El próximo 5 de noviembre se celebrarán elecciones presidenciales en Estados Unidos, donde el expresidente Donald Trump intentará imponerse sobre la demócrata Kamala Harris. En las elecciones de 2016, Hillary Clinton consiguió 3 millones de votos más que Donald Trump y aun así perdió la presidencia, esto fue posible gracias a las particularidades del sistema electoral estadounidense, ya que el voto popular no es el único factor a tener en cuenta a la hora de elegir presidente. ¿Cómo funciona exactamente?

A diferencia de España, Estados Unidos tiene un sistema presidencialista, lo que electoralmente implica que existen dos elecciones distintas para el legislativo (parlamento) y el ejecutivo (presidente) mientras que en España las elecciones son al parlamento y es el parlamento el que elige al presidente.

Los ciudadanos estadounidenses no votan directamente al presidente pues, aunque en la papeleta ponga el nombre de los candidatos, realmente votan a unos compromisarios que son los que eligen al dignatario. Es el sistema del colegio electoral.

El Colegio Electoral

El electoral college o colegio electoral está formado por 538 compromisarios que se reparten entre los estados según su población, siendo California y Texas los más numerosos con 54 y 40 compromisarios cada uno. Washington DC, a pesar de no ser un estado, cuenta con 3 compromisarios.

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El partido más votado en cada uno de los estados se lleva todos los compromisarios (lo que se conoce como the winner takes it all), por ejemplo, supongamos que Donald Trump consigue 4 millones de votos en el estado de Texas, mientras que Kamala Harris consigue 3,9 millones. Con ese resultado, Trump sería el ganador en el estado y se llevaría los 40 compromisarios de Texas, mientras que los 3,9 millones de votos de Harris se perderían y no le reportarían ni un solo compromisario. Teniendo en cuenta que en total hay 538, el candidato que consiga 270 será el ganador de las elecciones independientemente de los votos que consiga. 

Por tanto, puede producirse la circunstancia de que el candidato con más votos a nivel nacional pierda las elecciones. De hecho, ha ocurrido en cinco ocasiones, todas en el siglo XIX excepto dos, las elecciones del año 2000 donde Al Gore consiguió 500.000 votos más que George Bush pero perdió el colegio electoral, y en 2016, cuando Hillary Clinton obtuvo 3 millones de votos más que Donald Trump.

Las únicas excepciones a este sistema son los estados de Maine y Nebraska, donde los compromisarios se reparten proporcionalmente en función de los votos obtenidos. Curiosamente, los compromisarios no están obligados constitucionalmente a votar por el candidato  que ha ganado en su estado y es relativamente frecuente que alguno de ellos vote por otro candidato, aunque estos votos nunca han sido decisivos para cambiar la presidencia.

¿Qué son los Swing States?

Un swing state o estado bisagra es aquel en el que la elección está abierta y cualquiera de los dos candidatos puede hacerse con sus compromisarios. Lo contrario a los swing states son los conocidos como safe states o estado seguros, como California, donde lo esperable es que ganen los demócratas y la última victoria republicana data de 1988, o Texas, donde no ganan los demócratas desde 1980. Sin embargo, en estados como Arizona, Michigan, Nevada o Wisconsin históricamente se han vivido elecciones muy disputadas. Es por ello que los candidatos redoblan los esfuerzos durante la campaña en estos estados, ya que conseguir arrebatarle alguno de ellos a tu rival puede significar la diferencia entre la presidencia y la derrota.

 Mapa electoral Estadounidense: En rojo los estados históricamente republicanos, en azul los demócratas y en blanco los swing states
 Mapa electoral Estadounidense: En rojo los estados históricamente republicanos, en azul los demócratas y en dorado los swing states.

Conclusión

La particularidad del sistema electoral estadounidense es que tener más votos que tu rival no garantiza ganar las elecciones. Tener un apoyo lo más amplio posible por todo el territorio, especialmente en los estados de mayor población que aportan más compromisarios y aquellos estados bisagra que pueden oscilar a un lado u otro, es la clave para conseguir ocupar la Casa Blanca.

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