La posición de Estados Unidos como potencia global provoca que sus elecciones no solo tengan un impacto interno, sino que también afecten decisivamente a las dinámicas internacionales. Con la victoria de Donald Trump se abre una nueva etapa que se distanciará de la del presidente Biden en algunos aspectos y podría cambiar el panorama internacional. ¿Cómo será la política exterior de Trump?

El expresidente de los Estados Unidos Donald Trump habla con los asistentes a la Conferencia de Acción Turning Point 2023 en el Centro de Convenciones del Condado de Palm Beach en West Palm Beach, Florida. Autor: Gage Skidmore
El presidente de los Estados Unidos Donald Trump habla con los asistentes a la Conferencia de Acción Turning Point 2023 en el Centro de Convenciones del Condado de Palm Beach en West Palm Beach, Florida. Autor: Gage Skidmore 

China

El mayor rival geopolítico de Estados Unidos es China y ahí es donde el nuevo ejecutivo centrará su atención en política exterior. Esta preponderancia de China no es nueva ni idea de Trump. Fue Obama quien promulgó el giro hacia el Pacífico que fue continuado por Trump y después por Biden. Si bien el actual presidente electo continuó con el giro de Obama, le impuso un sello propio, marcado por una retórica más agresiva y una visión más transaccional, centrada en aumentar la presión hacia Pekín para forzarles a hacer concesiones. 

En esta ocasión, lo esperable es más de lo mismo, con un mayor aumento de la presión si cabe. Trump ha propuesto aranceles de hasta un 60% a los productos chinos y está presionando a sus aliados, especialmente a la UE, para que mantengan una posición más dura respecto a Pekín. Trump ha dejado clara su visión de China en numerosas ocasiones. Considera que el gigante asiático se está aprovechando del sistema actual construido por Occidente y que desde Washington y Bruselas han sido demasiado benévolos. La competencia desleal, el gran déficit comercial que mantiene EE.UU. respecto a China o la legislación estadounidense que lastra la competitividad han sido algunos de los puntos de ataque recurrentes señalados por el nuevo presidente. 

La posibilidad de una guerra comercial y la imposición mutua de aranceles es real, pero la estrategia de Trump no se basa tanto en iniciar una guerra comercial como que la amenaza de iniciarla, o incluso la imposición de algunos aranceles directamente, fuerce a China a negociar y realizar concesiones, sabedores de que Pekín está atravesando una situación complicada económicamente y también querrá evitar un desencuentro definitivo.

Al respecto, tendrá que contar con aliados. En el caso de Japón, las relaciones presentan dudas ya que, si bien el Primer Ministro Abe fue uno de los líderes que demostró mayor habilidad con Trump y forjó una relación personal beneficiosa para ambas partes, el actual Primer Ministro Shigeru Ishiba apenas lleva unas semanas en el cargo. En cualquier caso, las relaciones entre Estados Unidos y sus aliados del Pacífico, especialmente Japón y Corea del Sur, debería ser positiva en reglas generales en tanto que el objetivo principal es China sin que esto excluya posibles tensiones comerciales entre ambas partes.

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El presidente Donald J. Trump participa en una reunión bilateral con el primer ministro japonés Shinzo Abe tras la firma de un acuerdo comercial entre Estados Unidos y Japón el miércoles 25 de septiembre de 2019 en el InterContinental New York Barclay de la ciudad de Nueva York. Fuente: Foto oficial de la Casa Blanca por Shealah Craighead

Con respecto a Taiwán, durante su primer mandato hubo luces y sombras. Por un lado, apoyó decididamente a la isla con gestos como aceptar recibir una llamada de la presidenta de Taiwán, Tsai Ing-Wen, algo que suponía una clara ruptura con la doctrina estadounidense de las últimas décadas. Además, apoyó diversos envíos de armamento y, a pesar de las protestas chinas, anuncio la construcción de una nueva embajada de facto en Taipéi.

Por otro lado, ha criticado a Taiwán en algunas ocasiones asegurando que no están pagando lo suficiente por su defensa y que Estados Unidos no está sacando todo el rendimiento que debería de su relación. Esta visión transaccional de las relaciones internacionales es típica de Trump y Taiwán tendrá que sortearla con mayores compras de armamento e inversión en Estados Unidos para mantener una relación sólida. El gobierno taiwanés ya ha mostrado su predisposición a hacerlo.

Europa

Con respecto a Europa, la situación es compleja. El primer mandato de Trump fue desastroso para las relaciones transatlánticas. Trump no es popular en Europa y lo sabe, solo cuenta con un aliado firme en Viktor Orbán, quien está considerado como un factor disruptivo en Europa y caballo de troya de los intereses chinos y rusos en el continente. Además, ha puesto en duda el compromiso estadounidense con la OTAN, llegando a declarar que EEUU no defendería a los países que no cumplan con los compromisos de gasto de la alianza atlántica.

La mayor preocupación de la Unión respecto a Trump es el posible cese de la ayuda a Ucrania. Trump ha declarado que terminará con la guerra “en un día” y que condicionaría enviar más ayuda a Ucrania al inicio de negociaciones diplomáticas. En términos políticos, Trump no tiene interés en continuar con una guerra larga, por mucho que esté desgastando a Rusia, y le sería más beneficioso conseguir una paz incluso aunque sea en términos desfavorables para Ucrania. 

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El presidente Donald Trump posa para una fotografía con los líderes de la Unión Europea, el presidente de la Comisión Europea Jean-Claude Juncker y el presidente del Consejo Europeo Donald Tusk, el jueves 25 de mayo de 2017, en la sede de la Unión Europea en Bruselas, antes del inicio de su reunión bilateral. Fuente: Foto oficial de la Casa Blanca por Shealah Craighead

Aquí será clave la acción de la UE y su voluntad o no de seguir apoyando militarmente a Ucrania si la ayuda estadounidense se reduce. En cualquier caso, no es descartable el inicio de algún tipo de negociación durante su mandato.

En términos comerciales, Trump ya impuso aranceles a productos europeos y lo esperable es que vuelva a ocurrir. De hecho, desde la Unión Europea plantean esta vez una confrontación más agresiva con Estados Unidos y se han hecho preparativos para una posible guerra comercial. Sin embargo, la realidad es que la UE no solo depende de Estados Unidos, sino que depende más de Washington de lo que lo hacía en 2016, especialmente en términos energéticos. 

El equipo de Trump pretende presionar a la UE con estas medidas para que asuman una posición más dura respecto a China y este podría ser el punto de acuerdo. Por otro lado, la UE también está intentando mejorar su relación con China para tratar de conseguir algunas concesiones de Pekín si sus relaciones con Washington se deterioran aún más. Este es un equilibrio delicado que tendrán que jugar con habilidad en Bruselas sino quieren caer en un enfrentamiento abierto con Washington que no beneficia a ninguna de las dos partes.

Oriente Medio

Oriente Medio supuso uno de los mayores logros de la primera administración Trump. Acabó unilateralmente con el acuerdo nuclear con Irán, acuerdo que consideraba perjudicial para Estados Unidos y la región. Forjó una estrecha relación con el Primer Ministro israelí, Benjamin Netanyahu, y consiguió que se firmaran los Acuerdos de Abraham, por los que varios países árabes se reconocían a Israel. 

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El presidente Donald J. Trump, acompañado por el vicepresidente Mike Pence, participa en una reunión bilateral con el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, el lunes 27 de enero de 2020, en la Oficina Oval de la Casa Blanca. Fuente: Foto oficial de la Casa Blanca por D. Myles Cullen

Es previsible que intente continuar por este camino aumentando los acuerdos, especialmente en lo que respecta a Arabia Saudí. El reconocimiento saudí de Israel ha estado cerca en varias ocasiones recientemente, pero los acontecimientos en Gaza han pausado el proceso y Trump intentará desbloquearlo de nuevo. También mantendrá una posición de fuerte apoyo a Israel y el nombramiento de Mike Huckabee como embajador en el país refuerza esta idea. Huckabee es una de las voces más proisraelís del Partido Republicano, habiendo declarado en alguna ocasión que los palestinos “no existen”. 

Trump apoyará a Netanyahu sobre todo basándose en la idea de que Israel tiene la oportunidad de asestar un golpe definitivo que acabe con el conflicto. Este golpe definitivo sería contra Irán, contra sus instalaciones petrolíferas, nucleares o ambas. De hecho, ya sabemos que su estrategia respecto a Teherán es aumentar la presión al máximo con más sanciones para llevar al límite económico al país y lastrar su capacidad de desarrollo nuclear y de financiar sus diversos proxis en la región.

En otras zonas de interés como África o América Latina, Trump no ha desarrollado una agenda completa más allá de alianzas con gobiernos concretos que sean afines ideológicamente. 

Conclusión

Donald Trump no supone un giro completo en la política exterior estadounidense, pero sí que incorpora una visión más transaccional a las relaciones con sus aliados y una retórica más agresiva, basada en la demostración de fuerza para conseguir concesiones de sus rivales o lastrar su desarrollo. El mundo que se encontrará es diferente al de 2016, más inestable e inseguro, por lo que es más probable que surjan eventos inesperados o sus acciones tengan consecuencias no planeadas que conformen las dinámicas internacionales durante los próximos cuatro años. 

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