¿Morir por Kiev?
Hoy en día existen dos corrientes principales de pensamiento en las Relaciones Internacionales: la realista y la liberal. Dentro de este diminuto mundo académico hay un dicho: que los realistas hablan mucho de guerra, pero hacen la paz, mientras que los liberales hablan mucho de paz, pero hacen la guerra. Las universidades suelen estar dominadas por profesores realistas, mientras que las instituciones públicas por políticos liberales.
Al menos, así ha sido en Occidente hasta ahora. A pesar de ello, la administración Trump tomó, quizás por primera vez en la historia de los EEUU, un rumbo en su diplomacia más realista. Reconoció Jerusalén como la capital de Israel, allanó el camino para la retirada de Afganistán pactando con los Talibán, aquellos terroristas con los que no se negociaba según decían Bush y Obama, e inició también una guerra comercial con China para intentar frenar al gigante asiático de convertirse en una potencia que pueda expulsar a los EEUU de regiones tan importantes para Washington como el Pacífico.
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