Cuba, rebelión armada
Por Yago Rodríguez con la colaboración de Francisco Román
Hispanoamérica está condenada a un grupo de grandes hombres todos los siglos, tipos con carácter, carisma, a menudo curtidos en épicas batallas que son capaces de aglutinar la simpatía popular.
En un tiempo fueron los Conquistadores, en otro los gobernadores como Bernardo de Gálvez o el "mediohombre", en el siglo XIX, Sucre, Martí o Simón Bolívar y en el siglo XX Fidel Castro, el Ché o Perón... En el siglo XXI, Hugo Chávez, Bukele o José Mújica.

Pero en Cuba, su gran hombre murió hace quince años y ya sólo queda un sucedáneo llamado Raúl Castro. Fidel fue odiado por muchos, pero su habilidad militar y valentía personal durante la Revolución Cubana, las operaciones en Hispanoamérica o África son a menudo acciones dignas de elogio, por no hablar de su inteligencia, de la que un servidor pudo conocer anécdotas de primera mano gracias a un profesor jesuita que le impartió clases...
Pero Fidel Castro ya murió, y con él las últimas reservas de legitimidad de un régimen socialista que maneja la isla con una mano de hierro que los hacendados de 1950 jamás igualaron. Se trata de un régimen enrocado alrededor de la figura de Díaz-Canel, que ha succionado la poca riqueza que persistía en la perla del Caribe y que ahora parece luchar por absorber el tuétano de sus restos óseos.
En paralelo, la población no sólo vive con lo mínimo, sino que malvive o incluso simplemente sobrevive con unas energías tan escasas que hacen difícil oponerse al aparato de seguridad que ha salvaguardado al régimen, ya que la prioridad es alimentarse, sobrevivir. Son famosas las anécdotas de este sistema totalitario en el que tus vecinos rebuscan en la basura con el afán de hayar pruebas de burguesía, de ser un gusano al servicio de Estados Unidos, o en el que conocemos historias en las que para simular el queso gratinado de una pizza se usaban preservativos...
¿Y hasta cuando durará esta situación? ¿Hay una posibilidad real de un levantamiento armado? Al régimen le queda un esquelético control militar del territorio, herramientas represivas como los "Avispas Negras", las temidas fuerzas especiales cubanas y un ejército regular dotado de material "vintage" en pobres condiciones de mantenimiento, aunque suficiente para enfrentarse a un pueblo desarmado. Pero lo más importante es el servicio de información capaz de penetrar cada rincón de la isla.

En la escena internacional, La Habana ha maniobrado en Hispanoamérica desde Venezuela hasta Centroamérica, utilizando para ello a sus eficaces servicios secretos, que pese a tener menos medios económicos que ningún otro país sudamericano, poseen una experiencia y un saber hacer que les ha convertido en una valiosa herramienta de influencia regional.
A sabiendas de su debilidad, el régimen cubano también ha buscado reforzar sus apoyos internacionales, para lo que se ha acercado a China y Rusia, a la vez que ha tratado de amarrar las inversiones económicas españolas en la red hotelera cubana, lo que pone a Madrid en una situación incómoda por dos motivos: las fricciones con Washington y el temor a que una futura rebelión barra las inversiones españolas en la isla para favorecer al empresariado norteamericano.
Ante este panorama, es claro que el pueblo de Cuba no cuenta ni con la organización ni con los medios para llevar a cabo una rebelión seria, salvo que se llegue a un punto de desesperación supino, es decir, o bien se pone en marcha un golpe interno o bien será necesaria una maniobra estadounidense.
Respecto a Estados Unidos, el antiamericanismo sigue siendo un sentimiento generalizado en la isla, no obstante, es llamativo que un Washington dispuesto a invadir Iraq y Afganistán -o incluso la isla de Granada- deje en paz a Cuba.

Recordemos que la CIA puso en marcha a lo largo de 2013 la operación encubierta "Timber Sicamore" por la que se destinaron cientos de millones de dólares a proveer armamento ligero, equipo personal y cientos de misiles antitanque a los grupos rebeldes de Siria... Es sorprendente que Washington haya lanzado operaciones de esa escala en un escenario tan lejano como Siria contra un régimen generosamente apoyado por Irán y Rusia, mientras no intentan nada similar contra un régimen debilitado y deslegitimado como ninguno otro en el mundo.
¿Miedo a una ola antiamericanista en la región?, ¿simpatías con la "isla oprimida"?, ¿un eficaz trabajo del servicio secreto cubano?, ¿efecto distractor de Oriente Próximo, Venezuela, Ucrania o China? Nadie lo sabe.
Lo que sí sabemos es que en la Florida existen milicias de exiliados cubanos que estarían dispuestos a intentar un nuevo "Bahía Cochinos", sin embargo existen serias dudas sobre su operatividad y profesionalidad en caso de enfrentarse con un ejército dotado de material pesado, por no hablar de la infiltración de agentes cubanos en la comunidad de exiliados o de las sanciones penales que les impondría la justicia estadounidense si, por su cuenta y riesgo, se inmiscuyeran en un conflicto militar.
Quizás la clave es esa: el caldo de cultivo en Cuba es proclive a favorecer la aparición de movimientos armados que disfruten de respaldo popular en la isla -la condición más importante para que una guerrilla tenga éxito- pero aún faltan dos decisiones para que una rebelión armada tenga lugar en la isla:
- Una decisión estadounidense de poner en marcha una operación encubierta muy ambiciosa.
- Una organización cubana o en Florida capaz de absorber el apoyo.

El coste político de una intervención militar directa de Estados Unidos sería demasiado alto, si bien, militarmente sería relativamente sencilla, aunque no exenta de dificultades.
En caso de que se ponga en marcha un "Timber Sicamore 2.0" será importante proveer dinero y armamento ligero a diversos grupos dentro de la isla para despertar una rebelión generalizada, imponer un bloqueo aéreo y naval que constriña las operaciones de la fuerza aérea y la marina Revolucionarias, y por último aupar a un líder y a una organización concreta para que lidere la lucha... Que sepamos no hay ninguna figura carismática capaz de ejercer tal liderazgo.
En conclusión, todo está alineado para una maniobra estaodunidense que puede materializarse en cuanto haya un viraje político en Washington, pero mientras eso no suceda sólo un golpe interno podrá cambiar las cosas en Cuba.