En el marco de la Unión Europea conviven multitud de instituciones, organizaciones y programas que, en ocasiones, pueden ser difíciles de identificar. Por ello es importante seleccionar bien el nombre, lo que facilita al ciudadano medio entender qué institución hace qué, ayudándole a imbuirse en el funcionamiento del sistema y, hasta cierto punto, la identificación con el mismo. 

Sin embargo, existen algunos casos donde la sopa de siglas es tan compleja o el nombre de las iniciativas es tan rimbombante y tiene tan poco que ver con su actividad real que se acaba volviendo confuso identificar cuál es cada organización. El mayor y más doloroso ejemplo de esto lo encontramos en tres instituciones que, en aras de la confusión global, tienen un nombre similar. El Consejo Europeo, el Consejo de la Unión Europea y el Consejo de Europa. 

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