Kamala Harris se impone en el primer debate contra Trump
Este pasado martes llegaba uno de los momentos estelares de la campaña presidencial de 2024, el primer debate entre Kamala Harris y Donald Trump. Era el primero entre ambos candidatos, pero no el primero de la campaña. En junio el expresidente Trump obtuvo una victoria rotunda contra un Biden que proyectó una imagen tan débil que lo obligó a abandonar la campaña en favor de Harris.
El consenso en Ciencia Política es que los debates no suelen cambiar demasiado, al fin y al cabo, sus audiencias son, en su mayor parte, electores que ya tienen decidido su voto e interpretan el debate en función de su perspectiva ideológica. Dicho en otras palabras, salvo catástrofe innegable (como lo que ocurrió con Biden) todos perciben que el candidato que ganó es el suyo. Sin embargo, viendo el impacto del anterior debate en la campaña y que esta era la primera vez que se veían Harris y Trump, las expectativas eran altas.

La previa
Ambas campañas acudían al debate expectantes y con cierta presión. Por un lado, la campaña de Harris había conseguido dar la vuelta a las desastrosas últimas semanas de Biden y acabar con el pesimismo instalado en el bando demócrata. De hecho, en varios de los estados que decidirán las elecciones (Michigan, Wisconsin, Nevada, Arizona, Pensilvania, Carolina del Norte y Georgia) Harris había conseguido acercarse a Trump e incluso superarle.
Sin embargo, no todo eran motivos para la alegría. Harris partía de una situación muy mala heredada de Biden y la mejora en sus números, aunque innegable, convertía unos comicios que estaban perdidos en otros más competitivos. Es decir, tenía significativamente más posibilidades de éxito que Biden, pero con sus números su victoria no era el escenario más probable.
Además, parecía que el ímpetu inicial por su candidatura comenzaba a diluirse y su ascenso se estaba frenando. Por último, en aquellos estados clave donde se imponía, lo hacía por ventajas dentro de los márgenes de error, por lo que las encuestas no eran fiables. Por todo esto Harris acudía al debate sabiendo que era una oportunidad importante que no podía desaprovechar para volver a generar ese momento positivo que parecía estancarse.
Por el lado de Trump, las sensaciones no eran buenas. Partía de una situación en la que las elecciones estaban prácticamente ganadas, para ver cómo se erosionaba su ventaja en solo unas pocas semanas. La elección de su vicepresidente, J.D. Vance, pronto se demostró un error, aportando muy poco en campaña y asumiendo declaraciones polémicas que no ayudaban a la causa de Trump. Hasta tal punto llega la impopularidad de su compañero de candidatura que en el debate Trump reconoció que apenas hablaba con él.
La retirada de Biden, a pesar de que desde el bando republicano se pedía desde meses antes de su renuncia definitiva, parece que pilló a Trump a contrapié y no han sabido articular un discurso efectivo contra Harris desde entonces. Además, la campaña de Harris está batiendo récords de recaudación con márgenes muy superiores a los de Trump, lo que obligará a los republicanos a invertir más tiempo en eventos para recaudar fondos, pudiendo generar algunos agujeros en ciertos estados.
En los últimos días parecía que Trump había encontrado el punto focal de su discurso contra Kamala. Por un lado, vincularla fuertemente a las políticas de Biden y por otro resaltar sus cambios de opinión a lo largo de su carrera. El debate era la oportunidad perfecta para asentar con fuerza esta narrativa, frenar definitivamente el impulso de Harris y recuperar el terreno perdido desde la retirada de Biden.
El debate
La estrategia de ambos estaba clara antes del debate. Harris debía evitar los temas que más daño podían hacerle como la inmigración y el legado de Biden y tenía que tender trampas a Trump para que se distrajera y entrara al trapo respecto a temas periféricos para ponerlo en evidencia. Por su parte, Trump debía mantener la calma, poner la inmigración en el centro de su discurso y reforzar la identificación entre Biden y Harris.
Solo uno de los dos consiguió implementar su estrategia con éxito, Kamala Harris. Desde el primer momento del debate, cuando Harris fue decidida a estrecharle la mano a un Trump dubitativo, tomó la iniciativa y el expresidente estuvo a la defensiva. Trump cayó en varias de las trampas que le puso Harris durante la noche, olvidando por completo su plan inicial. Buen ejemplo de esto ocurrió cuando hubo que hablar sobre inmigración. Harris respondió con algunas vaguedades para esquivar la pregunta y mencionó de pasada cómo mucha gente abandonaba los mítines de Trump antes de tiempo. El expresidente no pudo reprimirse y, en lugar de hablar de inmigración (uno de sus puntos fuertes), decidió invertir su turno de palabra en ensalzar sus actos de campaña.
A este respecto, Trump también mencionó una campaña de desinformación que surgió en Twitter y Facebook que decía que los inmigrantes haitianos estaban secuestrando perros y gatos para comérselos. Trump repitió esta teoría mientras Harris se reía y mostraba incredulidad. Cuando el moderador interpeló a Trump para decirle que esa información no era cierta todo lo que pudo responder el expresidente es que lo había visto por televisión.
Harris tampoco planteó un debate especialmente brillante. Su mal rendimiento en los debates durante las primarias de 2020 sembraba muchas dudas respecto a su actuación, pero lo cierto es que consiguió imponerse a Trump. Con todo, al final del debate el expresidente recuperó un poco la compostura y pudo poner sobre la mesa varios puntos fuertes de su campaña, como la crítica a Harris por no haber hecho durante sus años de vicepresidenta lo que está prometiendo ahora.
La victoria de Harris en el debate es una buena noticia para su campaña y mala para la de Trump. Especialmente cuando incluso la prensa conservadora como Fox News reconoce abiertamente la mala actuación de Trump. Sin embargo, no es algo que vaya a cambiar la campaña definitivamente. Lo más probable es ver una subida de unos cuantos puntos durante los próximos días cuyo efecto se irá diluyendo paulatinamente en condiciones normales. Además, está no fue la única mala noticia de la noche para los republicanos. Tras el debate, Taylor Swift anunció públicamente su apoyo por Kamala Harris. El apoyo de celebridades de este estilo es habitual en campañas y, de nuevo, tampoco suele ser decisivo.
Sin embargo, en unas elecciones tan competidas como se espera que sean estas (recordemos que Biden ganó en 2020 por unos pocos miles de votos en algunos estados) podría tener un impacto significativo. Ninguna de las dos campañas se impondrá a la otra porque encuentren un discurso o evento que les haga ganar 5, 6 u 8 puntos de golpe. En el escenario actual será la unión de cosas pequeñas, un 1% en Nevada, un 15% de la población negra en Georgia, un 7% de latinos en Wisconsin, lo que puede hacer que la balanza se incline a favor de uno u otro. De momento, el debate cayo del lado de Harris, veremos quién consigue imponerse en la gran final.