A finales de noviembre de 2025, un convoy logístico abandonaba el complejo minero de SOMAÏR, en las inmediaciones de Arlit, al norte de Níger. El movimiento pasó casi desapercibido fuera del país, sin cobertura en los principales medios de comunicación. Y es que, desde el golpe de Estado en julio de 2023, miles de toneladas de concentrado de uranio habían permanecido almacenadas en la mina, bloqueadas por la situación política, así como por los litigios con la multinacional francesa Orano. 

Para la junta de Niamey, la decisión respondía a una necesidad inmediata: liquidez. El stock de uranio en Arlit era uno de los pocos activos capaz de generar ingresos rápidos y, al mismo tiempo, de abrir canales de interlocución con socios dispuestos a comprar el producto, rompiendo de esta forma su aislamiento internacional. Al dar luz verde a la operación, Niamey estaba convencida de que iba a suponer un beneficio estratégico. 

El mineral de uranio se procesa para obtener un concentrado conocido como torta amarilla.
El mineral de uranio se procesa para obtener un concentrado conocido como torta amarilla (yellowcake). Fuente: IAEA Imagebank

Según las estimaciones disponibles, el volumen de yellowcake almacenado oscilaba entre 1.300 y 1.500 toneladas antes de que las autoridades nigerinas retiraran a Orano el control operativo de la mina y, posteriormente, nacionalizaran la explotación. Las imágenes satelitales y diferentes vídeos publicados por fuentes locales mostraban camiones saliendo de la zona de Arlit para después dirigirse a Agadez. 

Al menos 53 camiones operados por la empresa nigerina BM TRANS, junto con otros vehículos que se desplazaban por separado, fueron movilizados para transportar la carga. A principios de diciembre, partes del convoy fueron rastreadas llegando a Abalak y, más tarde, a Niamey, donde imágenes satelitales del 7 de diciembre mostraban varios vehículos estacionados cerca del aeropuerto de la capital, probablemente haciendo una pausa temporal para realizar alguna labor de mantenimiento. 

El traslado de material radioactivo a través de Níger es, desde un punto de vista logístico, exigente incluso en condiciones de estabilidad. La normativa internacional exige que el yellowcake sea transportado en contenedores seguros, por personal capacitado y bajo planes de contingencia. 

Sin embargo, dado que Níger ya no podía utilizar su corredor de exportación tradicional a través de Benín, cerrado desde el intento de golpe de Estado, se veía obligada a realizar un desvío hacia el oeste, pasando por Niamey y entrando en Burkina Faso antes de alcanzar el puerto togolés de Lomé. Este trayecto atraviesa zonas donde el control estatal es irregular, zonas donde el JNIM o el IS-Sahel realizan emboscadas con frecuencia. Pese a que el convoy se mueve fundamentalmente de noche para reducir el riesgo, éste sigue siendo muy elevado. 

Para blindar al convoy, Níger ha echado mano de Rusia, su principal socio de seguridad, a través de su despliegue militar en el país: el Africa Corps. Los informes apuntan a unos 30 hombres armados asignados a la protección de los camiones, junto con un gran numero de blindados y cobertura aérea. Cabe destacar que el hecho de que solo se vean partes del convoy en las imágenes satélite podría responder a una acción deliberada de segmentar o dispersar el mismo, con el fin de reducir la vulnerabilidad y dificultar el seguimiento externo. 

Aunque grupos como JNIM se han especializado en emboscadas a convoyes y camiones de combustible en Mali, lo que podría llevarnos a suponer que intentarán atacar la caravana nigerina, realmente sería muy complicado debido a la gran cobertura armada con la que cuenta. A pesar de las tácticas sorpresa y de la concentración de fuerzas, las capacidades de JNIM son limitadas en este tipo de acciones, lo que hace que un ataque a gran escala sea mucho más arriesgado y difícil de ejecutar con éxito. La presencia de protección armada pesada y una logística organizada son las claves que podrían marcar el éxito de la operación. 

De esta manera, nuestra atención se desplaza entonces hacia Lomé, en particular hacia su terminal portuaria. Varios observadores OSINT, a partir del análisis de datos del sistema AIS, han identificado un carguero con bandera rusa, el Matros Shevchenko, fondeado frente al puerto togolés desde mediados de noviembre. El buque atracó brevemente el 1 de diciembre y volvió a hacerse a la mar poco después. También se ha registrado como posible transportista a un buque portacontenedores con bandera italiana, el MSC Tessa. 

El historial operativo del Shevchenko muestra diversas travesías vinculadas a los intereses del Estado ruso, especialmente con el envío de grano desde Novorosíisk. Por ello se ha convertido en el principal candidato de los análisis de fuente abierta. La principal razón para volver a fondear fuera del muelle de atraque podría estar relacionada con el elevado coste de las tasas portuarias, así como con los retrasos del convoy, que habrían alterado la planificación inicial del buque.

¿Quién es entonces el consumidor final? Pues todas las miradas apuntan a Rusia. Por ejemplo, fuentes de seguridad francesas han sugerido que Níger ha alcanzado un acuerdo con Rosatom por valor de 170 millones de dólares para obtener hasta 1.000 toneladas de yellowcake. 

Asimismo, un informe reciente de la agencia OSINT Alleyesonwagner muestra que Axia Power, una empresa comercial con sede en Dubái especializada en el comercio de uranio, podría tener un papel relevante en la transacción. La compañía está dirigida por Georgio Nikopokidis, actual consejero delegado, quien figura también como director de la empresa eslovena Azeus Energy d.o.o., creada en 2023 y registrada con los mismos datos de contacto. 

Axia Power cuenta además con la participación de Alexander Kharichev, exdirector de Rosatom, que estuvo al frente de las operaciones internacionales del grupo nuclear ruso. Ambos, Kharichev y Nikopokidis, trabajaron previamente en PFI LLC EOOD, una firma de uranio con sede en Bulgaria. En diciembre, Axia Power anunció la creación de una filial en Niamey. Sin duda, refuerza la hipótesis de que pueda tener un papel en la operación. 

Sea cual sea el desenlace y el comprador final, la travesía al más puro estilo Mad Max a través de corredores terrestres hostiles, con fuerte presencia de grupos yihadistas como JNIM o el IS-Sahel, pone de manifiesto el elevado nivel de riesgo asumido por una junta militar que necesita con urgencia ingresos y nuevos socios comerciales. 

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