Es bien sabido que el mundo de la seguridad privada se transformó cuando los diferentes actores interiorizaron que era necesario traducir el conocimiento operativo en propuestas de rentabilidad. El mantra era sencillo: ofrecer rapidez, negación plausible y la promesa de un menor coste político. Muchos fracasaron en el intento, pero Erik Prince tenía otros planes. 

Exintegrante de los Navy SEAL, aprovechó su fortuna familiar y sus contactos en Washington para fundar Blackwater, encarnando al empresario de la guerra en el sector privado. Mantuvo una visión agresiva de los negocios, vínculos estrechos con el Pentágono y los servicios de inteligencia, y una habilidad especial para la construcción de mitos públicos.

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