Recientemente, la reunión entre Trump y Zelenski ha generado toda una oleada de comentarios a lo largo y ancho del mundo, afectando a los mercados mundiales. Esta oleada de reacciones por parte de los políticos occidentales y los mercados se debe a la exitosa estrategia de Trump: inundar la cotidianidad de titulares estridentes logrando un dominio absoluto sobre la agenda mediática. Dicha estrategia tiene adeptos y detractores, unos la llaman “menear el avispero”, mientras que otros la catalogan de “operación psicológica”. En realidad, es una estrategia de comunicación conocida como “inundar la zona”.

En un mundo donde la noticia no dura ni 24 horas, la infoxicación[1] es continua y los medios pueden ser tanto enemigos como aliados de esta tendencia. De cualquier modo, vemos a diario el éxito Trump y su equipo de comunicación. Y es que a la postura cambiante del mandatario semana tras semana, se suman el constante flujo de declaraciones que provoca, las visitas de mandatarios europeos y las reuniones en Arabia Saudí, lo que ha terminado por impactar en la posición de la Administración Trump respecto a la invasión de Ucrania y las negociaciones con Rusia para alcanzar acuerdos de alto el fuego.

Todo ello ha llevado a Europa a replantearse su estrategia en materia de Defensa, lo que, de un modo u otro, implica la necesidad de auditar la salud económica del Viejo Continente.

Hace tiempo que Europa superó a Estados Unidos en ayuda total a Ucrania. Ayuda acumulada en miles de millones de euros, 2022-2024. Fuente: Instituto de Kiel para la Economía Mundial.
Hace tiempo que Europa superó a Estados Unidos en ayuda total a Ucrania. Ayuda acumulada en miles de millones de euros, 2022-2024. Fuente: Instituto de Kiel para la Economía Mundial

Economías de guerra

Respecto a las economías de guerra, la historia nos ha dejado ejemplos reveladores con resultados dispares. La Segunda Guerra Mundial ayudó significativamente a sacar a Estados Unidos de la Gran Depresión. La movilización masiva de recursos y mano de obra para la producción militar generó un crecimiento económico sin precedentes. El PIB real aumentó un 52.4% entre 1939 y 1944, y el desempleo cayó del 14.6% en 1940 al 1.2% en 1944. 

Además, el gobierno incentivó a las empresas privadas para transformar sus fábricas en centros de producción bélica, mientras que los ciudadanos participaron activamente mediante el racionamiento y la compra de bonos de guerra. Este esfuerzo colectivo permitió alcanzar prácticamente el pleno empleo y revitalizó la economía estadounidense.

En cambio, la economía del Reino Unido se vio gravemente afectada durante y después del conflicto. En su punto álgido, los británicos llegaron a destinar aproximadamente el 50% de su PIB anual al esfuerzo de guerra. Esta movilización de recursos para sostener el conflicto fue apoyada en gran medida por préstamos y ayuda de Estados Unidos, como el programa Lend-Lease. Sin embargo, esta presión económica dejó al país con una deuda considerable al final de la guerra. 

Propaganda de la Segunda Guerra Mundial (Oficina de Imprenta del Gobierno de EE. UU., 1942). Fuente: Oficina de Imprenta del Gobierno de EE.UU.
Propaganda de la Segunda Guerra Mundial (Oficina de Imprenta del Gobierno de EE. UU., 1942). Fuente: Oficina de Imprenta del Gobierno de EE.UU.

El coste social y humano

Coincide que durante los años 2000 el que suscribe este artículo desarrolló su tesina en Leeds, buscando una solución o equilibrio econométrico a la hora de gestionar conflictos. Así pues, durante mi visita a un aeródromo en la región de Yorkshire, entreviste a un piloto de Mosquito y, armado con el dato del esfuerzo que el Reino Unido realizó en términos de PIB, le pregunté de manera torpe y rocambolesca cómo interpretaba el coste de la guerra. 

Tras un pasmoso silencio, respondió que fueron muy pocos los hombres de su escuadrón que sobrevivieron. Este irrespetuoso entrevistador entendió una respuesta que 25 años después aún no ha olvidado. Mi fracaso consistió en discriminar la parte humana de una ciencia social. Muchos lustros después, continuamos simplificando la pérdida e involución humana al conteo estadístico. 

Esto mismo se refleja claramente en la Guerra de Ucrania, pues aunque Kiev "solo" ha dedicado en su punto más álgido un 37% de su PIB al esfuerzo de guerra (según el Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo) el coste humano y social ha sido mucho más profundo que lo que nos dicen los datos, puede que incluso superior al que realizó Reino Unido en la Segunda Guerra Mundial. 

Economía de la Unión Europea

Hace unas semanas, el prestigioso medio Financial Times puso de manifiesto una de las principales debilidades de Europa: su dependencia tecnológica de Estados Unidos. En este contexto, Mario Draghi, expresidente del Banco Central Europeo y exprimer ministro de Italia, señaló en el mismo medio que las barreras internas y los obstáculos regulatorios en la Unión Europea afectan más al crecimiento económico que cualquier medida proteccionista que pueda imponer Estados Unidos. 

Draghi calificó esta situación como una suerte de "auto imposición de aranceles", que Europa lleva sosteniendo durante años. El economista subrayó que las normativas excesivas dentro del continente han creado barreras comerciales equivalentes a altos aranceles, limitando la competitividad y el dinamismo del mercado interno europeo. 

Esta situación contrasta con la necesidad urgente de autonomía tecnológica, especialmente en sectores estratégicos como el almacenamiento y la gestión de datos, donde el 90% de los datos europeos están controlados por empresas estadounidenses. En este sentido, Draghi instó a los líderes europeos a priorizar las reformas estructurales que eliminen estas barreras internas, promoviendo un mercado único más eficiente y capaz de competir a nivel global sin depender de potencias extranjeras.

Una vez más Europa tiene que enfrentar decisiones difíciles, y solo los estados bálticos y Polonia parecen haber dejado de lado los titubeos y estar dispuestos a dar soluciones. 

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Gasto militar en porcentaje del producto interior bruto, por países, 2023. Notas: Los 10 países con mayor gasto militar en porcentaje del producto interior bruto están etiquetados. Los límites utilizados en este mapa no implican ninguna aprobación o aceptación por parte del SIPRI. Fuente: Base de datos de gasto militar del SIPRI, abril. 2024.

El plan de la UE

La Comisión Europea presentó en marzo de 2014 la primera Estrategia Industrial de Defensa Europea (EDIS), con el objetivo de fortalecer la preparación y seguridad de la Unión. Entre las metas clave, destaca que para 2030 al menos el 40% de las adquisiciones de defensa deben realizarse de manera colaborativa entre los Estados miembros y que el 50% del presupuesto de contratación pública se debe destinar a proveedores europeos, de tal manera que para 2035 esta cifra haya aumentado al 60%. Además, se busca que el comercio interno represente al menos el 35% del valor de mercado de defensa europeo para finales de esta década. 

En principio, el programa movilizará 1.500 millones de euros del presupuesto comunitario entre 2025 y 2027. Esta financiación apoyará la industrialización de proyectos derivados del Fondo Europeo de Defensa y facilitará el acceso a financiación para pequeñas y medianas empresas del sector. También implementará un marco legal, denominado Programa Estructura para los Armamentos Europeos (SEAP), con el objetivo de fomentar la cooperación entre los Estados miembros de cara a la realización proyectos estratégicos. 

En respuesta a las necesidades inmediatas derivadas del conflicto en Ucrania, la EDIS incluye iniciativas específicas como un foro industrial UE-Ucrania y una oficina de innovación en Kiev. Estas medidas buscan integrar a Ucrania en los programas europeos sin comprometer su estatus político actual. Con esta estrategia, la UE pretende consolidarse como un actor global en defensa, reduciendo su dependencia externa y fortaleciendo su capacidad industrial frente a futuros retos.

Los problemas de siempre

La evolución de las empresas de defensa afecta a la industria pesada y las empresas tecnológicas. En este sentido, la estrategia de la UE enfrenta numerosas dificultades como no podría ser de otra forma. El rearme tendrá que poner de acuerdo diferentes puntos de vista. Para empezar, la estrategia cuenta con un presupuesto de 1,6 billones de euros, cifra a poner en contraste con los 500 billones que el sector considera óptimos. Además, casi la totalidad de los presupuestos de la industria europea dependen de los fondos propios de los Estados miembros. Se puede plantear la eficiencia de esta financiación unificando está tarea a nivel supranacional a través de los Eurobonos, como se hizo durante la pandemia, o a través del Banco Europeo de Inversión (EIB, por sus siglas en inglés). Sin embargo, estas opciones no están exentas de dificultades, dadas las dicotomías individuales derivadas de la politización de la inversión en Defensa, así como las propias limitaciones legales de los Estados miembros en materia de compra y venta de armamento.

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Rheinmetall desarrolla la iniciativa húngara "Zrínyi 2026", centrada en el equipamiento moderno para las fuerzas armadas nacionales. Fuente: Rheinmetall

Por último, la política europea de Defensa podría crear más fricciones entre los aliados de la OTAN si se excluyen las inversiones de los países no miembros, como podría ser el caso del Reino Unido y Estados Unidos. Así pues, los requisitos de la UE serían independientes de las demandas del secretario general de la Alianza del Atlántico Norte, que exige un gasto del 3,5% del PIB, algo que solo cumplen Polonia y los estados bálticos, seguidos por Alemania y Francia, con un 2% de gasto. Italia y España aún no han llegado a ninguna de las anteriores cifras.

Xavier Colas, compañero de fatigas en el Dombass durante el 2014, ha mencionado en la Sexta más de una vez que la Segunda Guerra Mundial comenzó en marzo de 1939, cuando la Alemania nazi invadió y ocupó las provincias checas de Bohemia y Moravia, en flagrante contravención del Pacto de Múnich. Sin embargo, y tras tres años de conflicto, parecería que en el caso de la Unión Europea ha sido la nueva Administración Trump y no la agresión de Putin la que ha hecho abrir los ojos a Europa sobre su patente falta de seguridad. 

Economía de Rusia

Actualmente, el gasto militar ruso representa un 6.31% de su PIB, habiendo aumentado significativamente desde el inicio de la guerra en Ucrania. Asimismo, la tasa de desempleo se ha reducido desde el comienzo de la invasión, algo que, lejos de ser positivo, refleja el impacto del reclutamiento forzoso. 

A pesar de las afirmaciones de Putin sobre la fortaleza de la economía rusa, impulsada por el gasto en la guerra, los expertos advierten que esta resiliencia es un espejismo. Rusia estaría utilizando un "esquema de financiación extrapresupuestario" a través de deuda corporativa obligatoria para ocultar los verdaderos costes de la guerra, lo que podría llevar a una crisis crediticia. 

Además, la economía enfrenta diversos problemas como la alta inflación, la escasez de mano de obra y el impacto creciente de las sanciones occidentales, tensando el contrato social entre el Kremlin y la población rusa, que espera apoyo financiero. En definitiva, todos estos factores han provocado una desaceleración económica y un déficit presupuestario creciente, lo que podría forzar a Rusia a negociar antes de lo esperado. 

Conclusión

Independientemente de la situación económica de Rusia y del estado de su ejército, la nueva arquitectura de defensa europea no podrá funcionar si no se recuperan los valores fundacionales de la Unión Europea y, además, se tiene en cuenta la migración de una geopolítica unipolar a un mundo multipolar. En este contexto, si en el pasado la seguridad fue delegada, en gran medida, a la voluntad de Estados Unidos, ahora es imperativo asumir esa responsabilidad, entendiendo que la seguridad no puede sostenerse sobre la externalización de sus funciones principales. 

Además, en esta competencia por el dominio global, existen varios actores dispuestos a llenar los vacíos de poder. Un ejemplo claro es el presidente Xi Jinping, que ha expresado su objetivo de convertir a China en una potencia militar de primer nivel con capacidades de seguridad global, un propósito que sustenta muchos de los proyectos vinculados al Gran Sueño Chino.


[1] Exceso de información que recibimos a diario desde la llegada y masificación del internet y redes sociales. 

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