La pantalla del mostrador de vuelos parpadeaba cada pocos segundos con una única palabra: cancelado. A su lado, un hombre negaba con la cabeza, incrédulo. No era un fallo técnico ni una tormenta pasajera. Era el eco visible de un conflicto que, a miles de kilómetros, comenzaba a hacer caer las fichas de un dominó global. 

Un camión cisterna de Shell repostando un avión de Ryanair en el aeropuerto de Eindhoven. Foto: Reuters
Un camión cisterna de Shell repostando un avión de Ryanair en el aeropuerto de Eindhoven. Fuente: Reuters

Escasez en Europa

La guerra en Irán ha puesto en jaque el suministro de combustible de aviación y de diésel. El precio del queroseno en Europa se ha más que duplicado desde el inicio del conflicto, obligando a las aerolíneas a cancelar rutas y a retirar aviones antiguos de su flota antes de lo previsto. 

La aerolínea alemana Lufthansa anunció que eliminará 20.000 vuelos en los próximos seis meses para ahorrar combustible. Por su parte, la compañía neerlandesa KLM indicó que cancelará 160 vuelos en rutas de alta frecuencia, como Londres y Düsseldorf, en Alemania.

El comisario europeo de Transportes, Apostolos Tzitzikostas, reconoció que la Unión Europea podría verse obligada a abandonar el sistema actual, basado en la coordinación voluntaria de las reservas de combustible, y transitar hacia un modelo obligatorio en el que los Estados miembros compartan las cargas si la escasez se agrava.

Asimismo, señaló que cualquier liberación de reservas deberá realizarse con plena transparencia, a fin de evitar tensiones adicionales en unos mercados ya de por sí inestables.

Apostolos Tzitzikostas, comisario de Transporte de la UE. Foto: Anadolu
Apostolos Tzitzikostas, comisario de Transporte de la UE. Fuente: Anadolu

Al mismo tiempo, la portavoz de Energía de la Comisión Europea, Anna-Kaisa Itkonen, subrayó que en el corto plazo podrían aparecer problemas de abastecimiento de queroseno, lo que ha llevado a Bruselas a convocar reuniones semanales de coordinación para seguir de cerca la disponibilidad de combustible y la tensión de los mercados en todo el bloque. 

Europa importa aproximadamente la mitad de su combustible de aviación del Golfo Pérsico, lo que deja a aeropuertos y aerolíneas especialmente expuestos. Todo esto se ve agravado por el hecho de que el continente sigue adaptándose a un escenario energético sin Rusia. 

Tras reducir su dependencia de los hidrocarburos rusos, muchos países europeos pasaron a apoyarse con mayor intensidad en los mercados globales de petróleo y gas natural licuado transportados por mar. Aunque esa diversificación reforzó la seguridad política, aumentó su exposición a la volatilidad de los precios.

La presidenta del Banco Central Europeo, Christine Lagarde, describió el estrecho de Ormuz como «el corredor energético más importante del mundo» y enmarcó el conflicto como un nuevo episodio dentro de una serie de shocks externos que han hecho saltar por los aires viejas certezas europeas sobre la energía barata y un comercio previsible. 

Escasez en Asia

Asia, por su parte, afronta una exposición distinta, aunque en algunos aspectos más severa, debido a su mayor dependencia de los envíos procedentes del Golfo. Las compañías de la región han pasado a operar en modo contingencia. El vicepresidente de Korean Air, Woo Kee-hong, advirtió a la plantilla de que el coste real del combustible de aviación había superado con creces las previsiones presupuestarias, poniendo en riesgo la rentabilidad anual y obligando a la compañía a recortar gastos. 

Más allá del sector aéreo, las consecuencias ya han empezado a extenderse por el sector agrícola y alimentario. Los agricultores arroceros del sudeste asiático han tratado de hacer frente al encarecimiento del diésel y los fertilizantes. En países como Filipinas, Camboya o Tailandia, la escasez de combustible ha dejado de ser un riesgo macroeconómico abstracto para convertirse en un problema de a pie, reduciendo las cosechas y aumentando la probabilidad de inflación en los precios de los alimentos. 

Para grandes importadores como China e India, las reservas estratégicas de petróleo pueden amortiguar el primer golpe, pero una inestabilidad prolongada amenaza todo el sistema. 

Largas colas en una gasolinera en Vietnam. Foto: Reuters
Largas colas en una gasolinera en Vietnam. Fuente: Reuters

Consecuencias de la escasez

Las primas del transporte marítimo para los buques que entran en el Golfo Pérsico han aumentado conforme las aseguradoras incorporan el riesgo de ataques con misiles e incautaciones. Las refinerías, tanto en Europa como en Asia, están ajustando su producción dada la incertidumbre con respecto a la llegada de futuros cargamentos. Varios gobiernos asiáticos han tenido que recurrir más de lo previsto a sus reservas fiscales para subvencionar el consumo interno de combustible. 

El aumento de los costes del transporte acaba repercutiendo en el precio de los bienes manufacturados. Un dólar más fuerte puede encarecer todavía más el combustible importado para economías emergentes cuyas divisas tienden a debilitarse durante las crisis geopolíticas. Las aerolíneas trasladan el incremento de costes al precio de los billetes. La escasez de fertilizantes termina empujando al alza el precio de los alimentos. 

La Unión Europea proporcionará a las aerolíneas orientación en materia de gestión de slots aeroportuarios, derechos de los pasajeros u obligaciones de servicio público en caso de escasez de combustible. Según un informe de J.P. Morgan, el suministro está garantizado hasta mediados o finales de mayo. Sin embargo, si persiste esta tendencia es probable que tengan lugar recortes de capacidad en verano a partir de junio. 

Viajar puede convertirse en toda una odisea este verano. No deje la compra de sus billetes para mañana: su ruta podría estar en peligro.

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