundicen en determinadas facetas de la cuestión palestino-israelí. Así pues, el día siguiente a los atentados y el comienzo de la invasión, Francisco condenó cualquier acto violento, tanto de terrorismo como de guerra. Posteriormente, el papa criticará seriamente los ataques israelíes contra la infraestructura civil de Gaza e, incluso, pedirá a la Comunidad Internacional que investigue si Israel estaba incurriendo en un crimen de genocidio.

Así pues, se deduce que Francisco ha continuado la línea de pensamiento de Benedicto XVI en su política exterior respecto del conflicto palestino-israelí. Sin embargo, auspiciado en gran medida por el devenir de los hechos en este ámbito, ha profundizado más que su antecesor en las acciones encaminadas a hacer efectivos esos postulados. De esta manera, se intuye que Ratzinger era un teórico y Bergoglio un realizador.
América: Estados Unidos y Cuba
Benedicto XVI desarrolló una verdadera mediación diplomática entre Estados Unidos y Cuba a fin de acabar con el embargo estadounidense de la isla y garantizar los derechos humanos de los cubanos. Esta voluntad de conciliación cristalizará en la visita de Ratzinger a la isla en el año 2012. Sin embargo, el desarrollo de la acción diplomática no fue sencillo debido a las presiones de la Administración Obama para que el papa apoyase los planteamientos estadounidenses.
Ratzinger no cedió y criticó ciertas posturas de ambos países a fin de que las rectificaran con el objetivo último de lograr un acercamiento pacífico y basado en el diálogo. Así pues, Benedicto XVI señaló la cerrazón ideológica del régimen castrista y la obsolescencia del modelo socialista, el cual debía ser abandonado para garantizar el bienestar del pueblo cubano. Pero también se mostró contrario al embargo comercial mantenido por Estados Unidos, pues, a su entender, afectaba directamente a la población cubana, pero no a sus líderes, por lo que no tenía razón de ser. De esta manera, Benedicto XVI pone en la misma posición a los dos países, autorizando a la figura del papa a mediar entre ambos.
La acción diplomática de la Santa Sede logró entre 2010 y 2011 la liberación de decenas de presos políticos. Además, Benedicto XVI durante su pontificado se reunió con Fidel y Raúl Castro y con los presidentes estadounidenses Bush y Obama. En estos encuentros trató el conflicto entre Estados Unidos y Cuba e intentó acercar las posturas, siendo reconocido oficialmente como partícipe en las relaciones diplomáticas entre ambos países por Barack Obama.

Francisco, quien visitó la isla en 2015 y, fugazmente, en 2016, tomó el relevo de Benedicto XVI en la mediación entre Estados Unidos y Cuba, aunque profundizando mucho más. Una de las primeras medidas de Bergoglio a este respecto fue enviar dos cartas de manera secreta, una a Raúl Castro y otra a Barack Obama, para exhortarles a que se reuniesen a fin de avanzar en la resolución el conflicto entre Estados Unidos y Cuba. Esta acción llevó a que se organizase una agenda de negociaciones en la que estaban involucrados los tres actores (Estados Unidos, Cuba y Santa Sede) y que tenía por objetivo establecer las bases para la normalización de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba.
Tras 18 meses de negociaciones, en octubre de 2014, la Santa Sede organizó una reunión entre los representantes diplomáticos cubanos y estadounidenses en la que se alcanzó un acuerdo final, el cual fue anunciado por los presidentes de ambos países en diciembre. Dicho acuerdo establecía la normalización de las relaciones diplomáticas plenas y un intercambio de prisioneros. Asimismo, Estados Unidos expresó su voluntad de reducir el embargo comercial en algunos sectores y ambos países se comprometieron a adoptar medidas unilaterales para facilitar el acercamiento entre Cuba y Estados Unidos.
De esta manera, se vuelve a poner de manifiesto que la acción exterior de la Santa Sede no cambia de forma brusca del papado de Benedicto XVI al de Francisco. Más bien ocurre lo contrario, Bergoglio adopta la línea de actuación exterior definida por Ratzinger, en este caso el acercamiento entre Cuba y Estados Unidos para acabar con el conflicto que mantienen por más de sesenta y cinco años, y profundiza en ella hasta alcanzar hitos tan significativos como el anteriormente descrito.

Asia Oriental: China
Tras más cincuenta años sin relaciones entre la Santa Sede y China, Benedicto XVI inició una política de acercamiento en 2007, la cual definirá en la Carta a los obispos, presbíteros, a las personas consagradas y a los fieles laicos de la Iglesia Católica en la República Popular China. En virtud de esta nueva política exterior, la Santa Sede instauró un diálogo con Pekín.
No obstante, a pesar de este acercamiento, la Santa Sede se seguía encontrando con dos problemas de difícil solución para establecer relaciones diplomáticas. El primero consiste en que Pekín, de acuerdo con su política de “Una sola China”, se niega a establecer relaciones diplomáticas con aquellos países que reconozcan a la República de China (Taiwán), postura que la Santa Sede mantiene desde el año 1942. Y el segundo es que el gobierno chino exige a la Santa Sede abstenerse de intervenir en los asuntos internos de China. Aunque se produjeron avances, el pontificado de Benedicto XVI acabó sin que se hubiese alcanzado ningún acuerdo respecto a estos dos problemas.
Francisco heredará la voluntad de acercamiento a China y seguirá las mismas líneas de acción que su predecesor. En esta nueva etapa, cobrará gran protagonismo Pietro Parolin, secretario de Estado de la Santa Sede, quien, tras sucesivas reuniones en el Vaticano y Pekín, alcanzó un acuerdo con el gobierno chino en el año 2018. Dicho acuerdo, de dos años de duración, establecía el reconocimiento del papa como jefe de la Iglesia católica y definía la fórmula de nombramientos de los obispos en territorio chino, de tal manera que se respetaba la autoridad del papa al tiempo que el gobierno chino podía supervisar quiénes conformaban la jerarquía eclesiástica en su país.

El éxito de la fórmula empleada desde 2018 y los avances en las conversaciones entre China y la Santa Sede han logrado tres prórrogas del Acuerdo Provisional en 2020, 2022 y 2024. Actualmente, se encuentra en vigor hasta el año 2028. Asimismo, Francisco avanzó en las negociaciones para abandonar el reconocimiento de Taiwán y establecer una nunciatura en Pekín, sin llegar a su conclusión antes de su fallecimiento.
Una vez más, se evidencia que Benedicto XVI teoriza y Francisco actúa, pero ambos en la misma dirección. Ratzinger define la política exterior que se debe desarrollar en relación con China y Bergoglio la desarrolla.
Zapatos rojos y zapatos negros
Benedicto XVI y Francisco representan las dos facetas del sacerdote y así lo plasman en su política exterior. Ratzinger fue un teólogo de reconocido prestigio a nivel mundial, un teórico, lo cual se vio reflejado en su comportamiento internacional. Mientras que Bergoglio es la clara encarnación del pastor, un hombre de acción, por lo que su política exterior ha buscado profundizar en las líneas de actuación definidas por Benedicto XVI.

Así pues, aunque ambos pontífices han dejado la impronta de su carácter en la política exterior de la Santa Sede, han actuado en la misma dirección. De ello se deduce que la filiación al partido conservador o progresista de estos papas no hace que cambie la actuación internacional de la Santa Sede, mostrando una continuidad entre pontífices de distinto signo ideológico. Pues, aunque Benedicto XVI siempre portó zapatos rojos, símbolo de tradición y poder, y Francisco ha calzado los mismos zapatos negros que le han acompañado desde que era seminarista, lo cierto es que, en el momento de su entierro, Joseph Ratzinger vestía el mismo color de zapatos que Jorge Mario Bergoglio.