Montenegro y las trampas de soberanía de China
A finales de 2021, varios medios de comunicación encendieron todas las alarmas después de que Montenegro anunciara su incapacidad para hacer frente al primer pago de un préstamo que había tomado del China’s Export-Import Bank para construir una autopista colosal a través del país.
Normalmente, estas situaciones se solucionaban con la reestructuración de la deuda, lo que implica más intereses. No obstante, el préstamo chino escondía oscuras ambiciones en su contrato. Si Montenegro no era capaz de saldar su deuda a tiempo, tenía que ceder una parte de su infraestructura crítica (como un puerto o un aeropuerto) a Pekín. Dicho de otra forma, si Montenegro no conseguía pagar, China podía quedarse con parte de su territorio y utilizarlo para sus propios fines.
Esta no era la primera vez que China ofrecía préstamos atractivos con intereses ocultos como parte de su “Belt and Road Initiative” (BRI). Más de la mitad de los países del mundo ya han firmado acuerdos de cooperación dentro del marco de la BRI, la cual tiene como objetivo oficial “conectar al mundo a través de proyectos destinados a mejorar y construir infraestructuras para el transporte”.
De Latinoamérica a África, varios países que hasta ahora lo tenían difícil para saldar sus deudas con el Banco Mundial y el FMI, ahora gozan del crédito ofrecido por China, ya que presenta unas condiciones favorables que seducen a los gobiernos locales. Varias entidades financieras y empresas de construcción chinas están implicadas en la actualidad en proyectos alrededor del mundo, estableciendo oficinas y suministrando la mano de obra necesaria.

Diferentes voces critican esta estrategia de “neocolonialismo”, pero lo cierto es que a Xi Jinping de momento no le tiembla el pulso.
¿Qué es la Belt & Road Initiative?
En una visita a Kazajistán en 2013, Xi Jinping anunció por primera vez y de manera oficial el comienzo de la BRI. La proclama del líder chino en Astana fue tan sólo la cristalización de un proyecto que llevaba expandiéndose desde 2008, pero que todavía no había sido bautizado.
El objetivo real del proyecto es facilitar las exportaciones de China alrededor del mundo a través de nueva infraestructura de transporte. Esto no solo incluye carreteras y vías de tren, sino también puertos, aeropuertos y mucho más. Además, China suele ofrecer la mano de obra necesaria para la construcción de la infraestructura, lo que eleva el atractivo de los préstamos ofrecidos por Pekín.
En 2018, la inversión extranjera directa (IED) de China a través del BRI llegó a los $178.000M. Los principales inversores en estos proyectos fueron el CEXIM Bank y el Banco de Desarrollo Chino, quienes participan en alrededor de un 40% de la totalidad de los proyectos respectivamente.
En las iniciativas que son parte de la BRI el gigante asiático pone una serie de condiciones que deben ser respetadas para poder participar. Primero, la solución de disputas se debe realizar en China, bajo la jurisdicción de China y no a través de otras instituciones como la Organización Mundial del Comercio. Además, los contratos no siempre cubren todas las condiciones pactadas y hay mucho secretismo alrededor de éstos, lo que ha llevado al FMI a criticar la falta de transparencia en la estrategia de Pekín.

En caso de que un país no pueda pagar, China suele ofrecer rescates con duras condiciones. De 2008 a 2021, el país asiático pagó alrededor de $240.000M en rescates, lo que refleja el pobre estado de las economías de esas naciones y la mala gestión de los proyectos.
Las tasas de interés de los rescates suelen ser enormes (un 5% comparado con el 1/2% que suele ofrecer el FMI). El objetivo de esto es tener a dichos países ligados a Pekín durante un largo tiempo para crear una relación desigual. Esta situación de desesperación e inferioridad permite a China pedir “favores” o proponer soluciones alternativas para reducir la deuda de dichos países.
El caso de Montenegro
El ministro de economía de Montenegro firmó el acuerdo con la BRI a través de un Memorando de Entendimiento durante su visita a Pekín en mayo de 2017. Poco tiempo después, ambos gobiernos anunciaron el inicio de múltiples proyectos en el pequeño país balcánico.
La principal inversión china consistió en un préstamo de mil millones de dólares por parte del Export-Import Bank para construir 41 Km de una sección de la nueva autopista, que iba a atravesar el montañoso relieve de Montenegro y conectar su capital con la frontera serbia. La “China Road and Bridge Corporation” se encargó del proyecto, contrató a sus propios expertos y trasladó su propia maquinaria para llevarlo a cabo.
Debido al préstamo y a los intereses chinos, la deuda montenegrina aumentó hasta el 103% de su PIB total. Esto llamó la atención del FMI, que en 2021 declaró que la situación del país era crítica y que no debía endeudarse más para poder pagar las deudas contraidas.
Poco tiempo más tarde, el gobierno montenegrino desveló que el dinero del préstamo se había gastado al completo debido a la mala gestión del proyecto y ahora el país tenía una autopista a “ninguna parte”, ya que no consiguieron finalizar la construcción.
Dicha situación cogió por sorpresa al ejecutivo, ya que había sido la China Road and Bridge Corporation la encargada de llevar a cabo el proyecto, lo que implicaba que los chinos habían administrado de mala manera los fondos. Aún así, el banco chino reclamó el pago de la primera parte de la deuda y Montenegro empezó a revisar el contrato para ver cómo podía hacer frente a dicho reto, dada su pobre situación económica.
Fue entonces cuando descubrieron una pequeña cláusula por la cual, en caso de incumplimiento de la deuda, Montenegro tendría que ceder cualquier tipo de infraestructura crítica (menos instalaciones militares) al banco (ergo, gobierno) chino. Esto alarmó al pequeño país balcánico y a la propia Unión Europea, que observaba cómo uno de sus rivales geopolíticos amenazaba con tomar parte del territorio de uno de los países candidatos a entrar en la Unión.

Montenegro pidió ayuda a Bruselas para pagar la deuda china. La Comisión se negó a hacerlo, pero en cambio ayudó a cerrar un acuerdo con cuatro bancos occidentales: Goldman Sachs, Deutsche Bank, Société Générale y Merrill Lynch. Dicho acuerdo incluyó la conversión de la deuda de dólares a euros y, dada la devaluación (en 2021) del euro frente al dólar, facilitaba mucho el pago. El contrato se firmó por catorce años con la posibilidad para Montenegro de poder salir de él a partir del segundo año.
Finalmente, Montenegro logró hacer frente al pago de la deuda a tiempo, evitando las duras condiciones de Pekín. En 2023, Podgorica decidió acabar el acuerdo con los cuatro bancos, ya que las “condiciones para pagar la deuda de la autopista eran favorables”.
A pesar de salvarse de la “trampa china”, lo cierto es que esta maniobra le salió muy cara económica y políticamente a Montenegro. Una de los principales condiciones para unirse a la UE es tener una deuda por debajo del 60% del PIB total.
Las múltiples víctimas de Pekín
Montenegro no es el único país cuya soberanía se ha visto amenazada por los peligrosos préstamos chinos. Esta práctica es bastante común y varios países están bajo presión, mientras ven cómo la influencia de Pekín aumenta en sus dominios de forma irreversible.

En 2017, Sri Lanka estaba en una situación muy similar a la de Montenegro, con una deuda que podía forzar al país al incumplimiento definitivo de sus pagos pendientes. Gran parte de dicha deuda se debía a los bancos chinos, quienes llevaban financiando varios proyectos de infraestructura durante muchos años.
Según informaron varias fuentes, Sri Lanka ofreció a la compañía china CMPort el 70% del puerto de Hambantota en un contrato de arrendamiento que duraría 99 años a cambio de que los bancos chinos perdonasen la deuda esrilanquesa. A pesar de que el acuerdo fue aparentemente promovido por Sri Lanka, la estrategia fue seguramente diseñada por China para que ningún titular tildase a Pekín como el “agresor”.
Ahora, China es la dueña de uno de los puertos más importantes de Sri Lanka y lo usa a su parecer, socavando la soberanía esrilanquesa y usándolo como un “puerto colonial tradicional”.

Un caso similar sucedió en Yibuti. La nación africana no tiene recursos naturales para sobrevivir por sí misma y depende ampliamente de potencias extranjeras, quienes usan el país como un “hub” comercial, dada su situación geográfica estratégica. Como era de esperar, China ha expandido el proyecto de Belt and Road a Yibuti y ahora su deuda con respecto a Pekín representa un 70% del PIB del pequeño país africano.
Además, a China le pertenece el 23% del mayor puerto del país y se ha anunciado una expansión de éste por valor de $3.000M, lo que implica que, probablemente, acabará controlado en su totalidad por Pekín cuando Yibuti no sea capaz de pagar su deuda a tiempo.
En septiembre de 2020, la China Southern Power Grid Company (CSG) adquirió la mayor parte (un 90%) de la “Électricité du Laos Transmission Company Limited” (ELD-T), que se encarga de la transmisión eléctrica en el pequeño país de Laos. Muchos expertos no tardaron en preguntarse por qué el gobierno dejaría a una compañía extranjera hacer semejante inversión dada la importancia de esta empresa para el país.
Sin embargo, diferentes investigaciones concluyeron que podría haber sido el resultado de algún tipo de reestructuración de la deuda laosiana con China. El gobierno del país del sudeste asiático, bajo grandes presiones de Pekín, se habría visto forzado a ceder el control de dicha compañía para poder hacer frente a los pagos.
Estos ejemplos dejan claro el “modus operandi de China”: sumergir en deudas impagables con altas tasas de interés a naciones en situación crítica con el objetivo de hacerse con el control de la infraestructura crítica de estos países a través de distintos métodos.
La BRI no cumple con las directrices del Banco Mundial y el FMI para ayudar a los países en desarrollo, que implican aumentar la transparencia, optimizar la formulación de políticas, desalentar la corrupción y prevenir las crisis de deuda. En cambio, China solo busca beneficios económicos y geopolíticos, logrando acuerdos que ponen en peligro la seguridad nacional de las naciones al confiscar parte de su infraestructura en diversos escenarios.
Los próximos diez años serán clave para la BRI y la gobernanza económica global, ya que seremos testigos de la consolidación de la hegemonía china en todo el mundo o del fracaso de un plan que apuntaba demasiado alto y sufrió las consecuencias de romper las reglas establecidas.