En las últimas semanas, las relaciones entre Israel y Siria se han deteriorado -aún más- debido a una intensa campaña de bombardeos israelíes sobre Damasco y sus alrededores. Entre los objetivos atacados también figuran el Hospital Militar de Tishreen y la ciudad de Duma, así como antiguas bases militares y depósitos de armamento antiaéreo.

Los ataques se producen en un contexto de creciente violencia sectaria y enfrentamientos entre el gobierno central sirio y la comunidad drusa del sur. Recientemente, Israel ha llegado incluso a utilizar helicópteros militares para evacuar milicianos drusos heridos y suministrar alimentos a zonas habitadas por esta comunidad. Todo esto ocurre en medio de una reconfiguración del equilibrio de poder regional tras la caída del régimen de Bashar al-Asad.

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Erdogan con Abu Mohamed al-Golani. Fuente: Twitter

Respuesta internacional

El pasado 30 de abril, Israel lanzó nuevos ataques aéreos en las afueras de Damasco, específicamente en las localidades de Jaramana y Sahnaya, como respuesta a los enfrentamientos entre la comunidad drusa y los combatientes suníes. Estos choques se desencadenaron tras la difusión de un audio falso que supuestamente insultaba al profeta Mahoma, lo que provocó represalias violentas contra zonas de mayoría drusa. Israel justificó su intervención como una medida para proteger a esta comunidad, advirtiendo al nuevo gobierno sirio sobre la necesidad de garantizar su seguridad.

Cabe recordar que, desde una perspectiva estratégica, algunos sectores en Israel consideran que su seguridad a largo plazo estaría mejor garantizada en un Oriente Próximo fragmentado, compuesto por Estados más pequeños donde las actuales minorías puedan establecer sus propios espacios de poder, lo que reduciría la amenaza potencial que representarían para el Estado israelí.

El presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, condenó enérgicamente las acciones de Israel en Siria, calificándolas de provocaciones que amenazan la estabilidad regional. Erdogan acusó a Israel de intentar desestabilizar el país y fomentar divisiones étnicas y religiosas para debilitar al nuevo gobierno. Asimismo, reiteró su rechazo a cualquier forma de descentralización en Siria, como la propuesta realizada por los kurdos, a la que calificó de amenaza a la integridad territorial de la nación. Cabe destacar que, en medios turcos y árabes, han circulado rumores sobre el despliegue de un ala de combate compuesta por varias decenas de F-16 turcos dentro de Siria, posiblemente en la base aérea de T4 Tiyas (Althias airport).

Israel, por su parte, ha mostrado un apoyo tácito a las aspiraciones kurdas en Siria, especialmente tras la retirada parcial de las tropas estadounidenses. Este respaldo ha generado tensiones con Turquía, que considera a las Unidades de Protección del Pueblo (YPG) como una organización terrorista. Desde Ankara, la cooperación entre Israel y los kurdos se percibe como un intento de establecer una zona de influencia israelí en el norte de Siria.

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Paralelamente, en círculos israelíes crece la percepción de que Turquía ejerce un control de facto sobre el nuevo gobierno sirio, transformando a Siria en un Estado satélite que podría representar una amenaza directa para Israel. Todo esto ocurre en un contexto marcado por la reducción de la presencia militar estadounidense en Siria, con la retirada de entre 600 y 1.000 soldados y el cierre de varias bases. Esta decisión ha generado inquietud entre los aliados kurdos, que temen quedar expuestos tanto al nuevo gobierno sirio como a una posible ofensiva turca.

Por su parte, Rusia continúa retirando personal y equipo militar de las bases de Tartús y Khmeimim, tras la caída del régimen de Bashar al-Asad. Aunque Moscú busca mantener cierto grado de influencia en la región, esta retirada parcial refleja una reevaluación estratégica y una posible reducción de su compromiso militar en Siria, además de una creciente desconfianza hacia las nuevas autoridades del país.

El papel futuro de Rusia en Siria sigue siendo incierto. Desde la perspectiva israelí, la presencia rusa es vista con relativa positividad, al funcionar como un contrapeso frente a Turquía y diversificar los centros de poder en la región. Para el nuevo gobierno sirio, las bases rusas constituyen una carta política útil, además de una fuente de recursos —como grano y petróleo— que el país necesita con urgencia. La posición turca, en cambio, permanece ambigua: Ankara no ha definido aún si considera deseable o no la continuidad del rol ruso en el nuevo equilibrio regional.

Mientras tanto, varios Estados árabes, desde Emiratos Árabes Unidos hasta Egipto, han condenado los bombardeos israelíes en Siria, al considerar que estos ataques agravan la inestabilidad regional.

La intensificación de las operaciones militares israelíes, en un contexto de tensiones sectarias y reconfiguración del equilibrio de poder, plantea desafíos significativos para la estabilidad de Oriente Próximo. Las acciones de Israel, justificadas como medidas para proteger a la comunidad drusa y contener la influencia iraní, han sido duramente criticadas por actores regionales como Turquía y generan una creciente preocupación en la comunidad internacional. La retirada parcial de Estados Unidos y Rusia añade una capa más de incertidumbre, al dejar un vacío de poder que está siendo aprovechado por actores regionales. Esta dinámica podría explicar el aumento en la vehemencia militar israelí en el escenario sirio.

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