Ding dong, el Oscar Austin llama a Rota
Por Yago Rodríguez.
El destructor de gallardete "79" USS Oscar Austin arriba al puerto gaditano de Rota justo antes del amanecer, en completo silencio. En la cubierta, a proa una marabunta de marineros con luces químicas verdes se afana en preparar las anclas y dispone los cabos para amarrar el buque de 8.500 toneladas. Mientras, arriba, en el puente de mando las luces de guerra rojas lo dominan todo: se vigila el rumbo y la deriva mientras el timonel recibe instrucciones precisas para acceder a la base naval.
Así, en silencio, con el buque de asalto anfibio 'Galicia' de la Armada española a un lado y un submarino francés al otro el 60º Escuadrón de Destructores de la U.S. Navy recibe su quinto navío, a la espera de un sexto que llegará en los próximos meses.

En términos de potencia de fuego, los destructores de la clase Arleigh Burke desplegados en Rota suman más pozos de misiles que toda la Armada española, en lo que constituye un notable refuerzo al escudo antimisiles europeo. De hecho, la ampliación de 4 a 6 destructores en Rota es el fruto de la renegociación de los acuerdos hispano-norteamericanos de 2023, que de paso permiten un aumento considerable del personal estadounidense en la base, lo que por cierto tiene un papel importante en la industria naval auxiliar del sur de España, a la que se subcontratan parte de las reparaciones y necesidades de los navíos y sus tripulaciones.
Cabe destacar que Rota es en realidad una base compartida entre ambos países cuya jefatura está en manos españolas, eso sí, las infraestructuras se comparten formando un complejo logístico que hace a Rota única, ya que combina un puerto de aguas profundas con un excelente acceso al Estrecho de Gibraltar y una industria naval auxiliar muy potente dotada de un entramado logístico fenomenal: la pista de aterrizaje que permite la logística aérea, los muelles para la logística naval, y entre ambos una carretera directa -reforzada- que permite mover vehículos pesados y que va desde la pista al muelle, permitiendo una opción de transporte "intermodal", como se refieren a ella los logísticos del ejército.
Con todo, de vez en cuando hay quienes critican la presencia norteamericana en Rota. Se celebran manifestaciones antiamericanas y pacifistas a las puertas de la misma y se pintan grafitis de reproche en las calles aledañas, sin embargo, el grueso de los críticos de las bases parece ignorar diversos aspectos de su importancia -de lo que suponen para España-.
Para empezar, un entrante: la actividad indirecta fruto de la presencia permanente de 4.000 militares, a los que cabe sumar sus familias, todos ellos con un poder adquisitivo medio-alto que contribuye a dinamizar la economía local, especialmente tras el verano cuando el turismo en la zona cae en picado. También hay que destacar que Rota y Cádiz ejercen funciones de poder blando al servicio de España, ya que crean vínculos entre nuestra nación y numerosos miembros de las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos.
En segundo lugar, los intangibles: la base naval de Rota está entre los tres destinos más buscados de la U.S. Navy en el extranjero -solo competido por las bases navales de Japón- a lo que se suma su valor estratégico, que fuerza a los presidentes de Estados Unidos a visitar la base, lo que proporciona un cartucho adicional a la diplomacia española en comparación con otros países europeos.

En tercer lugar, los costes de oportunidad: hace 70 años Marruecos albergaba la vital base aérea de Nouasseur, desde la que operaban los bombarderos nucleares de Estados Unidos en una época en la que España seguía siendo un paria internacional. Hoy Estados Unidos no alberga grandes bases en nuestro vecino del sur, y sí lo hace en España, es más, frente a los constantes bulos y rumores aparecidos en la prensa, para EEUU sería costosísimo y muy lento construir una "Rota" marroquí o en cualquier otro país.
En cuarto lugar, África. Rota es la base naval sobre el meridiano que separa Europa y África, es por tanto la retaguardia profunda de cualquier despliegue de Estados Unidos o la OTAN -y de la UE- en el continente africano, justamente el principal interés de seguridad que tiene España. En este sentido, Rota otorga a Madrid la posibilidad de mejorar su posición en toda iniciativa relativa a África, obteniendo más influencia ante la OTAN y EEUU frente a posibles competidores como Portugal, Francia o Italia.
En quinto lugar, los beneficios directos. Los estadounidenses invierten mucho en las infraestructuras de una base de la que también se aprovecha España, se estima que anualmente gastan más de 800 millones de dólares en contratos con la industria naval española de la bahía, en lo que constituye una bienvenida inyección de capital para este sector estratégico. Finalmente, la presencia de la U.S. Navy y de la Armada española en una misma base facilita la celebración de ejercicios combinados que permiten a los nuestros adiestrarse y extraer lecciones junto a los estadounidenses.
Por último, en sexto lugar, la base naval otorga a España una baza negociadora y una "opción nuclear" en el marco de las relaciones políticas entre ambos países.
Si pasamos del "haber" al "debe", es comprensible -aunque el que escribe no lo comparta- que algunos interpreten la presencia de bases extranjeras en suelo español como un zarpazo a la soberanía nacional, si bien el argumento más preciso es que como parte del escudo antimisil europeo, Rota y sus buques constituyen un objetivo nuclear de primera categoría, lo que expone a la bahía de Cádiz y a la principal base española en el Estrecho a un riesgo destacado, que solo puede justificarse mediante las contrapartidas de índole político y económico que aportan los estadounidenses.

En conclusión, el metro cuadrado geopolítico en el Estrecho de Gibraltar siempre ha estado muy cotizado, desde el Conde Don Julián de Ceuta en el 711 d.c. hasta la base de retaguardia de Gadir establecida por Aníbal Barca en beneficio de Cartago Nova, pasando por el largo asedio francés de Cádiz o la ocupación británica del peñón de Gibraltar en plena Guerra de Sucesión... Hoy, de la mano de España, es la potencia hegemónica de nuestro tiempo quien paga por cada metro cuadrado: los Estados Unidos de América han reforzado a su 60ª Escuadrón con un nuevo buque que justamente representa el fortalecimiento de las relaciones hispano-norteamericanas.