Elecciones en USA: otra vez sin un candidato transversal
Este verano los demócratas empezaban la campaña presidencial bajo la sombra de la derrota. La edad del presidente Biden cada vez se hacía más evidente, su dificultad para hablar, sus lentos movimientos y, en general, la gran sensación de debilidad que transmitía contrastaba con la de su rival, un energético Donald Trump que, a pesar de solo ser tres años menor, demostraba tener mucho más ímpetu que el presidente.

Esto se hizo especialmente evidente tras el desastre del debate presidencial. Tras él quedó claro que había que intervenir y se inició un proceso para apartar a Biden del ticket. Finalmente así fue y la vicepresidenta Kamala Harris se hizo con la nominación consiguiendo unificar rápidamente al partido en torno a su figura. Ya han pasado casi dos meses desde la renuncia de Biden y es buen momento para analizar el impacto del cambio.
Different Vibes
A la sensación de derrota inevitable con Biden le sucedió cierto nerviosismo e incertidumbre. Se temía que el partido se dirigiera hacia una convención abierta que mostraría división al electorado a pocos meses de las elecciones y malgastaría muchos recursos. Sin embargo, la maquinaría demócrata liderada por pesos pesados como Nancy Pelosi o los Obama se puso rápidamente manos a la obra para evitar que eso sucediera y, con la bendición definitiva de Biden, los Demócratas se agruparon en torno a Harris.
De esta manera, el sentimiento generalizado de la campaña (los vibes como gusta decir por esos lares) comenzó a cambiar, desapareció el derrotismo y el nerviosismo y empezó a instalarse el optimismo (en cierto sentido desmedido, como veremos más adelante). Ahora el señor mayor que decía incoherencias era Trump y además el contraste entre un fiscal y una persona condenada por varios delitos, algunos graves como difamar a una mujer a la que violó, parecía favorecer a la campaña demócrata.
La elección de Tim Waltz como vicepresidente acrecentó esa sensación. Aunque había otros candidatos de peso como Josh Shapiro, Tim Waltz utilizó un discurso más agresivo en campaña, criticando directamente a los republicanos, especialmente a Trump y su vicepresidente J.D. Vance, por su comportamiento y actitud “extraña”. Así, weird se acabó convirtiendo en el apelativo favorito de los demócratas para referirse a los republicanos.
Sorprendentemente, al campo republicano parece que la renuncia de Biden le pilló a pie cambiado y no supieron reaccionar en un primer momento. De hecho, durante los primeros días trataron de imponer un discurso que criticaba la decisión de la retirada, diciendo que los demócratas no tenían escrúpulos al haber traicionado a Biden. Esto, unido a las declaraciones polémicas y comportamientos excéntricos de J.D. Vance hicieron que la campaña mediática diera un giro de 180 grados en pocos días.
Antes, la atención de la prensa estaba en los errores de Biden y su debilidad en contraste con la fortaleza de Trump. Ahora, la maquinaria mediática forma parte del optimismo demócrata, resaltando las dificultades de la campaña republicana. Este optimismo no es solo sensaciones o vibes, sino que se traslada también al ámbito económico.
Uno de los motivos principales para elegir a Kamala Harris como sucesora de Biden es que, al formar parte del ticket original Biden – Harris podía acceder a los fondos de campaña ya recaudados tras la retirada de Biden, mientras que otros candidatos tendrían que haber empezado de cero. A eso hay que sumar que bien pronto comenzó a batir récords de donaciones, superando ampliamente las cifras de Biden.
Los datos más recientes disponibles, del pasado agosto, muestran que Harris recaudó 361 millones de dólares durante ese mes. Trump, durante el mismo periodo, recaudó 130. Esto es un detalle importante ya que buena parte del tiempo durante las campañas se dedica a recaudar fondos y con tanta diferencia la campaña de Harris se puede permitir acudir a menos eventos de recaudación y hacer más campaña en estados decisivos.

Las encuestas también muestran un cambio de tendencia significativo. Desde la retirada de Biden, la intención de voto demócrata ha subido en todos los estados decisivos entre 6 y 7 puntos. En ámbito nacional, la demoscopia entrega una ventaja de 3 puntos a Harris. Cuando Biden se retiró, la diferencia era de 3 puntos a favor de Trump.
Optimismo… ¿Realista?
Si fuéramos alguien con querencia a apostar y estuviéramos en julio, la apuesta “casi” segura para las presidenciales era Trump. Hoy la cuestión no está tan clara. Con los números en la mano, es innegable que la retirada de Biden ha mejorado la posición global de los demócratas. Hoy los demócratas tienen más opciones de ganar las elecciones de las que tenían en julio. Esto es un logro en sí mismo que hay reconocer y, el campo demócrata, celebrar. Sin embargo, las elecciones no se celebraron en julio y no se celebran en septiembre. Será en noviembre el momento decisivo, la campaña no ha terminado y es importante matizar ese optimismo demócrata.
En primer lugar, que Harris le saque tres puntos de ventaja a Trump en ámbito nacional, a pesar de ser una buena noticia para los demócratas, no será suficiente. Las elecciones no se deciden por el voto popular global, sino que son los estados quienes deciden el vencedor. Además, ganar el voto popular no implica ganar las elecciones. Hillary Clinton sacó dos puntos y tres millones de votos más que Trump en 2016 y aun así perdió las elecciones. En 2020, Biden superó a Trump por 5 puntos y siete millones de votos y aun así su victoria fue muy ajustada, con unos pocos miles de votos en estados clave decidiendo las elecciones.
Así las cosas, que Harris le saque tres puntos de ventaja nacional no es suficiente aunque, eso sí, es indispensable. No existe escenario posible en el que los demócratas, al contrario que los republicanos, puedan ganar las elecciones perdiendo el voto popular. Pero la diferencia debería situarse como mínimo en torno a esos 5 puntos si Harris quiere tener opciones.

En los estados clave: Wisconsin, Michigan, Pensilvania, Nevada, Georgia, Carolina del Norte y Arizona, la posición de Harris ha mejorado pero los demócratas partían de una perspectiva muy mala con Biden. Actualmente Harris lidera en 4 de los siete estados, pero en todos ellos la diferencia es de un máximo de dos puntos, lo que entra dentro del margen de error de las encuestas. Lo mismo es cierto para Trump, en los tres estados donde tiene ventaja esta es muy ligera y podemos hablar de un empate técnico.
Por ello, lo que nos dicen los números es que, por un lado, Harris ha mejorado significativamente las cifras de Biden y que, por otro, esta mejora ha hecho que la carrera presidencial pase de estar perdida para los demócratas a ser una campaña competitiva. Harris ha conseguido meterse en el partido, no ganarlo. Las encuestas nos muestran una campaña igualada con un resultado incierto, no una clara victoria demócrata.
Otro factor a tener en cuenta es que Trump sigue resultando igual de atractivo para su base hipermovilizada. Los que creen en Trump acudirán a votarle con seguridad, mientras que Harris deberá hacer un enorme trabajo para movilizar a todos los que tienen una visión favorable de su candidatura. Además, si algo se ha demostrado en los últimos años de la política estadounidense es que los escándalos, acusaciones y condenas de Donald Trump no le hacen daño electoralmente. Más al contrario refuerzan su papel de víctima perseguida por el sistema, lo que contribuye a mantener la movilización de su base. Los demócratas sí se muestran sensibles a los escándalos y las revelaciones dañinas y cualquier evento inesperado de aquí a noviembre podría lastrar sus opciones. Es un riesgo extra que deberán asumir.
En Estados Unidos parece que todo ha cambiado para que nada cambie. A principios de este año se preveía una carrera muy igualada entre Trump y Biden, con un puñado de votos en estados clave decidiendo las elecciones como ya ocurrió en 2020. Ahora se prevé una carrera muy igualada entre Trump y Harris, con un puñado de votos en estados clave decidiendo las elecciones como ya ocurrió en 2020. Por el camino, una retirada presidencial, dos intentos de asesinato, dos nuevos candidatos vicepresidenciales, varias investigaciones y alguna condena. Todo ha cambiado desde entonces y, de alguna manera, estamos en la situación de partida.