No hablaban árabe ni conocían el desierto, pero estaban allí. En vídeos grabados con móviles y en fotografías borrosas tomadas en mitad del combate, comenzaron a aparecer hombres con acento colombiano luchando en una guerra que, hasta entonces, parecía lejana. 

Vestían uniforme, empuñaban fusiles de asalto y operaban drones en nombre de las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF), el grupo paramilitar que está acusado de llevar a cabo un genocidio en El Fasher. Su presencia en Sudán no fue casual. Es el resultado de una red conectada con Emiratos Árabes Unidos, que está alimentando un conflicto que encara ya su tercer año. 

Imagen de mercenarios colombianos que operan en Sudán tras sufrir una emboscada. Fuente: La Silla Vacía
Mercenarios colombianos en Sudán tras sufrir una emboscada. Fuente: La Silla Vacía

El cebo

Los reclutas relataron haber sido contactados por intermediarios colombianos que aparecían vinculados a agencias de empleo. Acto seguido se les pedía firmar un contrato en el que se omitía deliberadamente cualquier mención a Sudán. Después volaban a Emiratos Árabes Unidos. A partir de allí, se abrían dos corredores. Uno atravesaba el este de Libia, territorio controlado por Khalifa Haftar, aliado de EAU, desde donde los colombianos cruzaban por carretera el desierto hasta Darfur. 

El otro pasaba por Bosaso, en la región somalí de Puntlandia, donde imágenes por satélite y testimonios presenciales muestran aviones de carga, incluidos Ilyushin Il-76 vinculados a la logística emiratí, transportando a extranjeros uniformados hacia Sudán. Publicaciones en redes sociales y vídeos analizados y verificados por Bellingcat y AFP sitúan a los mercenarios colombianos en el sureste de Libia pocos días antes de que algunos de sus documentos de identificación fueran hallados en Darfur después de sufrir una emboscada. 

La organización

A nivel corporativo, la red estaba diseñada para pasar desapercibida. Las sanciones del Tesoro estadounidense señalaron a un núcleo de colombianos acusados de reclutar, financiar y pagar a los mercenarios. Entre ellos destacaba Álvaro Andrés Quijano Becerra, un oficial colombiano retirado afincado en Emiratos Árabes Unidos, y su esposa, Claudia Viviana Oliveros Forero, que gestionaba una agencia de empleo en Bogotá utilizada para el reclutamiento. 

Otro sancionado, Mateo Andrés Duque Botero, fue acusado de manejar las nóminas y mover millones de dólares mediante transferencias bancarias en Estados Unidos y a nivel internacional. Sin embargo, las sanciones olvidan mencionar al principal patrocinador de la operación, EAU. 

Imágenes del Center for Information Resilience que muestran el rastro que dejaron los “turistas” colombianos desde Kufrah hacia Sudán. Foto: CIR/Reuters
Imágenes del Center for Information Resilience que muestran el rastro que dejaron los “turistas” colombianos desde Kufrah hacia Sudán. Fuente: CIR/Reuters

Estas personas estaban vinculadas a una empresa con base en el Reino Unido, inicialmente registrada como ODP8 Ltd y posteriormente rebautizada como Zeus Global. Las direcciones de registro mencionaban desde un piso en Tottenham hasta hoteles de lujo en el centro de Londres. 

En este sentido, las investigaciones de la ONU ya han señalado que este tipo de empresas pantalla británicas han sido utilizadas reiteradamente para eludir embargos de armas y facilitar la intermediación de mercenarios, aprovechando la fragilidad de los controles en la constitución societaria. 

En paralelo al eje británico operaban contratistas con sede en EAU. Las investigaciones rastrearon la autorización de reclutamientos y salarios hasta Global Security Services Group (GSSG), una empresa situada en Abu Dabi que se ha presentado como el único proveedor de seguridad privada armada con licencia del ejecutivo emiratí y que ha incluido a altos funcionaros del gobierno entre sus clientes. 

AFP consiguió acceso a algunos de estos contratos donde se mostraba a colombianos autorizando a GSSG a pagar sus sueldos, en ocasiones canalizados a través de entidades offshore.  Otra empresa, A4SI (International Services Agency), fundada por un exoficial colombiano y con operaciones en Dubái y Bogotá, también aparecía vinculada a la red de reclutamiento. 

Asimismo, las imágenes satélite y los datos de seguimiento de vuelo mostraron un puente aéreo que conectaba Emiratos Árabes Unidos con la base aérea de Kufrah, un aeropuerto localizado en mitad del desierto hasta entonces marginal, pero que fue rápidamente reacondicionado y recibió más de un centenar de vuelos de carga en 2025. Según un informe de Reuters, este corredor entregó armas, combustible y combatientes a las RSF. 

Un hangar parcialmente reconstruido en el aeropuerto de Kufrah. Fotografía tomada el 16 de noviembre de 2025. Fuente: Reuters
Un hangar parcialmente reconstruido en el aeropuerto de Kufrah. Fotografía tomada el 16 de noviembre de 2025. Fuente: Reuters

Conclusión

Al final todas las pruebas conducen a un mismo actor y demuestran con claridad la influencia de los EAU en el curso de la guerra sudanesa, como poder que habilita, financia y articula la maquinaria que ha permitido a las Fuerzas de Apoyo Rápido sostener su ofensiva. Sudán se suma a la lista de conflictos en los que los Emiratos han proyectado su poder a través de intermediarios, manteniendo siempre la distancia necesaria para preservar la negación plausible. 

Resulta revelador que, cuando Washington decidió sancionar a la red de reclutadores y empresas vinculadas a los mercenarios colombianos, Abu Dabi no apareciera en el texto. Los nombres sancionados fueron individuales, fácilmente sustituibles. La infraestructura que hizo posible su actuación, así como el dinero, los puentes aéreos y el armamento quedaron intactos. 

Esa omisión no es un descuido, es una decisión política. Muestra los limites de la voluntad estadounidense para confrontar a su socio estratégico en el Golfo. Y mientras tanto, las atrocidades continúan. Los parlamentarios británicos han sido informados de que al menos 60.000 personas han sido asesinadas en El Fasher y hasta 150.000 siguen desaparecidas. 

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