Tras los acontecimientos del 11 de abril de 2002, y ante la posibilidad de una intervención militar en el territorio venezolano, se reformaron la doctrina militar y el plan de defensa nacional.

El cambio implicó abandonar las antiguas teorías de conflicto, tanto las centradas en la lucha contrainsurgente como las que preveían una guerra convencional con Colombia, considerada hasta entonces la principal amenaza militar de Venezuela debido a los antecedentes históricos de las disputas territoriales del siglo XX, especialmente por el reclamo de los archipiélagos al norte del lago de Maracaibo.

NORINCO VN-4 4x4 en Caracas, Venezuela el 5 de marzo de 2014 durante la conmemoración de la muerte de Hugo Chávez .
NORINCO VN-4 4x4 en Caracas, Venezuela, durante la conmemoración de la muerte de Hugo Chávez, 5 de marzo de 2014. Fuente: Cancillería del Ecuador

La reforma se tradujo en una nueva división de regiones militares, diseñada para que todos los componentes de las Fuerzas Armadas Nacionales, junto con la recién creada Milicia Nacional Bolivariana e incluso fuerzas policiales, pudieran operar de forma conjunta bajo un mando territorial centralizado. Al mismo tiempo, el sistema debía permitirles actuar de manera autónoma ante una eventual intervención militar de Estados Unidos.

Una vez creadas las nuevas divisiones territoriales militares, se reestructuraron la inversión y el gasto presupuestario destinados al equipamiento y mantenimiento de las fuerzas. Siguiendo la asesoría cubana, se recomendó adoptar un enfoque centrado en la guerra de resistencia, lo que derivó en la adquisición de nuevos equipos militares orientados a pequeñas unidades móviles, capaces de operar sin depender de instalaciones especializadas.

Posteriormente, se abandonaron las doctrinas de guerra convencional y contrainsurgente tanto en la formación de oficiales como en la de la tropa profesional. Estas fueron reemplazadas por la doctrina guerrillera inspirada en la lucha rebelde castrista de las décadas de 1960, 1970, 1980 y 1990, basada a su vez en la doctrina de guerra prolongada de Mao Zedong, centrada en la resistencia militar a largo plazo.

Como resultado, las Fuerzas Armadas Nacionales Bolivarianas (FANB) quedaron divididas estratégicamente en ocho Regiones de Defensa Integral (REDI), que a su vez se componen de 28 Zonas de Defensa Integral (ZODI), organizadas por estado, y de 99 Áreas de Defensa Integral (ADI), desplegadas en municipios de importancia estratégica.

ZONAS REDI

Método Táctico de Resistencia Revolucionaria (MTRR)

Partiendo de la Doctrina Militar Bolivariana, se establece el Método Táctico de Resistencia Revolucionaria (MTRR) como una herramienta para organizar, dirigir y preparar a las unidades elementales y básicas —militares, milicianos (civiles) y policias— con el objetivo de dotarlas de la capacidad de actuar de forma independiente y autónoma, y de responder con rapidez.

El MTRR aprovecha ventajas locales —conocimiento del terreno, sorpresa, movilidad y superioridad numérica cuando existe— para definir los elementos de combate que deben aplicarse en todos los niveles ante una eventual intervención.

La ofensiva, en el marco del MTRR, se estructura en cuatro componentes: fijación, engaño, ruptura y reserva. Estos elementos son aplicables en todos los niveles de la organización militar, desde la brigada hasta las unidades más pequeñas.

Primero se inicia la fijación del enemigo: una parte de los combatientes mantiene al adversario inmovilizado en una posición determinada. Como segundo componente viene la maniobra de engaño, integrada por unidades móviles destinadas a distraer y atraer a las reservas enemigas. En tercer lugar aparece la ruptura, también ejecutada por unidades móviles, que busca penetrar la línea enemiga por su punto más débil. Finalmente, la reserva actúa como elemento de refuerzo para los otros tres componentes de la ofensiva.

Personal de la Milicia Nacional Venezolana en un desfile en Caracas, Venezuela, el 5 de marzo de 2014.
Personal de la Milicia Nacional Venezolana durante la conmemoración de la muerte de Hugo Chávez, 5 de marzo de 2014. Fuente: Cancillería del Ecuador

A continuación se encuentran los elementos de la defensa, que operan de forma análoga a los de ataque, aunque con diferencias en su aplicación sobre el terreno. El comandante debe anticipar los posibles movimientos del enemigo; para ello se emplean unidades de inteligencia y observación que informen sobre posiciones enemigas y las características del terreno. Con esa información, el comandante podrá adoptar la respuesta defensiva más adecuada, adaptando los elementos del ataque a la defensa.

Para que los elementos de combate sean efectivos, cada integrante —militar, policial o civil— debe estar capacitado en trece disciplinas de combate: orientarse; observar; progresar; protegerse; enmascararse; apreciar distancias; designar un objetivo; usar su arma; comunicarse; informar; mantener contacto con su unidad; sobrevivir; y mantener el pensamiento ideológico.

Por último, el pensamiento ideológico, fundamentado en las ideas libertadoras de Bolívar, actúa como vínculo con otras organizaciones o grupos armados: la conexión con guerrillas venezolanas y colombianas, así como con actores políticos de países vecinos, que podrían ofrecer apoyo político o incluso militar ante una eventual intervención de Estados Unidos. Esto, a su vez, deja abierta la posibilidad de un conflicto de mayor alcance regional.

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