
¿Qué hay detrás de la caída del régimen de los al-Assad?
La actual situación en Siria y el rápido colapso del régimen de Assad han sido recibidos con cierta sorpresa en el resto del mundo. Sin embargo, son una consecuencia lógica del reajuste de poder en Oriente Medio que se inició con los ataques del 7 de octubre de 2023 y la posterior ofensiva israelí, primero en Gaza y luego en el Líbano.

El caso de Siria presenta las complejidades propias de la región: se dan varios conflictos en paralelo con múltiples actores involucrados – independientes en mayor o menor medida – pero unidos por un mismo objetivo circunstancial, que en ocasiones es difícil de reconciliar con su ideología. Además, los actores internacionales que tradicionalmente se han involucrado en la región tratan ahora de tomar distancia. Estos dos factores serán los que condicionen el futuro de Damasco y de toda la región en los próximos meses.
En Siria, desde el inicio de la guerra civil ha habido múltiples facciones. La única ocasión en la que se unieron todas ellas bajo un mismo estandarte fue para acabar con el Daesh. Más allá de esto, actualmente el nordeste del país está controlado por los grupos rebeldes Kurdos, mientras que el noroeste lo controlan grupos apoyados por Turquía, enemigos de los primeros – principalmente del llamado "Ejército Nacional Sirio"–. En este sentido, los grupos asistidos por Turquía han respaldado la ofensiva de HTS (Hayat Tahrir-al Shams), el grupo islamista responsable del avance rebelde de los últimos días y la caída del gobierno de Assad. HTS lidera actualmente la revolución siria.
Sin embargo, el hecho de que haya caído el régimen no significa que la guerra haya concluido. Esto último dependerá sobre todo de la capacidad que tenga HTS de llegar a acuerdos con el resto de grupos armados o de suprimirlos por la fuerza. De lo que decida en este sentido dependerá también su credibilidad internacional. HTS es considerado un grupo terrorista por Estados Unidos, Turquía y la Unión Europea, entre otros.
La variedad de actores y conflictos es una característica de la región que se ha puesto de manifiesto especialmente en el último año. La política regional está condicionada por dos conflictos principalmente: el conflicto palestino-israelí y la coalición contra Irán. Por un lado, los países árabes – todos de mayoría musulmana o incluso con gobiernos Islámicos – no pueden permanecer impasibles ante la situación en Gaza y Cisjordania. Y, si bien no apoyan a grupos como Hamas o Hizbullah, condenan la actuación de Israel contra los civiles palestinos.

No obstante, el punto de unión más importante entre los países árabes e Israel es su enemistad con Irán. Esta alianza la complementa a su vez el apoyo de Estados Unidos a todos ellos, frente al apoyo de Rusia a Irán y sus aliados. El conflicto palestino-israelí es el punto más débil de la alianza contra Irán. Una política internacional americana sólida ha evitado hasta el momento que la alianza se disuelva. Empero, en el contexto de la nueva administración estadounidense la alianza anti-iraní podría peligrar, sobre todo si se enquista la situación en Gaza y Cisjordania.
Si HTS pone fin a la guerra en Siria y consigue controlar el país podría influir en el conflicto regional en función del eje con el que se alinee. Un ejemplo de la incertidumbre sobre HTS y sus futuras alianzas es la reacción israelí a la caída de Assad: el ejército ha tomado posiciones en la zona del Golán y ha llevado a cabo ataques aéreos contra depósitos de armamento y municiones en Siria. Sin embargo, Yair Lapid, el líder de la oposición, ha declarado que Israel ha de reaccionar con "cuidado y responsabilidad" y, sobre todo, ha de evitar "declaraciones innecesarias que puedan empujar al nuevo gobierno sirio a otro camino" y ha recalcado la necesidad de crear una "alianza regional fuerte".
En cuanto a otros actores internacionales, Rusia no ha sido capaz de mantener a Assad en el poder, a pesar de su apoyo al régimen desde el inicio de la guerra. Además, su capacidad de influencia en la zona está condicionada desde los últimos años por la guerra en Ucrania, que requiere gran parte de sus recursos militares. Irán y los grupos armados que forman parte del "Eje de resistencia" tienen una menor capacidad por el conflicto con Israel en los últimos meses – particularmente Hizbullah – que previamente apoyó al régimen durante la Guerra Civil Siria. De hecho, no es casualidad que la ofensiva de HTS comenzara poco después de que Hizbullah firmara un alto el fuego con Israel.
En cuanto a la reacción americana, Trump ha publicado en su red social que "Rusia no tenía motivos para estar allí". Luego se ha referido a la guerra de Ucrania como una "guerra que jamás debería haber empezado". Con este comentario, Trump equipara ambos conflictos para después reaccionar con la misma distancia ante ambos. Es el tono aislacionista que se espera que caracterice la política exterior de la nueva administración americana, y que no es bienvenido por sus aliados regionales – sobre todo por los países del Golfo – que en los últimos años han tomado un mayor control de su política exterior con el objetivo de ser menos dependientes de Estados Unidos. Esto último ha incluido, por ejemplo, la visita del jefe del Estado Mayor Saudí a su homólogo iraní el pasado 10 de noviembre.

La ofensiva israelí en Gaza y el Líbano ha provocado un vacío de poder y el final del statu quo regional previo. En Siria, HTS ha aprovechado ese vacío de poder para hacer caer al gobierno de Assad. El futuro de Siria dependerá de si HTS es capaz de afianzar su posición al frente de un nuevo gobierno sirio y del lugar que ocupe en el conflicto regional entre Israel – y el resto de sus aliados – e Irán. El futuro de la alianza anti-iraní dependerá a su vez de que Estados Unidos – en retirada de la arena internacional – sea capaz de mantener a los miembros de la alianza unidos y de que Israel ponga fin a la guerra en Gaza con un acuerdo que no incluya la anexión de Cisjordania o la Franja de Gaza – este último punto es el que tiene un mayor potencial de alienar a sus aliados árabes –.