Defensa, religión y logística: la receta de Marruecos para el Sahel
En la turbulenta región del Sahel, la frágil arquitectura de seguridad ha permitido que nuevos actores capitalicen el vacío dejado por las potencias occidentales, especialmente Francia. Aunque países como Rusia, China o Turquía han intentado ocupar esa cuota de mercado mediante alianzas estratégicas, el suministro de armas o la capacitación técnica, no debe subestimarse el papel de un actor más discreto, pero no menos ambicioso, que comienza a posicionarse con determinación. Estamos hablando aquí de Marruecos, que, sin hacer demasiado ruido, busca consolidarse como un referente regional en seguridad y cooperación.
Tradicionalmente más centrado en el contraterrorismo interno y en la diplomacia vinculada al Sáhara Occidental, Rabat ha ido configurando de forma gradual un giro estratégico deliberado. En los últimos cinco años, Marruecos ha pasado de ser un observador periférico en el Sahel a convertirse en un eje central dentro de los nuevos marcos de seguridad regional. Su estrategia combina elementos de poder blando y duro, articulando un enfoque que abarca consolidación diplomática, integración económica y cooperación militar selectiva.
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