Estado Islámico y Al-Qaeda en la actualidad (Parte 1)


Estado Islámico y Al-Qaeda en la actualidad

La presión de las Fuerzas Democráticas Sirias (SDF), donde se encuentran las YPG y las YPJ kurdas, así como los esfuerzos de la coalición liderada por Estados Unidos, la falta de fondos para crear un estado operativo o la desmovilización de combatientes extranjeros ante las pérdidas territoriales, con las consiguientes consecuencias sobre las finanzas del grupo, contribuyeron al declive de Estado Islámico desde 2015. 

Por su parte, el debilitamiento de Al-Qaeda se debió a factores como la priorización de las agendas locales frente al ataque al enemigo lejano por parte de sus grupos afiliados, la mayor capacidad de movilización de Estado Islámico, la resiliencia de las monarquías del “eje árabe” frente al yihadismo salafista o la disfuncionalidad organizacional que ha dejado atrás al-Zawahiri.

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Presuntos sospechosos del grupo extremista Al Shabaab, afiliado a Al-Qaeda, custodiados por soldados del Ejército Nacional Somalí (SNA) el 3 de octubre de 2012. Fuente: FOTO AU-UN IST / STUART PRICE

Pese a ello, ambas organizaciones mantienen hoy su actividad operacional, siendo actores relevantes para comprender las dinámicas en el escenario africano o en la región de Asia Central. Además, si bien ambos grupos mantienen su rechazo a occidente, estos han priorizado el incremento de su influencia en movimientos insurgentes de carácter local para expandirse en el mundo musulmán. 

Estado Islámico y Al-Qaeda en África

En los últimos años, el Sahel se ha convertido en el epicentro global de la yihad, registrando la región un 43% de las muertes por terrorismo a nivel mundial en 2023. La oleada de golpes de estado antioccidentales en la Francafrique, el fin de la Operación Barkhane, la retirada de tropas de la MINUSMA o la reacción de grupos islamistas a las acciones de Wagner y los Africa Corps, han contribuido al auge del yihadismo en países con una débil situación socioeconómica como Níger, Burkina Faso o Mali, así como a su expansión hacia el Golfo de Guinea.

En el norte de África, Al-Qaeda en el Magreb Islámico se ha abstenido de llevar a cabo ataques recientemente, pero el grupo se ha refugiado en Libia para apoyar a Jama’at Nusrat al Islam wa al Muslimeen (JNIM), la rama activa de Al-Qaeda en el Sahel. Este último controla en la actualidad gran parte del noroeste de Mali y ha avanzado al sur gracias al abandono de las tropas de la MINUSMA en 2023, amenazando la estabilidad de Benín, Ghana o Costa de Marfil. 

Por su parte, el Estado Islámico del Gran Sáhara (ISGS) también ha aprovechado el debilitamiento de las capacidades militares de Mali, Níger y Burkina Faso para incrementar su influencia en el noreste de Mali y, sobre todo, en la zona de la frontera tripartita entre este último, Níger y Burkina Faso. Así, en los últimos años, el ISGS ha duplicado su territorio y mejorado sus capacidades operativas, comenzando a recaudar impuestos o a hacer cumplir su interpretación de la sharía en Menaka, en el noreste de Mali.

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Retirada del campamento de Timbuktu en diciembre de 2023, final de la MINUSMA. 

Si bien el JNIM y el ISGS han reducido las luchas internas para destinar sus recursos a hacer frente a los “regímenes apóstatas del Sahel”, ambos grupos mantienen su lucha por la influencia regional y el control de fuentes de recursos naturales como las minas de oro malienses, a las que también desea acceder Moscú para evadir las sanciones internacionales. El rechazo de la población local a los Africa Corps también ha beneficiado a la insurgencia yihadista, especialmente al JNIM. 

En Somalia, Al-Shabaab, grupo vinculado a Al-Qaeda que surgió en 2006 como el ala radical de la Unión de Tribunales Islámicos, ha mantenido su actividad pese a que la campaña multinacional contra el terrorismo, en la que participan desde clanes locales hasta potencias como Estados Unidos, ayudando a Mogadiscio a recuperar un tercio del territorio somalí en 2022. En 2023, Al-Shabaab continuó fortaleciendo sus capacidades de ataque y expandió sus operaciones en el noreste de Kenia.

En el este africano, ISIS se encuentra presente por medio del Estado Islámico de Mozambique (ISM) en la provincia de Cabo Delgado. Tras hacerse con el control de la ciudad de Palma en 2021, el ISM parecía haber entrado en declive pero, en febrero de 2024, el grupo llevó a cabo una nueva ofensiva en la que logró tomar la ciudad de Quissanga. 

Por su parte, las operaciones antiterroristas congoleñas y ugandesas en los bastiones tradicionales del Estado Islámico de la provincia de África Central (ISCAP), cerca de la frontera oriental de la República Democrática del Congo con Uganda, han expandido la presencia del área de operaciones del ISCAP hacia el oeste. En Nigeria, el Estado Islámico en la Provincia de África Occidental (ISWAP) se ha mantenido como una amenaza, recaudando impuestos de las poblaciones bajo su control y atacando nuevas áreas como el estado de Jigawa.

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Aunque en menor medida, Estado Islámico también está presente en la Península del Sinaí (ISSP). Sin embargo, las actividades contraterroristas egipcias han logrado debilitar al grupo, que ganó notoriedad internacional tras el atentado contra el vuelo 9268 de Metrojet en 2015. 

Estado Islámico y Al-Qaeda en Oriente Medio

En Irak, Siria y Yemen, las actividades contraterroristas han evitado la captura de territorio por parte de Estado Islámico y Al-Qaeda, pero la situación de inestabilidad en Oriente Medio, la violencia sectaria o las precarias condiciones de vida de los desplazados en campamentos como el de Al-Hawl, en el noreste de Siria, siguen creando oportunidades para el resurgimiento de las ambiciones transnacionales de estos grupos. Además, el ansia turca por atacar territorio controlado por las SDF, aliadas de Estados Unidos en la lucha contra ISIS, podrían reducir la presión sobre este grupo.

En Irak, el Estado Islámico ha tratado de mitigar el efecto de los ataques contra sus líderes manteniendo una débil insurgencia y llevando a cabo ataques contra los Peshmerga, las PMF, líderes tribales o funcionarios de seguridad estatales. Por su parte, en Siria, el grupo ha dirigido sus atentados contra civiles o las fuerzas estatales en provincias como Deir ez-Zor u Homs y ha llevado a cabo ataques selectivos para liberar operativos clave en prisiones como la de Ghwayran.

Pese a considerar a Hamás como un enemigo por colaborar con Irán, por haber participado en las elecciones legislativas de 2006 o por centrarse en la cuestión palestina en lugar de tratar de establecer un califato a nivel global, ISIS ha tratado de capitalizar el conflicto en Gaza para motivar ataques por parte de lobos solitarios. Asimismo, el Estado Islámico del Levante ha tratado de capitalizar los ataques de las PMF a las tropas que Estados Unidos mantiene en Irak para apoyar a Bagdad en su lucha contra el grupo.

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Hayat Tahrir al Sham (HTS), que surgió tras la fusión de grupos rebeldes sirios como Jahbat al-Nusra, se desvinculó de Al-Qaeda en 2016 y, desde entonces, ha tratado de gestionar la administración diaria y proporcionar seguridad y servicios de bienestar a los residentes de Idlib, en Siria. Así, HTS ha emergido como un proto-estado que ha repelido a elementos más extremistas, como Estado Islámico.

No obstante, todavía existen preocupaciones por saber hasta qué punto HTS se ha desvinculado de Al-Qaeda. Además, se sospecha que el grupo provee santuario a organizaciones como el Movimiento Islámico del Turquestán Oriental o Khatiba al Tawhid wa al Jihad. HTS también ha ganado relevancia en la región dado que Turquía ha llegado a colaborar con la organización para evitar la expansión kurda y debilitar al régimen de al-Assad.

Al-Qaeda también se encuentra presente en la región por medio de Al-Qaeda en la Península Arábiga (AQAP) que, en mayo de 2023, incrementó sus operaciones contra las actividades contraterroristas en el sur de Yemen en una intensidad no vista desde 2015. Por último, en lo relativo al conflicto entre Israel y Palestina, cabe mencionar que Al-Qaeda mantiene una postura más pragmática que el Estado Islámico, llegando a celebrar las acciones las brigadas Al-Qassam, la rama militar de Hamás, en mayo de 2021. 

Estado Islámico y Al-Qaeda en Asia Central

El control talibán de Afganistán ha beneficiado a Al-Qaeda en el subcontinente Indio (AQIS) pues, al contar la Red Haqqani con posiciones clave en la administración talibán, la organización se ha beneficiado del santuario que provee el grupo pastún para reclutar y entrenar a combatientes. Asimismo, AQIS ha profundizado en su relación con Tehrik-e-Taliban Pakistan (TTP), un grupo formado en 2007 mayoritariamente por pastunes que, mediante ataques contra civiles o militares, buscan derrocar al gobierno pakistaní a fin de imponer un estado islámico en el país. 

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La llegada de los talibanes a Afganistán ha influido en la seguridad en la región.

Siguiendo esta línea, se sospecha que AQIS busca expandirse desde Pakistán y Afganistán hasta India, Bangladesh o Myanmar. Para ello, el grupo estaría permitiendo al TTP sortear restricciones impuestas por los talibanes y a sus combatientes refugiarse en Afganistán para cruzar la porosa línea Durand al atacar Pakistán.

El Estado Islámico del Jorasán (ISIS-K), fundado en 2015 por disidentes de los talibán, a quienes critican por haber antepuesto el interés pastún y nacional sobre el religioso y por haber llevado a cabo negociaciones con Washington, Pekín o Moscú, se ha beneficiado de la caída del gobierno de Ashraf Ghani en 2021. Pese a los esfuerzos del régimen talibán por securitizar Afganistán, ISIS-K ha tratado de expandir su influencia sobre las minorías uzbeka o tayika y ha mantenido su capacidad operativa, llevando a cabo atentados recientemente en Moscú o en Kermán. 

Conclusión

Pese a que tanto Al-Qaeda como Estado Islámico han sufrido una disminución en su capacidad operativa y un debilitamiento de su estructura organizativa, ambos grupos pueden aún beneficiarse de situaciones de inestabilidad política, marginalización social, corrupción o pobreza en regiones vulnerables. 

Las probabilidades de que Estado Islámico logre un éxito similar al alcanzado en 2014 son bajas dado que muchos de sus líderes han sido eliminados, su acceso a recursos financieros líquidos se ha visto reducido y el fundamentalismo extremista o los castigos colectivos han reducido el apoyo de la población local a la organización. 

 Expansión del Estado Islamico (Fuente: La historia con mapas)
 Expansión del Estado Islámico en 2014-2015. Fuente: La historia con mapas

Además, pese a que ISIS es el grupo yihadista preponderante a escala global, lo que le otorga capacidad de influencia sobre lobos solitarios, las continuas pérdidas de liderazgo han forzado al grupo a depender de ramas locales, como ISIS-K o ISGS. Igualmente, Estado islámico continúa tratando de mantener una estructura organizativa que no permita excesiva autonomía a sus provincias.

En lo relativo a Al-Qaeda, la llegada al poder de los talibán en Afganistán, el resurgimiento del TTP, la inestabilidad en el Sahel o el nuevo liderazgo tras el asesinato de Ayman al-Zawahiri podrían abrir una nueva ventana de oportunidad para reclutar y entrenar a combatientes con los que hacer frente a la influencia de Estado Islámico. 

No obstante, la capacidad de la organización para llevar a cabo grandes atentados en occidente se ha debilitado al haber priorizado las ramas locales de mayor relevancia, como el JNIM, sus agendas regionales sobre la lucha contra el “enemigo lejano”.

Finalmente, ISIS puede capitalizar el conflicto en Gaza para alentar a la movilización de combatientes en defensa de consignas clásicas como la violación de territorio musulmán por parte de occidente. Sin embargo, el distanciamiento entre Estado Islámico, Al-Qaeda y Hamás, así como la distinta naturaleza del conflicto israelí-palestino con respecto al de Siria, pues Hamás no trata de captar combatientes extranjeros y lucha, fundamentalmente, por el establecimiento de un estado islámico en Palestina, reducen la probabilidad de que el yihadismo global repunte a causa del conflicto.

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