La relación entre Elon Musk y Donald Trump comenzó como una alianza política de alto nivel, se transformó en una aparente amistad sólida y terminó con una ruptura espectacular que sacudió los cimientos de la administración republicana. Esta es la historia de cómo se forjó un vínculo, que luego saltó por los aires en cuestión de meses.

Hace unos años, imaginar una alianza entre Elon Musk y Donald Trump resultaba poco realista. Musk era conocido por sus posturas a favor de la lucha contra el cambio climático, que son la base de Tesla, su empresa de automóviles. Además, defendía la investigación tecnológica y espacial —con SpaceX como el otro gran pilar de su fortuna— y era un firme partidario del conocimiento científico. Por su parte, Trump había mostrado escepticismo respecto al cambio climático y mantenía una postura favorable hacia los combustibles fósiles. Su electorado, especialmente durante su segunda campaña, se movilizaba en torno a un discurso crítico con los “expertos”. En materia de automoción, los simpatizantes de Trump se identificaban más con NASCAR que con Tesla.

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