El discurso antiinmigración y antiguerra triunfa en Alemania del Este
La extrema derecha ha conseguido su mayor éxito electoral en Alemania desde la Segunda Guerra Mundial. En las elecciones regionales de Sajonia y Turingia, que pertenecen al este del país germano y antes formaban parte de la República Democrática Alemana afín a la Unión Soviética, el partido AfD (Alternativa por Alemania) ha conseguido ser segunda y primera fuerza respectivamente.
Las de Turingia son las primeras elecciones regionales en las que vence AfD desde su fundación en 2013. Además de la victoria, el otro gran titular de la noche es el colapso de Die Linke, que contrasta con el éxito electoral de la escisión liderada por Sarah Wagenknecht (BSW). Este partido de izquierdas antiinmigración ha conseguido ser tercera fuerza en ambos estados, en lo que constituye una reconfiguración del sistema de partidos en el este alemán.
Los vencedores

Alternativa por Alemania ha logrado consolidarse como la fuerza líder en Turingia y la segunda fuerza de Sajonia (a poco menos de un punto de la CDU) en una muestra de su gran implantación en el este de Alemania. Su discurso centrado en la inmigración ha sabido encontrar apoyos entre un electorado en el que la falta de oportunidades es rampante y que desde la reunificación tras la caída del Muro de Berlín siente que ha pasado a un segundo plano.
La coalición de Sarah Wagenknecht también logra firmar unos resultados espectaculares consiguiendo ser tercera fuerza en ambas regiones. El partido se fundó el pasado enero y es una escisión de Die Linke (La Izquierda) el heredero del partido único de la RDA. Ideológicamente es un partido mayoritariamente de izquierdas con un fuerte discurso antiinmigración. Los recientes ataques terroristas sufridos en Alemania, especialmente el de Solingen, dónde un ciudadano sirio que debía haber sido deportado asesinó a tres personas tras apuñalarlas, contribuyeron a reforzar el discurso antimigratorio de ambos partidos.

A pesar de ser unas elecciones regionales, la guerra de Ucrania ha sido uno de los temas centrales en la campaña. Tanto AfD como BSW proponen acabar con el envío de armas a Kiev, eliminar las sanciones a Rusia y retomar los vínculos energéticos con Moscú. Buena parte de la competitividad económica de Alemania se basaba en la importación de energía barata de Rusia. Esta energía a precios competitivos permitía a Alemania mantener su estatus de potencia exportadora pero, con el estallido de la guerra en Ucrania y la imposición de sanciones, el grifo energético ruso se cerró.
Esta realidad era especialmente cierta en el este de Alemania. La enorme desigualdad entre las dos Alemanias hacía que la economía del este fuera significativamente más débil, por lo que esta pérdida de competitividad impacta decisivamente en las empresas del este, que ya venían de un punto de partida más endeble. Esta es la idea fundamental respecto a Ucrania de ambos partidos, la de que las sanciones están perjudicando a la economía alemana y que, por defender los intereses políticos y geoestratégicos de Estados Unidos y la Unión Europea, están viendo como sus empresas cierran y el coste de la vida aumenta. Así pues, la solución que proponen es clara, terminar el apoyo a Ucrania y retomar los esfuerzos diplomáticos con Rusia que permitan reestablecer sus vínculos energéticos.
Son estos dos factores, la dureza con la inmigración y su posición respecto a Ucrania, los que han resonado especialmente con un electorado del este que desde hace mucho tiempo está ya cansado de la política del oeste. Perciben que el oeste siempre les acaba dejando de lado y que la reunificación provocó la pérdida de un bienestar que no se ha recuperado, por lo que son más proclives a votar opciones de protesta.
Ahora tocará la tarea de formar gobierno en ambas regiones. Todos los partidos han prometido mantener el cordón sanitario para evitar que AfD se haga con el poder, que no puede gobernar por sí misma, por lo que su presidencia está descartada. Sin embargo, la aritmética es complicada, especialmente en el caso de Turingia, y el proceso de negociación será largo y difícil.
Los vencidos
Para que haya vencedores debe haber vencidos y en este caso también está muy claro quién asume la derrota. Los tres partidos de gobierno, el socialdemócrata SPD, Los Verdes y los liberales del FDP han sufrido una derrota sin paliativos. En Turingia, Los Verdes y el FDP ni siquiera entran en el Parlamento regional y el SPD es quinta fuerza. En Sajonia, el FDP también se queda fuera y el SPD y Los Verdes son cuarta y quinta fuerza respectivamente. La extrema derecha le saca 23 y 26 puntos al SPD e incluso un partido fundado en enero como es la coalición de Sarah Wagenknecht les supera por 5 y 9 puntos en ambas elecciones.

La coalición semáforo está herida de muerte desde hace tiempo, una herida que se agranda en cada plebiscito. Las elecciones europeas ya fueron un fracaso histórico, Sajonia y Turingia han sido un desastre y todos los pronósticos apuntan a que las próximas de este mismo mes en Brandeburgo supondrán otra derrota.
Scholz llegó al poder con cierto optimismo y esperanza tras su figura. Tras más de quince años de gobierno de la CDU la sociedad alemana pedía un cambio, más aún con la retirada anunciada de su canciller durante todo ese tiempo, Angela Merkel. Sin embargo, pedían un cambio controlado, sin estridencias, no se trataba de cambiar por completo el país o de realizar un giro revolucionario. Era, más bien, un lavado de cara. La persona elegida para realizar ese cambio no tan cambio fue Olaf Scholz. Dos meses después de su toma de posesión comenzó la guerra de Ucrania y, aunque en aquel momento no lo sabíamos, también estalló su gobierno.
Las divisiones en su coalición, los titubeos en política exterior tratando de buscar siempre un punto medio que no satisface a nadie, junto con las consecuencias económicas de la guerra en Ucrania, han ido erosionado el apoyo a un gobierno que no ha podido encontrar ningún revulsivo para mejorar su situación.
Aún queda mucho para las próximas elecciones generales, que serán en septiembre del próximo año, pero ya se respira un ambiente de derrota en los miembros de la coalición que será difícil de revertir. Desde luego el contexto tampoco acompaña. También existe la posibilidad de un adelanto electoral ante la debilidad de la coalición. No es descartable, aunque actualmente el único motivo por el que sigue en pie es evitar el batacazo electoral que se pronostica para socialdemócratas, verdes y liberales.