EE.UU., Delcy Rodríguez y el dilema de la transición venezolana
La apuesta de EEUU por Delcy Rodríguez como presidenta de la República Bolivariana de Venezuela no deja de ser sorprendente. Puede parecer, depende de cómo se mire, una estrategia inteligente o un error ingenuo de la gran potencia del norte de América. Nos explicamos, desde la primera postura, la inteligente, es cierto que hay muchos precedentes de regímenes caídos o vencidos en los que no hubo más remedio para mantener el orden público y social que empezar a construir el nuevo armazón político con base en toda la estructura dejada por el anterior régimen.

Véase, por ejemplo, el aprovechamiento de la administración nazi alemana o imperial japonesa tras la Segunda Guerra Mundial por el bando aliado o, como contrapunto, el caos que se produjo tras el derrocamiento en Irak de Sadam Hussein por no apoyarse en la antigua administración civil, militar y religiosa tejida por el líder chiita, desorden que, sin lugar a dudas, EEUU quiere evitar ahora (al menos en un primer momento) en Venezuela con su búsqueda de apoyo en Delcy Rodríguez, una ideóloga sin fisuras del chavismo bolivariano, lo que prima facie supone un contradiós.
Desde la otra postura, la errónea por ingenua, no se ve de ninguna manera que un régimen derrocado vaya a colaborar de hecho y a tumba abierta (en el doble sentido) con la potencia del norte que le somete. Más bien lo que se vislumbran son todas las reservas mentales imaginables desde el bando bolivariano y todas las estratagemas para hacer descarrilar la transición que propone Trump. Ello a través de tan gran cúmulo de buenas palabras como de acciones contradictorias, encaminados de consuno por los dirigentes bolivarianos para sortear la intervención norteamericana, salvar su pellejo y patrimonio y de paso preparar la victimización del partido chavista para hacerse con el votante venezolano ante unas posibles elecciones.
La primera parte del libreto se ha ejecutado por EEUU de forma impecable, la eliminación del líder hoy ya en prisión, pero la siguiente parte la conocen tanto EEUU como los bolivarianos y no puede ser otra que la depuración de los ideólogos irredentos del régimen caído, Diosdado Cabello, Delcy y Jorge Rodríguez, Vladimir Padrino y otros que forman parte de una oligarquía política que difícilmente va a dar su brazo a torcer arrodillándose de forma humillante ante su Gran Satán.

Y aquí no es comparable la transición española, en la que la mayor parte de los ideólogos y máximos mandatarios del régimen tras la muerte del dictador estaban convencidos de la necesidad de pasar página e intentar el consenso con el bando perdedor, que también estaba predispuesto para el pacto como lo estaba la mayor parte del pueblo español. En el caso de Venezuela los dirigentes no tienen muchos incentivos para aguantar la humillación de la solución propuesta por Trump y Marco Rubio y tan solo están fuertemente compelidos por una amenaza fatal contra su vida, su libertad y su hacienda, sabiendo que en el momento que terminen su sucio (sin duda para ellos) trabajo EEUU los va a depurar sin saber en qué sentido irá tal depuración y quedando totalmente al albur de la clemencia de su extorsionador.
Imagínense los lectores españoles por un momento a dos acérrimos del chavismo en España como Juan Carlos Monedero y Pablo Iglesias en el papel de los hermanos Delcy y Jorge Rodríguez, Diosdado Cabello o Vladimir Padrino, ¿de verdad alguien se cree que iban a acatar mansamente las instrucciones de EEUU sin intentar urdir desde el primer momento un plan para sortear y quitarse de encima el baldón que les había caído?
De momento, los líderes chavistas seguramente no van a llevar a la práctica eso de “Prefiero morir de pie que vivir arrodillado” que tantas veces hemos visto asociado a la iconografía del Che Guevara (aunque la frase parece que tiene su origen en Emiliano Zapata) y si nos guiamos por la teoría de la decisión racional lo más lógico ante una situación crítica como la que están viviendo los líderes bolivarianos es la que con éxito utilizó Sherezade ante el sultán que la amenazaba de muerte cada noche, ganar tiempo encadenándole los cuentos más maravillosos que le viniesen a su mente.

La cuestión es si Delcy, ayudada por sus tiránicos camaradas, logrará aplacar la ira de Donald, cómo actuará éste cuando se dé cuenta de que ganar tiempo, como el del condenado que va a la horca, es el único objetivo de su interlocutora o cuando tras el último cuento decida que su narradora ya no le es necesaria por haber cumplido fielmente las instrucciones ordenadas.
Marco Rubio declaró hace pocos días que “pondrían a prueba a Delcy Rodríguez” y que “la evaluarán por resultados concretos, no por retórica”. Quizás esté en su pensamiento y en el de su equipo que en una primera fase sea posible extorsionar a todo un gobierno (aunque sea ilegítimo, que está claro que lo es) para tener éxito en el control del orden público en Venezuela y ya, en una segunda fase, según haya sido su grado de acatamiento de órdenes, perdonarles vidas y haciendas o arrastrarles por la arena según los casos o lo que se decida sobre la marcha.
Tras casi tres décadas detentando un poder omnímodo, la cuestión es si la nueva presidenta y la oligarquía chavista más ideologizada ejecutarán con eficacia las órdenes imperativas que se les expidan. Los asesores de la autoridad norteamericana se supone que tienen que dar por hecho que la retórica bolivariana va a hacer valer e impregnar en cada uno de sus discursos ante la audiencia mundial su situación de extrema debilidad y que esa situación esquizofrénica entre hechos y palabras no puede sostenerse en unas sociedades de la información totalmente interconectadas que oyen nítidamente las palabras y a las que se les pueden tergiversar fácilmente los hechos.

Y todo ello debe de hacerse por EEUU negociando día a día, sin prisa pero sin pausa, porque el portaaviones Gerald Ford y el despliegue militar en el Caribe frente a las costas venezolanas no puede sostenerse indefinidamente y si Delcy no es “leal” la segunda intervención de las fuerzas dispuestas en el Caribe por EEUU no debe demorarse.