Así ganó Trump
Las pasadas elecciones estadounidenses dejaron un ganador claro: Donald Trump. Las encuestas habían pronosticado un resultado ajustado y, efectivamente, así fue respecto a los estados más importantes. Trump se impuso en tres de los estados clave —Michigan, Wisconsin y Pensilvania— por un margen combinado de aproximadamente 250.000 votos. No obstante, su victoria en todos los swing states decisivos le otorgó un triunfo contundente e inesperado para muchos analistas.

Un factor especialmente sorprendente fue la coalición de votantes que impulsó a Trump hacia la victoria. Si bien su base principal de apoyo provino de la población blanca sin estudios universitarios, también obtuvo un respaldo significativo entre las minorías, incluyendo a los votantes hispanos, algo que no se había previsto en la misma medida. Analizamos a continuación cómo se gestó esta victoria de Trump y qué factores sociopolíticos contribuyeron a consolidar su apoyo en diversos sectores de la sociedad estadounidense.
Es la economía, estúpido
La perspectiva económica ha dado mucho que hablar en estas elecciones. Por un lado, la gestión económica de Biden ha sido razonablemente buena, ya que consiguió controlar la inflación y ha registrado buenos números de empleo y crecimiento económico. Además, ha logrado impulsar una agenda legislativa con importantes inversiones en infraestructuras que el país necesitaba. Al mismo tiempo, la percepción de los ciudadanos del rumbo de la economía era negativa. ¿Cómo es posible?
Tiene bastante que ver con la brecha entre los análisis que se hacen en las universidades y la vida diaria de las personas. Tomemos como ejemplo este gráfico.

En el análisis observamos cómo en seis de los siete swing states los precios han crecido por encima de los salarios. Es decir, en los siete lugares donde se decidían las elecciones, los ciudadanos han perdido poder adquisitivo durante la administración de Biden. De poco sirve a los estadounidenses que el PIB crezca y que las cifras de empleo sean positivas si ya tienen trabajo y ven cómo su capacidad de compra disminuye debido a la subida de precios.
Esta es una realidad incontestable: la cesta de la compra es hoy más cara en Estados Unidos que cuando Donald Trump era presidente. Esto no implica necesariamente que la situación anterior fuera fruto de la buena gestión de Trump ni que la actual se deba a una negligencia de Biden; sin embargo, sí representa un factor fundamental a la hora de decidir el voto, mucho más relevante que otras variables socioeconómicas.

Otra cuestión importante es que la inflación no ha sido homogénea y ha afectado a ciertos sectores y productos más que a otros. El incremento de precios se ha notado especialmente en los productos de menor coste, lo cual ha impactado de forma desproporcionada a la población más vulnerable, una parte significativa de la cual pertenece a minorías étnicas en las que los demócratas esperaban consolidar su base de apoyo.

En este contexto, observamos que Trump no logró ganar el apoyo mayoritario entre las minorías, ya que los votantes negros, latinos y asiáticos continuaron respaldando principalmente a los demócratas. No obstante, el aspecto decisivo de estas elecciones no reside en el apoyo mayoritario, sino en los márgenes de dicho respaldo. Aunque Harris logró mejorar su apoyo entre el electorado blanco en comparación con Biden, perdió respaldo en todos los demás grupos.
El apoyo del electorado negro se mantuvo prácticamente estable, aunque Trump consiguió avanzar ligeramente en este sector. La verdadera novedad de estas elecciones, sin embargo, está en el voto latino, ya que, si bien este grupo mantuvo su inclinación demócrata, hubo un cambio significativo de 25 puntos hacia Trump. Entre la población asiática, Trump también logró una mejora, ganando 9 puntos adicionales respecto a 2020.
Estos avances de Trump entre grupos tradicionalmente demócratas complicaron rápidamente la noche electoral para Harris, quien se vio en la necesidad de buscar otros nichos de votantes para compensar sus pérdidas entre las minorías. Uno de los segmentos donde los demócratas depositaron sus esperanzas fue el electorado femenino.
El derecho al aborto fue uno de los temas más destacados de la campaña, y los demócratas insistieron en enfocarse en él. Su estrategia se basaba en la alta popularidad del derecho al aborto entre la población estadounidense, confiando en que el rechazo a las recientes restricciones impulsadas por los republicanos movilizaría al electorado femenino, especialmente al más joven. Sin embargo, dicha movilización no tuvo el impacto esperado.

En este sentido, no solo no se produjo la movilización masiva del electorado femenino que los demócratas esperaban, sino que además Trump mejoró sus resultados entre las mujeres respecto a 2020. Las razones de este cambio aún están siendo estudiadas, pero pueden apuntarse algunos factores clave.
En primer lugar, las mujeres priorizaron el estado general de la economía sobre otros temas, y esto fue determinante en su voto, superando la influencia de la situación del aborto. La inflación y la pérdida de poder adquisitivo pesaron mucho en su valoración, dado el impacto directo en sus hogares y en su vida cotidiana.
Además, el hecho de que la legislación sobre el aborto quede en manos de los estados y de que algunas jurisdicciones hayan implementado restricciones más severas que otras creó una percepción diferenciada del riesgo a nivel local. Esto dificultó a Harris la formulación de un mensaje unificador y atractivo para las mujeres que fuera más allá de la defensa del derecho al aborto.
Otro factor a considerar es la disminución de la participación electoral. Mientras que Trump mantuvo aproximadamente el mismo número de votos que en 2020, los demócratas sufrieron una pérdida significativa de unos 10 millones de votos. La campaña electoral comenzó con un bajo nivel de entusiasmo en ambos bandos, y la posibilidad de una nueva contienda entre Trump y Biden no generaba gran expectación entre el electorado. Aunque la retirada de Biden y la candidatura de Harris revivieron parcialmente las esperanzas en el bando demócrata, esto no fue suficiente para alcanzar el nivel de apoyo necesario.

El electorado de Trump, por el contrario, demostró una lealtad y movilización que no se vieron reflejadas en el electorado demócrata, y esta falta de entusiasmo terminó siendo determinante en el desenlace electoral.
En definitiva, estas elecciones presentaron a los demócratas un escenario adverso: bajo su administración, el poder adquisitivo de los ciudadanos había disminuido debido a las subidas de precios, y enfrentaban una campaña marcada por una profunda apatía. No lograron articular una narrativa o una visión de país capaz de contrarrestar la presentada por los republicanos.
Más allá del tema del aborto, la candidatura de Harris carecía de propuestas atractivas; su discurso se centró en las críticas a Trump, pero no logró construir una visión clara y motivadora de Estados Unidos. Esto la posicionó principalmente como una candidata de continuidad respecto a la administración de Biden, un presidente con niveles de popularidad muy bajos. Todos estos factores facilitaron que Trump incrementara su apoyo entre las minorías, mientras que los demócratas fueron incapaces de compensar sus pérdidas en otros segmentos del electorado, confirmando así su derrota.