Las elecciones de medio mandato suelen considerarse comicios de castigo al presidente en el cargo. De hecho, lo habitual es que pierda poder: de media, desde el final de la Segunda Guerra Mundial, los presidentes estadounidenses pierden alrededor de 27 escaños en el Congreso. A esto hay que sumar que los republicanos acudieron a este sufragio con un presidente malquisto; tanto es así que Donald Trump llegó al plebiscito con los índices de popularidad más bajos de la historia.

El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, se dirige a los asistentes al homenaje a Charlie Kirk en el estadio State Farm en Glendale, Arizona.
El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, se dirige a los asistentes al homenaje a Charlie Kirk en el estadio State Farm en Glendale, Arizona. Autor: Gage Skidmore

Así las cosas, no es de extrañar que las encuestas pronosticaran un escenario favorable para los demócratas, tan propicio que provocaba cierto escepticismo. Aun así, los sondeos se equivocaron porque infravaloraron la magnitud de la victoria demócrata, dejando a los republicanos con mucho que reflexionar tras una derrota histórica.

El hundimiento

Exceptuando Alaska, cuyo recuento aún no ha terminado —aunque todo apunta a que caerá del lado demócrata—, de las 9 carreras abiertas para el Senado, los demócratas han ganado en ocho. De esta manera, vuelven a imponerse en lugares como Kansas, donde el último senador demócrata que ocupó el cargo nació en 1879 (año en que se inventó la bombilla); o Texas, que pasa a tener solo un representante republicano a nivel estatal, el senador Ted Cruz, tras haber sido un bastión conservador durante décadas; o Michigan, donde la demócrata que perdió las primarias contra Abdul El-Sayed terminó apoyando públicamente al candidato republicano.

Las encuestas se equivocaron al infravalorar a los demócratas. La demoscopia apuntaba a un escenario muy igualado, con ventaja ajustada en las carreras clave, y finalmente se impusieron por una media de cuatro puntos. Por ejemplo, en Texas las encuestas hablaban de una ventaja de aproximadamente un punto para James Talarico, el candidato demócrata al Senado, quien terminó ganando por más de 11. En total, los demócratas consiguieron hacerse con 7 escaños en el Senado que antes pertenecían a los republicanos, la mayor cifra en un siglo. Desde 1926, el partido de la oposición no conseguía arrebatar al Ejecutivo más de 4.

Resultados de las elecciones de mitad de mandato de 2026 en EE. UU.: los demócratas ganan el Senado, la Cámara de Representantes y la mayoría de gobernadores.

Este tsunami demócrata no solo abarca el Congreso, pues en las elecciones de medio mandato también se elige a los gobernadores y a los miembros de las cámaras legislativas estatales. En ellas, los demócratas han logrado teñir de azul la gobernación y las dos cámaras en 22 estados, el mayor número de "trifectas" demócratas desde 1984 (se denomina "trifecta" al control simultáneo por un mismo partido de la gobernación y de las dos cámaras legislativas de un estado).

Este éxito demócrata ha sido posible gracias a un viraje masivo en los estados que votaron a Donald Trump hace dos años. Alaska, donde Trump ganó por 12 puntos, proyecta ahora una victoria demócrata en el Senado. Georgia, que hace dos años eligió a Trump por un margen de apenas dos puntos, ha dado ahora la victoria a un senador demócrata con una ventaja de 18. En Ohio, donde Trump se impuso por 11 puntos, los demócratas han ganado por 5; en Kansas, donde arrasó por 16, también se han llevado la victoria por 5. Incluso en los lugares donde los republicanos han resistido, como Florida, su ventaja se ha reducido notablemente: si en 2024 el estado votó republicano por 14 puntos, en estas elecciones de medio mandato los republicanos solo han logrado mantenerla por 3.

¿Cómo es posible? La respuesta está en que los grupos que resultaron decisivos en la victoria de Trump en 2024 se han pasado a los demócratas de forma masiva. El voto latino se ha desplazado 28 puntos hacia los demócratas, y el voto joven, más de 20. Entre los votantes con menos recursos, los republicanos han vuelto a ganar, aunque con márgenes mucho más estrechos: en conjunto, los condados más pobres de EE.UU. han virado 20 puntos hacia los demócratas, que también se han impuesto por 15 puntos en el voto rural. La magnitud de la victoria demócrata se explica porque las ganancias se han registrado de forma generalizada en todos los grupos electorales, a lo que se suma una desmovilización evidente del electorado republicano.

Resultados de las elecciones de 2024 al Congreso de EE. UU.: los republicanos ganan el Senado (53 escaños) y mantienen la Cámara (220).

¿Ahora qué?

Los demócratas controlarán la Cámara de Representantes con un margen muy holgado, superando los 250 escaños, el mayor número desde 2008. También se harán con el control del Senado —al menos 54 senadores— a falta de resolver los resultados de Alaska y Misisipi.

Este resultado daña la capacidad legislativa de Trump, que tendrá que hacer frente a un Congreso hostil y se verá obligado a negociar con los demócratas si quiere sacar legislación adelante. Sin embargo, esto no implica que los demócratas puedan pasar un rodillo legislativo por Washington: el presidente tiene poder de veto y puede paralizar las leyes que apoye el Congreso, por lo que la colaboración bipartidista se hace imprescindible para legislar estos dos años.

Además, tal es la ventaja demócrata que esta victoria podría tener consecuencias durante la próxima década: en 2028 —presidenciales— y en 2030 —medio mandato— volverán a celebrarse elecciones con un mapa mucho más desfavorable para los republicanos que el de este 2026. Si los demócratas vencen en Alaska y Misisipi, tendrán una mayoría de 56 escaños en el Senado, lo que obligaría a los republicanos a hacerse con 7 senadores sin perder ninguno, una tarea titánica que bien podría llevarles varios ciclos electorales. Un potencial Senado demócrata hasta 2032 plantea además preguntas sobre el Tribunal Supremo: los jueces conservadores Samuel Alito y Clarence Thomas tienen 76 y 78 años, respectivamente, y, si fallecieran en estos años, serían los demócratas quienes nombrarían a sus sustitutos —recordemos que es un cargo vitalicio—.

Los nueve jueces del Tribunal Supremo de EE. UU., su ideología y edad, y qué cambiaría si se sustituyera a Alito y Thomas tras las midterms.

Respecto a las presidenciales, la situación actual complica mucho las perspectivas republicanas, con un presidente impopular en su final de mandato y una contundente victoria demócrata dos años antes de las presidenciales en estados decisivos. Los republicanos tendrán que conseguir crear una coalición ganadora sin Trump en tiempo récord y en una situación económica adversa de la que el electorado culpa al presidente.

En cuanto a las reacciones internas, destaca la de Mike Johnson, el líder republicano en la Cámara de Representantes, quien ya ha anunciado que no continuará en el cargo. Asimismo, se aprecia el inicio de la pugna en las filas republicanas de cara a 2028: tanto el vicepresidente JD Vance como el gobernador de Florida, Ron DeSantis, han criticado públicamente al presidente por la guerra en Irán y la deriva del partido. Este movimiento se interpreta como su primer acto de campaña para marcar distancias con la Casa Blanca. 

Por su parte, la prensa estadounidense especula con la posibilidad de que el secretario de Estado, Marco Rubio, abandone la administración para tomar aire de cara a las primarias conservadoras. Con todo, el eslabón más débil parece el secretario de Defensa, Pete Hegseth, señalado como el principal responsable de la contienda en Irán y con un respaldo escaso en sus propias filas; los demócratas, junto con los republicanos críticos, cuentan con mayoría suficiente para destituirlo.   

Por el lado demócrata se aprecia un cambio discursivo, evitando las guerras culturales y centrándose en la economía y las condiciones de vida de la población. Figuras como el senador por Georgia Jon Ossoff o el gobernador de Pensilvania Josh Shapiro parecen seguras de cara a las próximas primarias demócratas.

El ciclo político inmediato en Estados Unidos acaba de virar hacia los demócratas, gracias al control de las dos cámaras, las ganancias en todos los grupos electorales y un nuevo discurso que parece calar en un electorado motivado y con altas expectativas ante las próximas presidenciales, donde podrían recuperar la Casa Blanca. Por el lado republicano, la derrota electoral en los últimos coletazos de la administración Trump parece iniciar un proceso de división y posicionamiento de cara a 2028 para reconstruir el partido, aunque esta vez sin el mandatario que marcó su última década.

Con todo, cabe destacar que la victoria demócrata nace más de un descontento general que de un auténtico apoyo a sus ideas, por lo que será la situación económica lo que, en última instancia, marcará el rumbo de los republicanos en 2028. Tienen dos años para desenredar la guerra en Irán y los aranceles y hacer fluir el dinero.

¿Te ha interesado? Recibe nuestra newsletter

Cada martes, lo más importante de la actualidad internacional explicado por nuestros analistas, en tu correo. Gratis y sin spam.