Importaciones grises y el fracaso de las sanciones
Vivimos con titulares casi diarios sobre los paquetes de las últimas sanciones a Rusia, las cuales en dos años no parecen haber obtenido los resultados previstos. Las sanciones económicas son las penas que terceros países imponen a otro para evitar que continúe su agresión o incumplan el derecho internacional. Estas medidas genéricas se pueden distribuir de igual modo que la economía de un país se diversifica. Se escalan o moderan dependiendo de la intensidad de la agresión que pretenden disuadir.
¿Qué tipo de sanciones se están aplicando?
Desde el inicio de la invasión la Secretaria General del Consejo de la Unión Europea ha lanzado como respuesta a Rusia la inmovilización de bienes contra personalidades y compañías. Entre los sancionados, se encuentran los grandes líderes políticos de la Federación, entidades financieras, partidos políticos y un popurrí de empresas tecnológicas, de aviación o navales.
Las sanciones económicas se han centrado en intentar torpedear las finanzas, el transporte, la energía y la defensa. También se han restringido medios de comunicación y se han tomado medidas diplomáticas y sobre visados. El Consejo también ha aplicado sanciones directamente a Bielorrusia por su participación en la agresión militar.

Entre la última batería de sanciones, antes de que se cumpliera el segundo aniversario del conflicto, el presidente Joe Biden anunció 500 nuevas sanciones contra la maquinaria de guerra. Se han impuesto restricciones a casi 100 empresas e individuos relacionados con el encarcelamiento del opositor ruso, Aleksi Navany.
El Reino Unido ha impuesto 50 nuevas prohibiciones a las exportaciones rusas de metales, diamantes y energía, así como medidas enérgicas contra los que suministran al ejército ruso sistemas de misiles, cohetes y explosivos. El Ministro de Asuntos Exteriores, Lord David Cameron dijo que se seguirá apoyando a Kiev “durante el tiempo que sea necesario”.
Las nuevas sanciones de Washington, ahora amenazan con afectar las ventas de crudo marítimo ruso a la India, que se ha posicionado como su mayor comprador. Algo que, por otra parte, pone nerviosas a las refinerías indias que temen un aumento de las tarifas de flete. India no solía comprar petróleo a Rusia antes de 2022 por los altos costes del transporte.
¿Están funcionando las sanciones?
No, las sanciones no están funcionando, aunque seguramente sin ellas, la guerra se habría recrudecido aún más. Pero a todas luces, vemos que son insuficientes. Las sanciones no funcionan por una serie de errores de base y por la falta de extensión de las mismas. Los bloqueos a Irán y a Corea del Norte tienen unas dimensiones totalmente distintas.
Una de las principales razones la encontramos al mirar el panorama económico, para ver que más de medio planeta aun comercia con Rusia. Las sanciones son solo impuestas por Europa, Estados Unidos, Canadá, Japón y Australia. Quedan el resto de países que no han emitido sanciones o no han dejado de comerciar con la Federación Rusa.

Hemos visto que las sanciones europeas en materia energética son difíciles de entender cuando se prohíbe el comercio de petróleo con Rusia pero no el de gas, algo que atiende a una precariedad energética de los países miembros de la Unión Europea.
Por ejemplo, Austria es totalmente dependiente del gas ruso con una importación que asciende al 98%. Es más, según un estudio de la organización de vigilancia medioambiental Global Witness, las compras de gas natural licuado (GNL) por parte de la Unión Europea han aumentado un 40% en comparación con las cifras previas a la invasión.
Las medidas parecen haber perjudicado a los europeos en mayor medida que a los rusos. Todos los medios de comunicación nos hemos hecho eco del último informe de enero de 2024 del Fondo Monetario Internacional, que ha mejorado el crecimiento económico esperado de Rusia en 1,5 puntos porcentuales respecto a la previsión anterior.
El producto interior bruto (PIB) crecerá un 2,6% en el 2024 y en un 1,1% en el 2025. Cifras incentivadas por el consumo privado y el gasto militar. Estos datos implican que Rusia ha mejorado sus previsiones respecto a las proyecciones que se realizaban a comienzos de la invasión en febrero de 2022.

En The Political Room ya hemos hablado que las condiciones en el Mar Negro favorecieron el crecimiento de la “flota oscura”, mercantes viejos que no cumplen los requisitos internacionales de seguridad en la navegación y que son utilizados para saltarse las sanciones.
Este es otro motivo por el que las sanciones directamente no se cumplen o sencillamente se usan terceros países para desviar las exportaciones con destino a Rusia desde la Unión Europea. Un estudio que ha visto la luz el pasado 26 de febrero, de la mano del director de estudios económicos de la escuela superior de gestión IESEG, Eric Dor, ha puesto de manifiesto que grandes porciones de las exportaciones europeas a otras jurisdicciones finalmente se redireccionan a Rusia.

Las exportaciones de la UE con destino a Rusia referentes a tecnología avanzada y bienes de doble uso disminuyeron en un 95,4% por valor de 3.231 millones de euros. La UE vio compensada esta pérdida con la exportación de un 81,5% de estos bienes a Turquía, Emiratos Árabes Unidos (EAU) y Kazajistán de octubre de 2022 a septiembre de 2023, en comparación con el mismo periodo anterior, ascendiendo a 2.979 millones de euros.
Esté incremento repentino de la demanda local de esos países “amigos del Kremlin” es difícil de justificar y presumiblemente tendrían la Federación Rusa como destino final. El estudio menciona que se han producido patrones agregados con el transcurso de las sanciones. Estos “flujos fantasma” o las “importaciones grises” son la resiliencia del propio mercado ruso, que secunda periódicamente el gobierno. Se ha creado un mercado de importadores especializados en eludir las sanciones.
¿Qué nos presenta el futuro inmediato?
Dos años de conflicto, Vladimir Putin sigue aferrado al Kremlin y sin signos de que la oligarquía rusa lo deponga. La economía se ha recuperado y remodelado a partir de las sanciones. Moscú sigue pudiendo recurrir al “eje de la evasión”, donde países como Irán, China y Corea del Norte se han alineado económica y diplomáticamente con el agresor.

Estamos viviendo la recirculación de la economía que el mercado ruso está creando alrededor de las sanciones, a la vez que se está potenciando un crecimiento del PIB con la producción de armas y municiones financiadas por el Estado.
Sin duda, Vladimir Putin, tras la reelección en marzo como Presidente ante una oposición meramente testimonial, querrá presumir de una economía independiente de occidente y que está realizando una transición exitosa con nuevos socios. Con todo, el PIB no es lo único que mide el bienestar de una sociedad.
¿Cómo se trasladó la carrera armamentística de la Unión Soviética al nivel de vida de la población? Es obvio que el desarrollo de misiles incrementa las partidas del PIB pero, ¿cómo beneficia la “amortización” de ese armamento a la mayoría de rusos? Sin duda el futuro de la Federación dependerá no solo de cifras macro sino de la evolución de su economía civil.