
El auge de los reclamos en plataformas continentales: nueva era geopolítica
La plataforma continental es la prolongación submarina de lo que, en términos geológicos, conforma la corteza continental. Desde un punto de vista legal internacional, su tenencia queda regulada por la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar (CONVEMAR), donde se establece que los Estados costeros pueden tener derecho a extender su jurisdicción más allá de las 200 millas náuticas de su zona económica exclusiva (ZEE) si demuestran científicamente que estas plataformas continentales se prolongan más allá de dicho límite.
Aunque esta ampliación pudiera alcanzar, potencialmente, las 350 millas náuticas, el proceso de adquisición no es automático, ya que para sostener una solicitud de este tipo se requiere que los peticionarios aporten pruebas técnicas detalladas a la Comisión de Límites de la Plataforma Continental de las Naciones Unidas.

En los últimos años, se ha observado un auge significativo en los reclamos de plataformas continentales por parte de los Estados. Este hecho se explica, fundamentalmente, debido a que, en términos generales, esta porción oceánica representa un modo relativamente factible de consecución de ampliación soberana, sobre todo porque las eventuales controversias sobre los límites de ZEE tienden a ser de vecindad y, en consecuencia, no suelen afectar sus límites externos —hacia la alta mar—.
A ello habría que añadir los beneficios que se desprenden de su tenencia, ya que la CONVEMAR otorga a los Estados derechos de aprovechamiento sobre los recursos del suelo y subsuelo marino, como petróleo, gas natural y minerales estratégicos —aunque no sobre la mayoría de los recursos vivos ni sobre la columna de agua que se proyecta desde el lecho—[1]. Así, mientras la ZEE se centra en actividades como la pesca y la explotación energética, la plataforma continental extendida se convierte en un ámbito estratégico para la extracción de recursos minerales y energéticos de alta demanda en el contexto actual.
Por estos motivos, no debe extrañar que algunos Estados hayan invertido décadas en investigaciones científicas para sustentar sus reclamaciones, conscientes de las amplias implicaciones económicas y geopolíticas que supone la tenencia de estas plataformas. Un caso paradigmático es el de Portugal, que ha desarrollado un plan estratégico de largo alcance que busca un mayor rédito de los recursos marítimos y la consolidación de todo un espacio soberano oceánico que, de alguna manera, integra las tres ZEE sobre las que ostenta titularidad: la del mainland y las correspondientes a Azores y Madeira.
Aunque el país luso no es pionero en este tipo de reclamos, sí se enarbola como un caso exitoso de planificación, sobre todo si se tiene en cuenta el beneficio potencial de esta empresa y el propio tamaño de este Estado. No obstante, existen otros tres ejemplos que, por su importancia, resulta oportuno enumerar, ya que, en términos absolutos, implican potenciales adhesiones soberanas aún mayores.

El más llamativo es Estados Unidos, que manifiesta tener derecho a extensiones de plataforma continentales que superan el millón y medio de kilómetros cuadrados sumados en distintas zonas: el Ártico y proximidades al Estrecho de Bering, la fachada Atlántica, dos secciones en el Golfo de México, otra más en la fachada Pacífica, y una última cercana a las Islas Marianas del Norte[2]. Puesta en perspectiva, esta expansión representaría su mayor ampliación soberana desde la compra de Alaska en 1867, aunque es probable que incluso pudiera superar a dicha adquisición en términos económicos.
En las inmediaciones del Ártico, por ejemplo —y dejando las cuestiones ambientales al margen— se estima que podrían existir vastos depósitos de petróleo y gas; mientras que las áreas correspondientes al Atlántico y Pacífico Norte son ricas en recursos minerales. Sin embargo, cabe apuntar que este “reclamo” en realidad es más bien una declaración unilateral, ya que, cabe recordar, Estados Unidos todavía no ha firmado la CONVEMAR.
Otro reclamo de envergadura lo está cursando India, que lleva más de dos décadas delineando los límites de su plataforma en el Mar Arábigo, la Bahía de Bengala y las áreas occidentales de las Islas Andamán y Nicobar. En 2009, presentó su primera reclamación parcial ante la CLPC, buscando sumar unos 850.000 kilómetros cuadrados adicionales en los que espera poder explotar recursos estratégicos —como petróleo, gas y minerales—[3].
A pesar de que determinados sectores de esta potencial ampliación han sido contestados por algunos Estados de la región, cabe plantear que, habida cuenta de la importancia del Índico, el control y presencia de India en esta región se estima como un elemento clave en términos estratégicos y securitarios. Tan solo atendiendo a la posición geográfica del aludido archipiélago, justo en el extremo noroccidental del Estrecho de Malaca —cuello de botella por antonomasia, del comercio internacional—, se puede pronosticar que el previsible aumento de la presencia india en estas aguas será un elemento clave en la geopolítica de esta región.

El último al que cabría aludir es el de Argentina, que en 2016 recibió la aprobación de la CLPC para ampliar su plataforma continental en el Atlántico Sur en dos sectores: al este del litoral bonaerense-patagónico desde Uruguay hasta el noreste de las Islas Malvinas, y otro relativamente pequeño al sur de Tierra de Fuego[4]. Este apunte resulta relevante, dado que Buenos Aires sometió peticiones aún mayores que, teóricamente, hubieran totalizado 1.7 millones de kilómetros cuadrados de extensión oceánica.
No obstante, dado que los restantes sectores involucran controversias de cierto calado —sobre las Malvinas, las Islas Georgias del Sur y Antártida—, la Comisión se ha inhibido de examinar dichas peticiones[5]. De cualquier modo, resulta imprescindible comentar que la extensión efectivamente otorgada no resulta desdeñable, ya que amplía la soberanía argentina en unos 340.000 kilómetros cuadrados[6] en zonas que pueden albergar importantes depósitos de hidrocarburos.
En definitiva, la posibilidad de ampliación de la soberanía más allá de las 200 millas náuticas, como lo regula la CONVEMAR, se ha convertido, para muchos Estados, en una oportunidad para asegurar ventajas económicas y estratégicas frente a un escenario global que demanda cada vez más recursos minerales y energéticos. Esto, además, subraya cómo los océanos se perfilan cada vez más como epicentro de la competencia por los recursos, todo ello a pesar de que las asimetrías tecnológicas presentan una barrera importante a la consecución de estos reclamos. No hay que olvidar que la obtención efectiva de estas plataformas continentales requiere de un delicado equilibrio entre el cumplimiento de criterios técnicos y de una cuidada planificación a largo plazo, que considere aspectos como posibles negociaciones bilaterales con otros Estados o el despliegue de una diplomacia efectiva enfocada en la consecución de estos objetivos.
[1] Esto contrasta con la zona económica exclusiva, donde los Estados tienen derechos tanto sobre los recursos vivos como sobre los no vivos en el agua, el lecho marino y el subsuelo.
[2] US Department of State [web]. U.S. Extended Continental Shelf. https://www.state.gov/continental-shelf/
[3] India (2009). The India Continental Shelf. Partial submission to the Commission on the Limits of the Continental Shelf, pursuant to article 76, paragraph 8 of the UN Convention on the Law of the Sea.
https://www.un.org/depts/los/clcs_new/submissions_files/ind48_09/ind2009executive_summary.pdf
[4] CLPC (2016). Summary of Recommendations of the Commission on the Limits of the Continental Shelf in Regard to the Submission made by Argentina on April 21st, 2009.
https://www.un.org/Depts/los/clcs_new/submissions_files/arg25_09/2016_03_11_COM_SUMREC_ARG.pdf
[5] Marzocchi, V. A. (2016). Plataforma Continental Argentina: El reciente dictamen de la CLPC de la ONU sobre el talud de la Plataforma Continental Argentina. Fundación Marambío, pp. 6 y 7.
https://www.marambio.aq/pdf/informefinalplataformacontinental.pdf
[6] Fundación Nuestro Mar (2016). Plataforma Continental: entre la celebración legítima y el efectismo innecesario. https://www.nuestromar.org/antiguas/plataforma-continental-entre-la-celebracion-legitima-y-el-efectismo-innecesario-2/