El rojipardismo: una realidad política emergente (Parte 2/2)
El rojipardismo: una realidad política emergente (Parte 1/2)
¿Por qué el “Rojipardismo” está en auge?
Como ya se ha mencionado en la introducción de este análisis, el eje político izquierda-derecha está demostrando ser cada vez más incompatible con la realidad política actual, y existen varias razones de peso para ello. La primera es paradójica: el éxito y, a la vez, decadencia del neoliberalismo. Tal y como anticipó Ronald Inglehart en los años 70, el éxito del Estado del Bienestar en las democracias occidentales tras la Segunda Guerra Mundial favoreció el auge del individualismo. Gracias a la estabilidad económica, las necesidades materiales pasaron a un segundo plano en favor de las identitarias y espirituales, promoviendo así el desarrollo del yo.
Además, según la visión de Francis Fukuyama, la consolidación del Estado del Bienestar aseguró el triunfo del modelo democracia-capitalismo, especialmente tras la disolución de la Unión Soviética. Sin embargo, Fukuyama cometió dos errores fundamentales: en primer lugar subestimó el ascenso de China como superpotencia sin un modelo democrático y con una economía planificada y, en segundo lugar, no previó la inestabilidad estructural del propio sistema democracia-capitalismo.

La volatilidad política, con gobiernos que cambian cada cuatro o cinco años, y las crisis económicas cíclicas, que impiden a la ciudadanía construir proyectos de vida a largo plazo, generan una pérdida de referentes morales y colectivos. En este vacío, el nacionalismo y la religión resurgen como fuentes de identidad y cohesión, lo que se evidencia en la expansión del fundamentalismo islámico y del protestantismo evangélico, el auge de la extrema derecha en Europa y Estados Unidos, y el resurgir de China y Rusia como civilizaciones que desafían el globalismo.
Otra razón clave que explica el auge del Rojipardismo es la polarización política, intensificada por la crisis de 2008 y agravada tras la pandemia de COVID-19 y los conflictos militares en Ucrania, Oriente Medio y África. Ante esta radicalización, muchas personas rechazan identificarse plenamente con la izquierda o la derecha tradicionales, optando por una política “a la carta”, basada en valores individuales más que en los colectivos que tradicionalmente han monopolizado estas ideologías.
En este contexto de polarización, la batalla cultural cobra especial relevancia. Se trata de una lucha entre lo material, económico y tangible, y lo identitario, espiritual y abstracto. Las redes sociales, a la vez que amplían las vías de expresión e información, generan mayor aislamiento y sentimiento de soledad. El Rojipardismo emerge como una respuesta a estos cambios, atrayendo a sectores de izquierda desencantados con la socialdemocracia, que perciben que sus partidos han abandonado a la clase obrera al no ofrecer soluciones efectivas frente a la precariedad laboral, el desempleo, la crisis de la vivienda y el deterioro del sector público.
Además, el Rojipardismo rechaza el énfasis de la izquierda tradicional en cuestiones identitarias como el feminismo y el activismo LGTBIQ+, viéndolos como amenazas a la familia tradicional y a la identidad nacional, y como herramientas del capitalismo para fragmentar a la clase trabajadora.
La inmigración es otro tema central para el Rojipardismo, tanto en términos económicos como culturales. En el ámbito económico, sostiene que la llegada de mano de obra no cualificada abarata los salarios y dificulta la mejora de las condiciones laborales de los trabajadores locales, por lo que aboga por una inmigración altamente restrictiva y basada en criterios de cualificación. En el aspecto cultural, sus seguidores, en su mayoría cristianos o ateos con valores cristianos, ven el Islam y la inmigración masiva desde países musulmanes una amenaza para Europa, promoviendo únicamente la inmigración desde países cultural y lingüísticamente afines.

En política exterior, el Rojipardismo se basa en el realismo político y el proteccionismo económico. Propugna el distanciamiento, e incluso la ruptura, con la Unión Europea y la OTAN, al considerarlas responsables de la pérdida de soberanía política y económica en favor de burócratas que sirven a los intereses de las grandes corporaciones y de Estados Unidos, al que perciben como una potencia dominante sobre Europa. El Rojipardismo también defiende un acercamiento a Rusia y China, con el objetivo de redefinir las relaciones internacionales y alcanzar soluciones diplomáticas a conflictos como la guerra en Ucrania.
Por último, otro punto que explica su crecimiento es el rechazo a la narrativa predominante sobre el cambio climático. El Rojipardismo cuestiona la idea de que el calentamiento global es causado por la actividad humana y aboga por la energía nuclear y los combustibles fósiles, señalando que, mientras Estados Unidos y los BRICS siguen apostando por estas fuentes energéticas, Europa se está debilitando con su insistencia en las energías renovables.
Estas posturas han impulsado el renacimiento del Rojipardismo en Alemania, como lo demuestra el éxito electoral del partido BSW de Sahra Wagenknecht, que obtuvo casi 2,5 millones de votos en las elecciones federales alemanas del pasado 23 de febrero y en las elecciones al Parlamento Europeo del año anterior, pese a ser una formación de reciente creación.
Conclusión
La crisis de las democracias occidentales está profundizando la fractura social debido al aumento de las desigualdades económicas y la erosión del Estado del Bienestar. Esto intensificará aún más la batalla cultural e ideológica, con consecuencias impredecibles para la sociedad.

Ante este panorama, el auge del Rojipardismo es una muestra de cómo las ideologías tradicionales están siendo desafiadas por nuevas corrientes políticas. Estamos asistiendo al nacimiento de una izquierda que, adoptando principios tradicionalmente asociados a la derecha, supera en radicalidad a la izquierda clásica. Aunque su mayor avance hasta la fecha se ha dado en Alemania y Rusia, es crucial observar cómo su influencia puede extenderse a otros países europeos.
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