Kamala Harris, la que será con mucha probabilidad la próxima candidata del partido demócrata a las elecciones del 5 de noviembre en Estados Unidos tras ser designada por la sagrada e incuestionable voluntad del presidente ha conseguido, según algunas estimaciones, todos los delegados necesarios para ser aupada el próximo 19 de agosto en la cumbre demócrata hasta la Casa Blanca. Justo hace unos días era respaldada en un mitin en el que ensalzaba su figura como sucesora del rey depuesto, como sucesora de la lucha contra el mal. 

Evento GOTV con la senadora Kamala Harris en Renaissance High School - Detroit, MI - 9 de marzo de 2020 Fotografía de Adam Schultz / Biden para presidente
Joe Biden, entonces candidato a presidente, en el evento GOTV (Get Out The Vote) con la entonces senadora Kamala Harris en Renaissance High School - Detroit, Míchigan - 9 de marzo de 2020. Fotografía de Adam Schultz / Biden para presidente

La simplificación de la política entre buenos y malos suele ser una herramienta recurrente (y bastante poco elaborada) para obtener un rédito político, y la usa prácticamente toda figura política para sus fines estrictamente electorales. Y como bien digo, exclusivamente electorales. 

Suele ser una de las últimas balas en la recámara para movilizar al electorado, ya la usó Trump durante las elecciones de 2020 que ganó Biden cuando se “auto transfiguró” en un adalid de la verdad contra el “establishment” americano, “que había hecho fraude electoral” , llevándolo más lejos de la campaña,  hasta que el 6 de enero de 2021 ocurre el asalto al capitolio como una consecuencia que seguramente ni él mismo previó.

Dicha simplificación del discurso político entre buenos y malos (anti-trumpistas y trumpistas) es muy negativa para unos ciudadanos que ven cómo las iniciativas del que puede ser el próximo ejecutivo se diluyen en una división identitaria que (y esto es lo más remarcable) se fundamenta en la ideología del oponente. 

Me explico. Puede que esta solo sea una manera precoz de llevar una campaña electoral que ha comenzado de esa misma manera y que Kamala necesite un tiempo para conformar un equipo que sea capaz de competir con el de Trump. Pero si no, esto puede ser nefasto para sus pretensiones presidenciales. Si en vez de presentarse como única e independiente y alejarse de todo aquello que resuene a administración Biden se identifica exclusivamente como la oposición del otro, no solo perderá a votantes deseosos de un cambio que no provenga del partido republicano, sino que perderá las elecciones. 

En política electoral para persistir deberá mutar y salirse de las políticas del cada vez más impopular Biden y pasar de ser la vicepresidenta a la líder del partido, no encadenarse a su oponente y limitarse a ser su sombra.

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