Un puñado de estrechos colaboradores, encabezados por el consejero real y amigo de infancia Fouad Ali el Himma, llevan el país. A veces despachan con el monarca, y ponen en práctica sus instrucciones, y en otras ocasiones improvisan.

La Carta Magna marroquí define al Reino como una “monarquía constitucional, parlamentaria y democrática”. Aprobada en referéndum en 2011, la nueva Constitución supuso, en apariencia, un mejor reparto del poder ejecutivo entre el jefe del Estado y el Gobierno, pero en el fondo Marruecos seguía siendo una “monarquía ejecutiva” en la que el rey ostenta plenamente las riendas del país.

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