Irlanda, una isla, un equipo (Parte 1/2)
Irlanda, una isla, un equipo (Parte 2/2)
El pasado sábado 16 de marzo, el equipo de rugby de Irlanda ganó por segunda vez consecutiva el Torneo de las Seis Naciones 2024, competición anual entre Inglaterra, Francia, Irlanda, Italia, Escocia y Gales. Este torneo, aunque con otros nombres -Campeonato de las Naciones o Campeonato de las Cinco Naciones- se lleva a cabo desde 1883.

La peculiaridad del equipo de rugby irlandés es que representa en las competiciones internacionales a toda isla, tanto a la República de Irlanda como a Irlanda del Norte, que pertenece al Reino Unido. El equipo puede seleccionar a jugadores de ambos países. Los escudos de armas históricos que representan a las cuatro provincias de la ínsula rodean al trébol en el centro de la bandera del equipo: Connacht, Leinster, Munster (pertenecientes a Irlanda) y Úlster (perteneciente al Reino Unido).
Es decir, un equipo y una única bandera que es capaz de dejar a un lado las diferencias entre católicos y protestantes, entre irlandeses y británicos. Hablamos aquí de las grandes discrepancias que durante décadas marcaron la isla con una guerra civil y largos años de terrorismo a manos del Ejército Republicano Irlandés, más conocido por sus siglas en inglés IRA.
La Unión Irlandesa de Rugby (IRFU, por sus siglas en inglés) es el órgano rector del rugby en la isla desde 1879. Esto implica que la federación de rugby ha sobrevivido al alzamiento de Pascua, la guerra de Independencia irlandesa, la partición del país y al terrorismo y la violencia sectaria durante los Troubles. Mantener la unidad en un lugar caracterizado por la exacerbación y la acentuación de las divisiones entre comunidades ha sido un reto mayúsculo que el rugby ha resuelto con solvencia, actuando como ejemplo del futuro que podría aguardar a ambas comunidades.

El rugby tradicionalmente se veía como un deporte vinculado a la clase media y, por tanto, protestante. Esto no impidió que consiguiera también popularidad entre la comunidad católica, aunque los órganos rectores estaban en manos protestantes. Fue esta cúpula protestante la que resistió las presiones para crear dos entidades separadas y mantuvo la unidad. Así, se inició desde bien pronto un proceso de concesiones y acomodos constantes para que las comunidades, protestante y católica pudieran sentirse identificadas con el mismo equipo.
Hubo que acordar cuestiones como la bandera (que representa los seis condados de Irlanda y muestra el trébol, reivindicado por las dos partes), el himno o dónde se jugaba de local en un proceso que fue complicado y estuvo plagado de fricciones.
Uno de los momentos de mayor tensión llegó en la década de los cincuenta, cuando las autoridades de Irlanda del Norte prohibieron que se exhibiera la bandera tricolor de Irlanda. Antes de un partido disputado en Belfast entre Gales e Irlanda, un aficionado irlandés mostró la bandera y fue apaleado por la policía norirlandesa. Un periodista captó el momento y la foto del aficionado siendo golpeado por la policía generó una gran polémica que tensionó la unidad deportiva de la isla.
En 1953 un periódico irlandés critico la decisión que hacer sonar el God Save the Queen como himno de Irlanda durante un partido contra Francia disputado en Belfast. En respuesta, los jugadores de la República de Irlanda amenazaron con negarse a jugar si no se tocaba el himno de Irlanda y se les permitía mostrar la bandera. Finalmente, los jugadores aceptaron disputar el partido a cambio de que todos los partidos internacionales de la selección se disputaran a partir de entonces en Dublín. No volvió a jugarse en Belfast hasta 2007.
El himno también fue un tema que generó grandes tensiones, ambas partes querían que sonara el suyo y al final se optó, al igual que con la bandera, por una nueva solución de compromiso. Se creó un nuevo himno con el que las dos partes pudieran unificarse, que hacía referencia a la unión para superar la adversidad. La canción, Ireland’s Call, como era previsible no gustó a nadie, pero todos la aceptaron como una solución de compromiso para seguir jugando.
La historia del rugby en Irlanda está plagada de estas decisiones donde, ante las posiciones enconadas de ambas facciones, se logra una solución en base al diseño de un nuevo elemento que no pueda vincularse con ninguna de las partes para no ofender a la otra. Este es el aspecto clave de la unidad deportiva de la isla, el compromiso.

Resistiendo estas presiones y navegando con habilidad en un ambiente político extraordinariamente divisivo es como el rugby ha logrado convertirse en uno de los pocos elementos de unidad en la isla. En The Political Room ya tratamos el poder blando de los grandes eventos deportivos y cómo la visión de los Estados podía proyectarse a través de la reputación y la proyección de su imagen. Esta búsqueda de la sugestión y la seducción se hace para inferir en el ecosistema INTERNACIONAL. Ya sea por soft power con una proyección interna o por euforia de la psicología de masas, el irlandés no es el único caso en el que un país olvida sus diferencias cuando se trata de una selección nacional.
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