Marruecos ha demostrado una enorme capacidad de movilización al conseguir que más de 70.000 personas violaran la frontera con España entrando en Ceuta de forma irregular. Se trata, con toda probabilidad, de una acción de guerra híbrida sin precedentes.

Viendo lo ocurrido, cada vez más personas se preguntan si Marruecos, consciente de esa capacidad, tiene planes para utilizarla no solo para movilizar a sus ciudadanos en territorio marroquí hacia nuestras fronteras, sino también a los cientos de miles que residen dentro de España para llevar a cabo otro tipo de acciones. ¿A quién serán leales ese grupo tan numeroso de personas residentes en nuestro país? ¿Puede la inmigración, legal o ilegal, ser utilizada como un caballo de Troya contra un Estado? Son preguntas que muchos países europeos deberían plantearse.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante la cena ofrecida por el rey de Marruecos, Mohamed VI. | Foto: Pool Moncloa/Borja Puig de la Bellacasa. Rabat (Marruecos) - 7.4.2022
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante una cena ofrecida por el rey de Marruecos, Mohamed VI, tras los incidentes del año 2021 y el posterior reconocimiento de la autonómia del Sáhara Occidental por parte de Sánchez. Obsérvese la bandera española, cuyo escudo está boca abajo, en claro símbolo de derrota. Rabat (Marruecos), el 7 de abril de 2022. Fuente: Pool Moncloa/Borja Puig de la Bellacasa

Somos conscientes de que la inmigración —y especialmente la irregular— es un tema controvertido y susceptible de ser instrumentalizado políticamente tanto desde la izquierda como desde la derecha. Por eso conviene recordar que la inmensa mayoría de quienes abandonan su país lo hacen por motivos totalmente legítimos: buscan una vida mejor para ellos y sus familias, oportunidades para poder subsistir. El problema surge cuando esos flujos migratorios son utilizados como vector de desestabilización, es decir, como caballo de Troya. 

Algunos gobiernos, organizaciones terroristas o redes del crimen organizado instrumentalizan los movimientos migratorios como vía de infiltración en las sociedades occidentales. Señalar esta realidad no es criminalizar a la inmigración: es un ejercicio de realismo. Entre los millones de inmigrantes que hay en todo el mundo, se esconden unos pocos individuos con intenciones perversas. Los propios migrantes son, en ese sentido, también víctimas al ser utilizados y empujados hacia un destino incierto o incluso la muerte.

Los gobiernos occidentales deben ser conscientes de los riesgos que puede generar una inmigración descontrolada y actuar en consecuencia para garantizar, en primer lugar, la integridad territorial, la seguridad de los ciudadanos y la de los propios migrantes y, por supuesto, el derecho de asilo de quienes huyen realmente de guerras o persecuciones políticas o religiosas.

Reivindicaciones del Gran Marruecos según su ideólogo, Allal el Fassi. En rojo, el territorio efectivamente reclamado y ocupado en relación con el Gran Marruecos.
Reivindicaciones del Gran Marruecos según su ideólogo, Allal el Fassi. En rojo, el territorio efectivamente reclamado y ocupado en relación con el Gran Marruecos.

¿Por qué es guerra híbrida y no algo casual?

La primera entrada masiva de inmigrantes irregulares se produjo entre el 29 de julio y el 1 de agosto. Durante esos días se registró un flujo constante y creciente de individuos de origen marroquí traspasando la frontera. Se calcula que entraron unos 70.000, aunque no existen cifras exactas. Como en ocasiones anteriores, a través de grupos en redes sociales se incitó a esas personas a entrar en Ceuta. Este tipo de operaciones de movilización se apoyan también en la creación y difusión de bulos, publicando imágenes y vídeos de entradas masivas anteriores o contenido generado o alterado mediante inteligencia artificial. Muchos de los destinatarios de esos mensajes son personas jóvenes con escasa formación, lo que les hace más vulnerables a la manipulación.

Tras esa primera oleada, circularon mensajes en grupos y chats para fomentar una nueva entrada masiva en Ceuta el 15 de agosto. Lo llamativo de esta segunda oleada es que el origen de los migrantes que traspasaron la frontera era muy distinto: en su mayoría procedían del África subsahariana u otras regiones del continente, no de Marruecos como en la primera.

Con todo ello podemos ver cómo Marruecos dispone de una enorme capacidad de movilización para enviar a sus ciudadanos a cruzar la frontera, pero también la capacidad de determinar el perfil de los migrantes que moviliza. Durante la primera oleada, cuando la mayoría procedía de Marruecos, la guardia fronteriza marroquí prácticamente no actuó. El 15 de agosto ocurrió lo contrario: los agentes marroquíes se emplearon con contundencia para reducir el número de entradas irregulares. No intervienen cuando son ciudadanos marroquíes, pero sí actúan sin contemplaciones cuando son de otros países.

También fue muy llamativa la cantidad de mensajes en redes sociales —principalmente en X— apoyando la primera de las incursiones y defendiendo el derecho de Marruecos sobre los territorios españoles en África. En su mayoría provenían de cuentas aparentemente radicadas en Estados Unidos e Israel. Dada la repentina masividad de esa campaña, resulta poco probable que surgiera de forma orgánica: todo apunta a una campaña coordinada de desinformación mediante cuentas automatizadas.

Marruecos y la estrategia de la Cosa Nostra

Cada día resulta más evidente que lo ocurrido el 1 de julio y el 15 de agosto constituye una maniobra de guerra híbrida contra España, pero también una suerte de demostración de fuerza destinada a vender al reino marroquí como la barrera más eficiente contra la entrada de migrantes irregulares en Europa. Se trataría de una operación de extorsión geopolítica estructurada: crear el problema y vender la solución, exactamente igual que la mafia, solo que a escala geopolítica. Una parte esencial de la guerra híbrida es operar en las "zonas grises" del tablero internacional.

Todos hemos visto alguna película en la que unos mafiosos destrozan un bar y al día siguiente le ofrecen al dueño "protección" a cambio de un pequeño porcentaje de sus beneficios. En el caso que nos ocupa ocurriría algo similar: Rabat instrumentaliza los flujos migratorios para posicionarse como el único actor capaz de contenerlos eficazmente, y vendería esa posición a España y Europa a cambio de un precio político y económico considerable. No se trata solo de obtener financiación, sino de ganar estatus internacional y consolidarse como un elemento geopolítico indispensable para la seguridad de Europa.

España debe decidir, en consecuencia, si cede y sigue proyectando una imagen de debilidad o si marca límites claros.

Peligros de las oleadas masivas de inmigrantes

Al margen de todo lo anterior, estas oleadas —que no serán las últimas— pueden estar siendo monitorizadas por los servicios de inteligencia y el ejército de Marruecos para evaluar los tiempos de reacción de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado y detectar posibles puntos débiles en nuestros territorios en el continente africano.

En cuanto a los propios migrantes, aunque la mayoría busca oportunidades para labrarse un futuro mejor, no conviene ignorar el denominado "efecto turba", ampliamente estudiado por la psicología y la criminología. Comportamientos que un individuo jamás llevaría a cabo en solitario pueden producirse cuando se actúa dentro de un grupo numeroso. El ejemplo más gráfico son los saqueos: muy pocas personas romperían por sí solas el escaparate de una tienda, pero si perciben que decenas de personas ya lo están haciendo, la probabilidad de imitación aumenta considerablemente.

Una gran concentración de personas en un territorio reducido —como la Ciudad Autónoma de Ceuta, Melilla o islas como El Hierro— sumada a condiciones higiénico-sanitarias precarias puede generar un caldo de cultivo para incidentes de seguridad de distinta índole, tanto para los ciudadanos españoles como para los propios migrantes. Tampoco deben subestimarse los riesgos sanitarios derivados de la llegada de personas en condiciones de hacinamiento y con controles previos insuficientes.

España debe saber quién llega

Por todo lo anterior, el gobierno español tiene la obligación de desplegar en las zonas críticas todos los medios y el personal necesarios para conocer quién entra en el país. El "quién" no se limita a un nombre y apellidos ni a un pasaporte —la mayoría llega indocumentada—: implica conocer los antecedentes penales y sanitarios, así como las motivaciones reales del desplazamiento, verificando si existen razones fundadas para solicitar asilo o si existen indicios de otras intenciones.

Toda esa información debería ser recopilada y analizada por personal especializado capaz de distinguir entre solicitantes de asilo legítimos y miembros de organizaciones criminales o terroristas, una tarea de gran complejidad. Los yihadistas que llegan a nuestro país han recibido en ocasiones formación para mimetizarse entre el resto de migrantes. La doctrina conocida como taqiyya les permite adoptar hábitos y apariencias acordes con el entorno occidental para ocultar su verdadera afiliación ideológica.

No basta, por tanto, con enviar agentes sin formación específica, ni delegar esta labor en las ONG presentes en la zona. Es imprescindible además una coordinación estrecha entre los distintos cuerpos de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado y, especialmente, entre el CNI (Centro Nacional de Inteligencia)  y el CIFAS (Centro de Inteligencia de las Fuerzas Armadas).

Conclusión

Marruecos trata una vez más de doblegar a España mediante la guerra híbrida, instrumentalizando a los más vulnerables con el objetivo a corto plazo de obtener financiación de España y Europa, y con un objetivo de fondo más ambicioso: avanzar en su aspiración al llamado "Gran Marruecos" y consolidar su presencia sobre los territorios españoles en el continente africano. La pasividad de España en esta crisis no solo pone en riesgo al propio país: la frontera de Ceuta y Melilla es también la frontera sur de Europa, y la Unión Europea debería implicarse más en su defensa.

España tiene dos opciones: seguir comportándose como si fuera un país vasallo de Marruecos, o decir basta y marcar sus límites para defender su territorio y a sus ciudadanos. La respuesta debe ser proporcionada pero contundente, y debe enviar un mensaje claro a Marruecos, a sus aliados y, sobre todo, a los ciudadanos de Ceuta, Melilla y las Islas Canarias: esos territorios son y serán siempre España, y se defenderán.

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