El final de Biden
Tras semanas de especulación y presiones tanto públicas como privadas, Joe Biden abandona la carrera presidencial estadounidense y no será candidato en noviembre. Las dudas respecto a su edad y su actuación pública en las últimas semanas arrojaban a los Demócratas a una previsible derrota y desde el partido han decidido poner freno antes de que fuera demasiado tarde.
La decisión viene del mismo Biden, pues el partido no tiene competencias para cambiar al candidato, pero desde el aparato demócrata pusieron su maquinaria contra su propio presidente para forzarle a acabar con su campaña. A pesar de su reticencia inicial, el muro terminó rompiéndose cuando personas de su círculo cercano como Obama y los miembros de su propia familia expresaron su inquietud acerca de sus perspectivas de éxito. Finalmente, Biden cede, abriendo un escenario completamente nuevo de cara a noviembre.

El debate que lo cambió todo
El 27 de junio se celebraba el primer debate presidencial de 2024 (sigue previsto otro, de momento, para septiembre). Era un debate que los demócratas afrontaban con optimismo, al fin y al cabo, el debate había sido un órdago que había planteado el propio Trump, esperando que Biden lo rechazara, para así poder reforzar la narrativa del temor de Biden ante el empuje del expresidente.
Sin embargo, los demócratas, confiados en la capacidad de Biden para batir a Trump en el debate, como ya ocurrió en 2020, aceptaron. El equipo del presidente esperaba que el debate sirviera para exponer las incoherencias de Trump, despejara las dudas sobre la edad de Biden y generara cierto ímpetu positivo para deshacer la igualdad que mostraban las encuestas.
Ninguno de estos objetivos se cumplió. Más bien lo contrario, Biden comenzó el debate confuso, mostrando incluso cierta dificultad al hablar, cayendo en algunas incoherencias y, sobre todo, dando una imagen de profunda vejez y debilidad que contrastaba con la de un Trump que simplemente tuvo que limitarse a ver como su rival se autodestruía en directo.
El debate fue tal desastre que esa misma noche comenzó a cuestionarse la continuidad de Biden. El asunto de la edad no era nuevo y venía acompañando a Biden toda la campaña, pero tal muestra de debilidad en un enfrentamiento directo a pocos meses de las elecciones hizo saltar todas las alarmas.
Al principio el partido cerró filas con su candidato, pero el sentimiento público era unánime, el debate había sido un desastre para Biden. Así, comenzó el goteo de demócratas que pedían la retirada del presidente en una sucesión de llamadas, declaraciones públicas, reuniones a puerta cerrada y comunicados que poco a poco fue haciendo evidente que, como mínimo, el partido estaba dividido respecto a su candidato presidencial.
Con el paso de los días y las semanas la balanza fue decantándose a favor de los contrarios de Biden. Grandes donantes amenazaron con cortar el grifo si continuaba como candidato, demócratas que se enfrentaban a la reelección temían que el fracaso de Biden les arrastrara y, otros demócratas, que no son necesariamente contrarios a Biden, percibían que en estas elecciones estaba en juego el futuro de la democracia estadounidense y Biden suponía un riesgo que no se podían permitir. De esta manera llegamos a la decisión de Joe Biden de renunciar a presentarse.
¿Ahora qué?
Biden se ha despedido apoyando a su vicepresidenta, Kamala Harris, como candidata presidencial. Es la candidata más lógica por motivos prácticos: esta también es su campaña y ya lleva meses involucrada en ella y es alguien a quién todo el mundo conoce por su estatus de vicepresidenta. Además, en términos económicos, Harris, al formar parte del ticket presidencial, tendría acceso a los fondos de campaña ya recaudados, algo que no podrían hacer el resto de los candidatos, que deberían empezar de cero.
Que Biden haya apoyado a Harris no implica que el asunto esté resuelto, ya que no es su decisión. Pero desde luego le allana el camino, más teniendo en cuenta el poco apetito entre las filas demócratas para un proceso abierto que muestre al partido dividido poco antes de las elecciones.
Ahora toca saber quién será su compañero en la campaña y posible vicepresidente. Paradójicamente, el motivo principal por el que los demócratas permanecieron con Biden durante este ciclo electoral es por la falta de alternativas. No hubo un candidato alternativo en las primarias, ya que se consideraba que nadie podía competir con el presidente.
Sin embargo, la elección vicepresidencial es distinta y, de hecho, hay bastante competencia, con varios nombres que podrían asumir el cargo. Nombres como Gretchen Whitmer, Josh Shapiro o Pete Buttigieg son algunos de los candidatos que suenan con más fuerza, todos ellos con sus ventajas y desventajas. Los demócratas deberán ahora escoger un candidato que complemente a Harris para construir un ticket ganador en poco más de tres meses.
En términos electorales, entramos en un terreno completamente nuevo. Todas las encuestas hechas hasta ahora, incluyendo las que preguntaban con Harris como candidata, son papel mojado ya que iniciamos una nueva campaña que empieza de cero. Los republicanos pierden su mayor discurso contra los demócratas, la edad de Biden, y los demócratas tienen la oportunidad de construir un ticket más excitante que movilice a su electorado.
Con todo, tienen un escenario difícil, si las elecciones se celebraran hoy, Trump sería presidente, lo que les obliga a construir una campaña a contrarreloj y a contracorriente. La percepción con Biden como candidato era que el partido estaba perdido y se forzó el cambio, ahora han conseguido cambiar la dinámica y habrá partido. Los demócratas se presentarán a jugar, de lo que hagan desde ahora hasta noviembre dependerá si consiguen una victoria o deben asumir la derrota.