En 2012 los Republicanos acudían esperanzados a las urnas, pues Obama era impopular entre sus bases y esperaban que con la desmovilización de las mismas y el desgaste del primer mandato la victoria estuviera a su alcance. Sin embargo, Obama no solo ganó, sino que lo hizo holgadamente. 

La derrota fue dura y obligó a un proceso de reflexión en los republicanos. Éstos percibían que la demografía no les beneficiaba y el empuje de los demócratas entre las minorías, especialmente negros y latinos, podía condenarles al fracaso en las próximas décadas. Con este diagnóstico, la estrategia estaba clara, el partido debía abrirse a estas minorías, moderarse y trazar un discurso lo suficientemente atractivo como para disputar a sus rivales este electorado.

Esta publicación es solo para suscriptores de pago

Regístrese ahora y actualice su cuenta para leer la publicación y obtener acceso a la biblioteca completa de publicaciones solo para suscriptores de pago.

Registrarse ahora ¿Ya tienes una cuenta? Acceder

¿Te ha interesado? Recibe nuestra newsletter

Cada martes, lo más importante de la actualidad internacional explicado por nuestros analistas, en tu correo. Gratis y sin spam.