Era un martes cualquiera en Palma, la famosa capital de Mallorca. Sin embargo, acompañado por Andrés (embajada británica), Víctor (el cámara) y Antony (el Agregado de Defensa) mi aventura estaba a punto de comenzar.

En el muelle Ribera San Carlos Pier, Dique del Oeste, se encontraba atracada la fragata HSM Richmond, perteneciente a la Royal Navy británica. Como todas las fragatas Tipo 23 la HMS Richmond fue diseñada para detectar submarinos, pero desde el fin de la Guerra Fría el papel de la fragata dentro de la Royal Navy se ha vuelto más variado, convirtiéndose en el núcleo de la flota de primera línea. 

HMS Richmond
La HMS Richmond atracada en el puerto de Palma, Mallorca, 18 de noviembre de 2025.

Con una dotación de unos 200 tripulantes, la HMS Richmond ha llevado a cabo prácticamente todo tipo de operaciones, desde la lucha contra el narcotráfico y la piratería, hasta la vigilancia de las rutas marítimas y aguas soberanas. El séptimo y actual HMS Richmond (F239) es el décimo de las 16 fragatas Tipo 23 de la Clase Duke que se incorporaron a la Royal Navy en los años 90. Construida por Swan Hunter, fue botada en 1993 y asignada en 1995.

El propio Antony me comentaba que a este navío ya no le quedaban muchos años de servicio pues la marina británica, como todas las demás marinas europeas, está buscando a marchas forzadas recuperar las "décadas perdidas", esas en las que Europa decidió invertir muy poco en defensa.

Pero prosigamos con nuestra historia. Al llegar al amarradero nos recibieron dos ávidos marineros, Hunt y Ryans, dispuestos a desentrañar hasta el último de los secretos de su navío. Ellos, como el resto de los tripulantes, llevaban nada menos que siete meses echados a la mar habiendo recorrido países tan pintorescos como India, Australia, Corea del Sur o Indonesia.

HMS Richmond - Wardroom
Hunt y Ryans, nuestros guías durante la visita a la Richmond.

Como detalle de cortesía, nos ofrecieron un café, te o refresco, cosa que aceptamos de buen grado. Además, ello nos posibilitó conocer la "wardroom", esto es, la sala de oficiales, que sirve como comedor, salón y espacio de recreación para los oficiales comisionados, excluyendo al capitán.

En está sala, pequeña pero acogedora, podíamos ver varios detalles que ilustraban los pasatiempos de los marinos, véase la presencia de un "gato", un "loro" y hasta un limonero, o una pizarra con los "castigados", aquellos que habían realizado alguna tarea mal y debían pagar un "pound" como multa. También formaban parte de la decoración una imagen de la Virgen María comprada en Indonesia, un surtido de bebidas variopintas con saurios en su interior y una foto de sus majestades Carlos III y Camilla Rosemary Shand, la Reina Consorte.

HMS Richmond - Wardroom
Elementos decorativos de la wardroom y el perchero para las boinas y gorras de los marinos.

Una vez terminamos el café, servido en una preciosa taza de porcelana blanca inglesa, iniciamos nuestro recorrido por la cubierta superior donde, mientras el Agregado de Defensa grababa en perfecto español un vídeo promocional de la llegada del HMS Richmond a Palma, Hunt me comentaba que uno de los problemas más importantes de la nave era combatir el óxido generado por el salitre, que en este navío, con 30 años de servicio, se hacía patente en las zonas más sensibles. Con todo, el barco, que evocaba claramente a los tiempos de la Guerra Fría, se mantenía en un envidiable estado de conservación. Punto positivo para la Royal Navy.

Mirando hacia el horizonte se encontraba un Cañón Mark 8 de 4,5", que tanto Antony como Hunt señalaron como el arma más fiable del barco. Sin duda alguna, ya fuese por su imponente tamaño o por su efectividad, era una de las armas preferidas de la tripulación. "El sistema de misiles antiaéreos puede fallar, pero el cañón no lo hace nunca" nos decía Antony con cierta nostalgia.

Cañón Mark 8 de 4,5" de la HMS Richmond.
Cañón Mark 8 de 4,5" de la HMS Richmond.

Y es que, el Agregado de Defensa es un viejo lobo de mar y conoce a la perfección la fragata, pues él mismo la ha capitaneado. De hecho, este era un día especial para Antony, dado que la siguiente parada fue en el puente de mando y ahí se iba a encontrar con su antiguo subordinado, ahora convertido en el nuevo capitán de la Richmond, es decir, Richard Kemp OBE.

Richard, sentando en la butaca del capitán, que Antony, entre risas, decía que había mejorado, me comentaba que cada una de las doscientas personas que navegan en el barco tiene una función indispensable. Muchos son héroes anónimos que sostienen la vida diaria en condiciones que en tierra parecerían imposibles. La cocina es el ejemplo más evidente: “Cocinar tres o cuatro comidas al día para 200 personas, todos los días, durante siete meses y medio, es un trabajo increíblemente duro”. Y no es solo cocinar: también mantener el agua corriente, asegurar el combustible y comprobar sistemáticamente que todo funciona.

El Agregado de Defensa, Antony Crabb, con su antiguo subordinado y ahora capitán de la Richmond, Richard Kemp OBE.
El Agregado de Defensa, Antony Crabb, con su antiguo subordinado y ahora capitán de la Richmond, Richard Kemp OBE, en el puente de mando.

Asimismo, el mando del buque definía la disciplina a bordo con una expresión particular: “profesionalismo relajado”: "La Marina es un servicio disciplinado, todos lo entienden. La gente tiene sus momentos, pero la mayoría —de hecho, todos los que están a bordo— son excelentes en lo que hacen y eso me facilita muchísimo las cosas", me señalaba el capitán Kemp. Esta claro que, aunque parezca imposible para un neófito, la vida en la mar transcurre en paz, como la que la mar evoca cuando está en calma.

Continuando con el recorrido, volvimos a la cubierta superior para observar el helicóptero AgustaWestland AW101, también llamado "Merlín" por los servicios militares británico, danés y portugués. Este autogiro, pensado para la guerra antisubmarina, tiene más recorrido a priori que el Wildcat, el helicóptero de ataque por excelencia de la armada británica, que ahora se siente vulnerable ante los drones, más baratos y efectivos. 

Con todo, Antony me señaló que habían diseñado recientemente un nuevo misil bastante efectivo contra esta nueva amenaza que suponen los drones. De igual manera, al preguntarle a Hunt por los drones hutíes, me señaló los misiles como principal arma de derribo, aunque también admitió el desafío que suponían cuando atacaban en grupo. Sin duda, las contramedidas frente a esta nueva arma del combate moderno son la gran "búsqueda del tesoro" de los ejércitos occidentales.

helicóptero AgustaWestland AW101, también llamado "Merlín" por los servicios militares británico, danés y portugués
Helicóptero AgustaWestland AW101, también llamado "Merlín" por los servicios militares británico, danés y portugués.

Volviendo al interior del barco, nos enseñaron el gimnasio, porque sí, en el navío hay de todo, delgados, fuertes y anchos. Si bien es cierto que ir a levantar mancuernas es opcional, Hunt me indicó que todos los años han de pasar un test físico y que, aquel que no lo supere, será reasignado a un centro donde le pondrán a punto. El "gym", desde luego, no tiene ningún lujo y se encuentra detrás del SONAR, por lo que solo admite un aforo limitado.

Un poco más adelante o atrás, subiendo o bajando, porque estos navíos son como un Tetris, se encuentra el Centro de Control del Barco (SCC), donde se controlan los motores y otros sistemas, siendo la parte preferida de nuestro querido Ryans. La estética de está habitación, como la del resto barco, es bien ochentera con apenas diez metros cuadrados rodeados por unos enormes armarios llenos de lucecitas de colores y botones verdes, rojos y amarillos, que es mejor no tocar. En el centro tenemos una mesa con más botones, planos e indicadores, y un par de teléfonos, de esos que tu pareja quiere comprar en una tienda vintage para decorar el hall de casa.

Centro de Control del Barco (SCC) de la HMS Richmond.
Ryans explicando el funcionamiento del Centro de Control del Barco (SCC) de la HMS Richmond.

Pero mucho ojo, que lo siguiente que visitamos fue la cocina, mientras los marineros comían y los cocineros estaban laborando. Aun así, el chef tuvo el detalle de respondernos varias preguntas. En prime lugar, nos contó que en el HMS Richmond oficiales y grumetes comen la misma comida, no hay distinciones. También se adaptan a los vegetarianos: "Normalmente tenemos dos vegetarianos a bordo. Cocinamos cosas bastante parecidas a lo que ponemos para el resto. Como hoy teníamos curry, les he hecho un curry vegetariano usando ingredientes vegetales y evitando caldos de carne y cosas así. Pero si ponemos un filete, obviamente no puedo darles un filete. A veces hacemos un filete de coliflor, o de tofu, o algo parecido".

Y la pregunta del millón, ¿cuál es la comida preferida de la tripulación? Pues no, no es el famoso fish and chips ni ningún plato británico. Tampoco es una delicatessen francesa o una pasta italiana. En el HMS Richmond la "noche china" es la que conquista los paladares de los marineros. Eso sí, habría que ver si un chino lo consideraría comida china. Con todo, no deja de ser un detalle gracioso. Lo que, por otra parte, no tiene gracia es cocinar en mitad del oleaje: "A veces es muy difícil, pero lo que hacemos es, por ejemplo, usar unas piezas que colocamos debajo de las alfombrillas. A veces tenemos “alfombras doradas” para cuando el mar está especialmente agitado, y así nada se mueve. Y somos bastante buenos manteniéndonos en pie mientras cortamos verduras". Desde luego, cocinar en esas condiciones sí merece una Estrella Michelín.

Cocina de la HMS Richmond
Cocina de la HMS RIchmond.

Para terminar, el chef señaló que "si la comida es mala, lo sabemos enseguida, porque el ánimo general del barco se desploma. Pero creo que solo hemos hecho una comida realmente mala, que yo recuerde, en toda la misión. Fue durante un ayuno, así que tampoco cuenta porque fue en una situación de emergencia". Tras esto prosiguió con la limpieza de la cocina pensando ya en la cena, pues en cuanto acaba una toca preparar la otra. La vida entre fogones no cambia, ya sea en un restaurante frente al puerto de Palma o en una fragata, el cocinero no descansa.

Recorriendo el interior del barco de camino a los camarotes, no se puede obviar el gran esfuerzo que hace la tripulación por mantenerlo limpio y gestionar los residuos. El navío está lleno de carteles que recuerdan a los marineros cómo deben separar los desechos y dónde deben tirarlos. En un espacio tan reducido cualquier tarea cotidiana se vuelve complicada.

Carteles de gestión de residuos de la HMS Richmond.
Carteles de gestión de residuos de la HMS Richmond.

Y hablando de situaciones complicadas, ¿se imaginan cómo es convivir en una habitación de no más de diez metros cuadrados con otras cinco personas, debiendo tener en dicho espacio las pertenencias de todos? Pues sí, de esta manera viven la mayoría de los marineros a excepción del capitán y algunos otros oficiales, que pueden disfrutar de un espacio solo para ellos. "Vivir en un sitio tan pequeño como este obviamente tiene sus propios desafíos. No tenemos mucho espacio para objetos personales, así que tienes que ser muy estratégico con lo que traes a bordo, especialmente si compras cosas en todas las escalas que hacemos. Pero te las apañas; de hecho, es bastante acogedor cuando te acostumbras. Y probablemente, de forma rara, echaré de menos este lugar cuando deje el barco", nos comentaba el bueno de Ryans.

Por suerte, no siempre hay que dormir en la nave, ya que cuando hacen escala durante varios días en un mismo puerto, los marineros, en sus respectivos permisos, pueden quedarse a dormir allí donde plazcan, eso sí, avisando siempre cuando no van a hacerlo en el barco. Vamos, que lo de un amor en cada puerto sigue vigente para que el que lo desee. ¡Ojo! Que esto también da pie, en las escalas más prolongadas, a invitar a la familia a unas vacaciones "exóticas". Recordemos que gracias a tecnologías como starlink, los tripulantes están permanentemente conectados con sus allegados y familiares. En este sentido, la tecnología ha ayudado mucho.

Aun así, y como es obvio, en cada puerto en el que paran reciben una serie de advertencias, precauciones y limitaciones, pues no es lo mismo para un británico estar en Sidney, que en Malaca o en Hong Kong.

Camarote de la HMS Richmond
Ryans nos enseña su camarote en la Richmond.

Llegamos al final del recorrido, pero no al final de la aventura, pues a media tarde me esperaba una recepción en la fragata encabezada por el embajador británico en España, Sir Alexander Ellis, y el propio capitán del navío, Richard Kemp OBE. Autoridades, cónsules, oficiales, etc. estuvieron presentes en el acto. Gente trajeada y en uniformes divinos. Si bien el vino indio comprado por la tripulación no estuvo a la altura de un buen Ribera, hay que agradecer el esfuerzo de los marinos, que ahí estaban sirviendo piscolabis y bebidas a un montón de gente que no conocían de nada.

Yo, como buen llano que soy, solo preste atención a la recomendación del capitán en lo que a bebidas se refiere, concretamente al "Horse's Deck", que sin duda alguna llevaba un buen trago de whisky. Y poco más, ahí estaba rodeado de muchos británicos con el C2 de español, un moreno nada british y la sensación de que para ellos las Islas Baleares son como un paraíso en la Tierra (lo que es totalmente cierto).

Pero no nos descentremos, repasemos lo observado, unos doscientos marineros enclaustrados en un espacio diminuto durante siete meses, lejos de sus familiares y amigos, trabajando en condiciones muy duras, bajo tormentas y fuertes oleajes, firmes en su ambición de cumplir con su deber, de cumplir con su país. Cuando les pregunté a Ryans y Hunt qué era para ellos ser patriota se limitaron a señalar que era servir a sus compañeros, entender que eran una parte pequeña de una gran tripulación a la que debían ayudar. Luego, después de todo eso, estaba el orgullo de representar a su nación.

Cartel de entrada, HMS Richmond,
Entrada a la HMS Richmond.

El sentimiento de camaradería, que aboga tanto por lo colectivo y deja de lado el individualismo, sería bueno verlo más a menudo en nuestras sociedades. También sería conveniente poner en valor el tiempo que dedican estos marines a que nuestras rutas marítimas sean seguras y estables, a que ese paquete de Amazon llegue desde Guangzhou hasta Europa en poco tiempo y buen estado. No están de viaje, no están perdiendo el tiempo, no están derrochando recursos; están garantizando nuestro bienestar allá donde la patria disponga, incluso cuando sus conciudadanos renieguen de ellos.

Sin duda, la vida en la mar es una evocación, un anhelo, un gran sentimiento. Por eso, cuando Antony se despidió del que fuera su navío nos dijo que si le llamaran para volver no dudaría en levar anclas.

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