Diciembre de 1991. La URSS cae y el complejo nuclear soviético sucumbe a la fragmentación. En los años posteriores, los presupuestos se desploman, la experiencia se dispersa y el perfil internacional de la industria se reduce a una sombra de lo que había sido en los años de la Guerra Fría. 

Lo que siguió en los 2000 fue una economía política de reconsolidación: los sectores estratégicos volvieron al control del Estado y el ámbito nuclear se reconfiguró bajo una estructura vertical e integrada, encargada no solo de generar electricidad, sino también de proyectar capacidad nacional. 

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