Irán se percibe a sí mismo como un país cercado por estados hostiles e inestables, lo que lo lleva a buscar aliados en su entorno que promuevan sus intereses regionales. De esta necesidad nace el concepto del “Eje de Resistencia”, es decir, una serie de organizaciones en el extranjero vinculadas en diversos grados a Irán, pero que mantienen su propia autonomía.

El arquitecto de esta idea fue el comandante Qasem Soleimani, que consiguió crear una red de filiales en el Líbano, Siria, Irak, Palestina o Yemen. Su sucesor, Esmail Qaani, continúa su legado profundizando en esa descentralización que promulgaba Soleimani. Estas organizaciones cercanas a Irán es lo que se conoce normalmente como proxies. 

Presencia de Proxies iranís en Oriente Medio. CFR.
Presencia de Proxies iranís en Oriente Medio. CFR

Líbano

De todos los proxies iraníes, Hezbolá es el que más se ajusta a su definición. Hezbolá es una organización chií que surgió al calor de la guerra civil libanesa en 1982. En sus inicios era una milicia apoyada por Irán que, con el paso del tiempo, fue ganando importancia y poder hasta ser considerada como la milicia más poderosa del mundo y haber sido capaz de construir un estado paralelo en el sur del Líbano. 

Mantiene estrechas relaciones con Irán, que financia a Hezbolá con unos 700 millones de dólares anuales, mientras que la Fuerza Quds de la Guardia Revolucionaria les proporciona entrenamiento y asesoramiento. Más allá de su vertiente militar, Hezbolá también es un partido político que se presentó por primera vez a las elecciones en 1992. En las últimas elecciones celebradas en 2022, el líder de Hezbolá Hasan Nasralah consiguió el 19,9% de los votos. 

Aunque su financiación depende de Irán, la generosidad de los ayatolás no es su única fuente de ingresos. Se estima que la organización gana unos 300 millones de dólares anuales con actividades ilegales como el tráfico de drogas.

La importancia de Hezbolá para Irán radica en la importancia estratégica del Líbano. El país actúa como centro logístico permitiendo a Irán mover recursos militares con rapidez y, evidentemente, su posición fronteriza con Israel lo hace un lugar ideal desde el que aumentar la presión contra el estado judío. 

La propia debilidad interna del Líbano, con una economía, instituciones y relaciones con sus vecinos muy débiles provocan una situación propicia para que la influencia de Hezbolá, y por ende de Irán, se asienten en el país como finalmente ha ocurrido.

Soldados de Hezbolá. Fuente: Khamenei.ir
Soldados de Hezbolá. Fuente: Khamenei.ir

Yemen

La influencia de Irán en Yemen se articula en torno a los huzíes. Los huzíes constituyen aproximadamente el 30% de la población yemení, son chiís y combinan tanto una rama política como una militar. Las raíces del movimiento se encuentran en la década de los 90, cuando su fundador, Hussein Badr al-Din al-Houthi, creó el movimiento al-Shabab al-Mumanin, que pretendía combinar el antiimperialismo con la doctrina religiosa. 

Este movimiento hacía especial énfasis en la educación sobre el Zaidismo, la secta minoritaria dentro del chiismo cuya fe profesan los huzíes. Estos percibían que la influencia del salafismo suní de Arabia Saudí estaba penetrando demasiado en Yemen y suponía una amenaza para su modo de vida. En 2003 el movimiento comienza a implicarse políticamente a raíz del apoyo del gobierno yemení a la guerra de Irak, promoviendo la autonomía para la región de Sa'dah. 

El gobierno de Yemen, liderado por sunís, intentó detener a al-Houthi en 2004, pero el intentó fracasó y sus partidarios se lanzaron a la insurgencia contra el gobierno. Ese mismo año, al-Houthi murió durante los enfrentamientos con el ejecutivo, aunque el movimiento continuó y asumió su nombre. Desde entonces, el grupo ha lanzado distintas campañas insurgentes para derrocar al gobierno, que ha encontrado su apoyo en Arabia Saudí. 

En 2014 los huzíes consiguieron finalmente derrocar al gobierno tras ocupar la capital, Saná. Así, estalló la guerra civil que enfrenta por un lado a los huzíes apoyados por Irán y, por otro, al gobierno apoyado por Arabia Saudí. Desde entonces, se han producido más de seis millones de desplazados y más de 23 millones de personas dependen de la ayuda humanitaria. 

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Rebeldes hutíes sosteniendo un cártel de Hussein Badr al-Din al-Houthi.

La organización ha crecido significativamente tanto en tamaño como en capacidades gracias al apoyo iraní, que les otorga asesoramiento, provisiones y entrenamiento. Para Irán, la guerra en Yemen supone una oportunidad para desgastar a rivales tradicionales como Arabia Saudí o Emiratos. 

De hecho, se estima que la guerra le cuesta a Riad unos 6.000 millones al mes mientras que a Teherán apenas le supone unos pocos millones mensuales. Además, como prueban los acontecimientos recientes, su relación con los huzíes permite a Irán estar presente en el estrecho de Bad al-Mandeb, punto estratégico fundamental del comercio global.

Palestina

La relación entre Hamás e Irán se remonta a los años 90. Estados Unidos excluyó a Irán de la Conferencia de Madrid en 1991 por temor a que boicotearan los acuerdos. Irán respondió trazando una estrategia para convertirse en el poder defensor de Palestina en Oriente Medio, en contraposición a los aliados estadounidenses en la región. 

Así, el apoyo a grupos Palestinos como Hamás se convirtió en un pilar de la política exterior iraní. En 1992, la expulsión, por parte de Israel, de cientos de miembros de Yihad islámica y Hamás a Siria y Líbano reforzó aún más las relaciones entre ambos.

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Conferencia de Paz de Madrid, 30 de octubre de 1991. En la foto Mijail Gorbachov, Felipe González y George Bush padre.

La invasión de Irak también tuvo impacto en las relaciones entre Hamás e Irán. El fin del gobierno de Saddam Hussein supuso también el fin de la financiación iraquí en forma de transferencias para las familias de los palestinos asesinados, heridos o encarcelados. Esto abrió la oportunidad para Irán, que pasó a cubrir el vacío que había dejado Irak. 

A pesar de ciertas reservas hacia Irán, Hamás aceptó su apoyo, aunque buscó evitar una dependencia que concediera excesiva influencia a los ayatolás sobre su movimiento. Sin embargo, el asesinato del entonces líder de Hamás Abdel Aziz al-Rantissi en 2004 debilitó mucho a la organización a la que no le quedó más remedio que apoyarse aún más en Teherán para reconstruir su capacidad operativa.

Desde entonces, la financiación de Irán ha sido crucial para Hamás. Esta financiación se coordina a través de las redes financieras del Líbano controladas por Hezbolá. En 2017, el líder de Hamás en Gaza ya reconocía que Irán era el mayor apoyo de la organización tanto económica como militarmente. 

De hecho, desde Teherán idearon un sistema para que los beneficios de la venta de petróleo fueran a parar a organizaciones afines. El petróleo iraní llegaba a Siria (en una operación en la participaba Rusia) a cambio de dinero para la Guardia Revolucionaria. Este dinero luego era distribuido entre Hamás y Hezbolá. 

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Abdel Aziz al-Rantissi, el líder de Hamás hasta su muerte en 2004.

Según Estados Unidos, Irán envía a Hamás entre 70 y 100 millones de dólares anuales. El líder de Hamás Ismail Haniya confirmó esta cifra en una entrevista para Al Jazeera en 2022. 

A pesar de la estrecha relación, no hay que ver a Hamás de la misma manera que a Hezbolá. Hamás opera con independencia y ha tenido desacuerdos importantes con Irán en el pasado. Además, Irán no es el único patrocinador de Hamás, otros países como Turquía también han invertido en la organización. 

Muestra de estos desacuerdos es lo ocurrido durante la guerra civil siria. Hamás es un grupo suní que se opone al régimen de al-Ashad por sus ataques a la población suní, mientras que Irán apoya decididamente al régimen. 

Esto generó tensiones entre ambos, lo que llevó a Irán a congelar la financiación de Hamás, pero con el paso del tiempo estas tensiones acabaron y las relaciones entre Hamás y el régimen sirio se reestablecieron en 2022. 

Aparte de Hamás, en Palestina también opera la Yihad Islámica, una facción más radical que rechaza participar en el proceso político y que también, al igual que Hamás, recibe la mayor parte de su financiación de la Republica islámica. 

Irak

Irak es un área de prioridad estratégica para Irán. Ambos países comparten una frontera de 1.500 kilómetros, son países de mayoría chiita (sólo existen tres países en el mundo en los que los chiís son mayoría, Irak, Irán y Azerbaiyán) y su convulsa historia común empuja a Irán a tratar de mantener la estabilidad en el país, una en la que mantenga influencia suficiente como para defender sus intereses y neutralizar las posibles amenazas que puedan surgir desde Bagdad. 

Paradójicamente, es la invasión de Irak por parte de Estados Unidos la que abre verdaderamente las puertas de Bagdad a Teherán. Sin Saddam, uno de sus mayores rivales estratégicos, y con la profunda inestabilidad generada en el país tras la invasión, se crearon las condiciones propicias para que Irán pudiera tejer sus redes de influencia con éxito.

La influencia de Irán en Irak se articula a través de varios actores. Históricamente, el activo iraní más importante en Irán era el clérigo chií Muqtada al-Sadr, el líder de la influyente familia Sadr. Irán le construyó su propio ejército, conocido como Ejército de al-Mahdi, que tuvo una participación destacada durante la invasión estadounidense luchando contra las fuerzas de Saddam. 

Sin embargo, al-Sadr disfrutaba de cierta autonomía y proponía una visión más nacionalista de Irak, lo que acabó lastrando su relación con Irán. Por eso, desde Teherán vieron la necesidad de apoyarse en otros grupos, algunos ya existentes y otros de nueva creación, para garantizar su influencia en el país. 

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Países con mayoría Chií y Suní. The Political Room

El primero de ellos es la organización Badr. Este grupo surgió en 1983 bajo el nombre de Brigadas Badr y en un primer momento actuaba como el brazo militar de la Asamblea Suprema Islámica de Irak, una organización política que pretendía instalar un sistema inspirado en la revolución iraní en Irak. 

Durante la guerra entre Irán e Irak (1980-1988), las Brigadas Badr lucharon junto a la Guardia Revolucionaria contra el régimen de Saddam Hussein y, con el fin de la guerra, continuaron operando como una suerte de guerrilla con el sur de Irak como su centro de operaciones. Durante esta etapa la organización trató de renovarse, cambió su nombre e incluso renunció públicamente a la violencia. Sin embargo, el anuncio no pasó más allá de las palabras ya que iniciaron una sangrienta campaña sectaria contra la población suní iraquí. 

Tras varios procesos de transformación y una escisión incluida, el avance del Estado Islámico en el país provocó que Badr iniciara una campaña de reclutamiento masiva y luchara contra el ISIS junto a sus antiguos enemigos del ejército iraquí. 

Se cree que, para 2019, el grupo ya tenía entre 18.000 y 22.000 miembros, siendo la milicia más poderosa de las Fuerzas de Movilización Popular, una organización compuesta fundamentalmente por las distintas milicias chiíes que operan en el país. El vínculo entre esta organización e Irán es tal que su líder, Abu Mahdi al-Muhandis murió el 3 de enero de 2020 en el ataque estadounidense contra el comandante de la Fuerza Quds Qasem Soleimani, ya que se encontraba con él.

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Otra milicia que opera en Irak con apoyo iraní es Asa'ib Ahl al-Haq, otra milicia chií que también es un partido político. El grupo está implicado en violencia sectaria tanto en Irak como en Siria. Tras la retirada estadounidense de Irak en 2011, el grupo anunció que abandonaba la violencia y se convertiría en una partido político. 

Siguiendo el modelo de Hezbolá en el Líbano, AAH comenzó a ofrecer servicios sociales y educativos centrando su atención en colectivos vulnerables como huérfanos o viudas. Sin embargo, tampoco cumplieron su promesa y, a pesar de su salto a la política, han seguido perpetrando ataques sectarios o participando en operaciones en Siria. Su brazo político. Al-Sadiqun, está tratando de distanciarse de su rama militar y de moderar su imagen.

Kata’ib Hezbolá es otra milicia chií apoyada por Irán que se labró su reputación durante la invasión estadounidense gracias a diversos ataques contra las fuerzas americanas. El grupo tiene una marcada agenda antiestadounidense y, tras el fin de la invasión, fueron enviados a luchar para defender el régimen de al-Asad en Siria. 

En enero de 2018, estas tres organizaciones, junto a otros miembros de las Fuerzas de Movilización Popular se unieron en una coalición electoral llamada Alianza Fatah, consiguieron 48 diputados y se convirtieron en la segunda fuerza política del país. En las siguientes elecciones, en 2021, no pudieron repetir su éxito y perdieron 31 diputados, quedando en quinta posición. En estos comicios el partido más votado fue el Movimiento Sadrista, liderado por Muqtada al-Sadr. 

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Muqtada al-Sadr con Ali Khamenei, actual líder supremo de Irán.

Siria

Siria ocupa una posición estratégica clave en Oriente Medio. Desde el punto de vista iraní, Siria se incluye en un corredor terrestre entre Teherán, Bagdad, Damasco y Beirut. Al igual que en el caso del Líbano, su proximidad respecto a Israel le permite redoblar la presión y lanzar misiles a la retaguardia de Israel, desplazar a las milicias hacia los Altos del Golán para abrir otro frente en la frontera norte de Israel y controlar los pasos hacia Cisjordania. 

Los ataques selectivos de la Fuerza Aérea de Israel buscan precisamente dañar la infraestructura de Hezbolá en el Líbano y Siria para evitar la operatividad de este corredor. En particular, la zona de Deir ez-Zor es de vital importancia para Irán ya que actúa como centro de la ruta de contrabando de armas y drogas desde Irak hasta Líbano, es por esto que la Guardia Revolucionaria está aumentando su presencia allí de tal manera que algunas voces lo describen incluso como un protectorado iraní. 

Sin embargo, la importancia estratégica del lugar ha hecho que no sólo Irán trate de establecer su influencia, por lo que ahora compite con otros actores como Rusia o Turquía. Esto les obliga a emprender una estrategia más holística para ejercer su influencia en el país.

Así, Irán también está reforzando sus relaciones con el gobierno sirio. En el plano político desde Teherán están emprendiendo acciones de cooperación cultural, religiosa o educativa, mientras apoyan al gobierno de Bashar al-Asad para consolidar su influencia. Con respecto a la religión, Irán está tratando de aumentar su influencia entre los chiís alauitas, que son la minoría religiosa más importante en Siria y que, a pesar de ser también chiís, no pertenecen a la rama imamí mayoritaria en Irán. 

Mapa de Deir ez-Zor. Autor: Berkaysnklf
Mapa de Deir ez-Zor. Autor: Berkaysnklf 

Esta influencia se extiende usando como base la construcción de templos chiitas, desde los que aprovecha para difundir su mensaje. De hecho, Irán está tratando de aumentar el peso demográfico de la comunidad chií en Siria concediendo la nacionalidad siria a chiís extranjeros, principalmente afganos, y estableciéndolos en Damasco. Además, se incentiva a los familiares de la Guardia Revolucionaria a que se asienten en la capital, creando barrios chiís que se han convertido en bastiones proiranís en el corazón de Siria.

En términos económicos, las empresas iranís tienen una posición importante en la gestión del puerto de Latakia y, además, el régimen iraní construirá una red ferroviaria que conectará el puerto con el oeste de Irán, lo que permitirá el acceso de las exportaciones petrolíferas iranís al Mediterráneo. 

Esta relación se muestra claramente en el mercado inmobiliario sirio, donde empresas iranís o bancos vinculados con la Guardia Revolucionario están comprando gran cantidad de propiedades, especialmente en la capital, Damasco.

Esta alianza también se ha mostrado útil para al-Asad. Con el estallido de la guerra civil, Irán desplegó tropas de sus milicias allí (hasta 80.000 hombres, según Israel, y unos 15.000 de la Guardia Revolucionaria y el ejército iraní) además de que Hezbolá también contribuyó al esfuerzo de guerra del gobierno. 

Actores locales, regionales e internacionales involucrados en la guerra civil siria.
Actores locales, regionales e internacionales involucrados en la Guerra Civil Siria. Autor: Michel Bakni 

Irán se encargaba de apoyar al régimen por tierra mientras Rusia desplegaba su poder aéreo. Cuando la guerra fue decantándose a favor de Asad, Irán comenzó a retirar sus tropas y dejó el trabajo en manos de las milicias y la Fuerza Quds, quienes ya se han asentado en el país. 

Conclusión

Desde Teherán han logrado construir una red de organizaciones afines que utilizan para expandir su influencia en la región. La inestabilidad en Oriente Medio no sólo no ha frenado los esfuerzos iranís por mejorar su posicionamiento sino que, al contrario, ha permitido al régimen de Teherán penetrar más eficazmente en países como Siria, Irak o Yemen al tiempo que se asentaba en el Líbano.

Estos proxies forman parte nuclear de la estrategia exterior de Irán y continuarán siéndolo en el futuro. Gracias a ellos, Irán se ha convertido en un actor indispensable a tener en cuenta en los muchos conflictos que persisten en Oriente Medio.

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