Jared Kushner, heredero de una poderosa dinastía inmobiliaria de Nueva Jersey, se encontraba en el otoño de 2016 frente al mayor cambio de su vida. A sus 35 años, se preparaba para pasar del mundo de los negocios al epicentro del poder político mundial. Desde el apartamento que compartía con Ivanka Trump en la Quinta Avenida, pronto comenzaría a tejer los hilos que le acabarían abriendo las puertas de la Casa Blanca. Pero vayamos por partes. 

Nacido en 1981 en el seno de una familia que había forjado una gran fortuna en el sector inmobiliario de Nueva Jersey, Jared Kushner sufrió en 2005 su primer gran revés. Ese año, su padre fue condenado por evasión fiscal y manipulación de testigos.

Kushner transformó la crisis en una oportunidad: asumió el control del negocio familiar y, en 2007, protagonizó una de las mayores operaciones inmobiliarias de la historia de Manhattan al adquirir el 666 Fifth Avenue por 1.800 millones de dólares. La operación, sustentada en un elevado nivel de endeudamiento, lo vinculó a fuentes extranjeras de financiación que acabarían influyendo, en cierta medida, en su forma de actuar en los años posteriores.

Un hombre sale de la torre de oficinas 666 Fifth Avenue, propiedad de Kushner Companies. Foto: AP
Un hombre sale de la torre de oficinas 666 Fifth Avenue, propiedad de Kushner Companies. Fuente: AP

Para 2007, Kushner también había comprado The New York Observer, transformándolo en una plataforma que le serviría para la gestión de su imagen pública. Esta capacidad para moverse plácidamente en el mundo de los negocios no pasó desapercibida para Donald Trump. Durante su campaña presidencial (2016), Kushner supervisó las operaciones digitales y el análisis de datos, ayudando a movilizar a un mayor número de votantes. 

Su éxito lo convirtió en una figura indispensable para el presidente electo, que pronto le encomendó una misión extraordinaria: reinventar el funcionamiento del gobierno estadounidense, reformar el sistema penal y, en el plano internacional, buscar la paz en Oriente Próximo. 

Cuando Kushner ingresó en la Casa Blanca como asesor principal en enero de 2017, su cartera de responsabilidades se acumulaba sobre su escritorio. En pocos meses ya gestionaba las relaciones con líderes de China, México y de toda la región del Golfo. Para los servicios de inteligencia, Kushner dependía en exceso de canales de comunicación privados y mostraba una marcada inclinación a establecer vínculos personales con dirigentes extranjeros. Para Trump, sin embargo, su condición de outsider constituía una ventaja: al margen de la diplomacia tradicional, disponía de libertad para cerrar acuerdos.

De Riad a Jerusalén, construyó una red de influencia que eludía en cierta medida la jerarquía tradicional del Departamento de Estado. Para los líderes de Oriente Próximo, acostumbrados a la política tradicional, tratar con el yerno del presidente resultaba natural y, en muchas ocasiones, más efectivo. 

Pronto se empezarían a ver los resultados. En mayo de 2017, Trump elegía Riad como destino de su primer viaje al extranjero. Kushner había coordinado la visita con el príncipe heredero saudí Mohammed bin Salman, cimentando una relación que se convertiría en el eje de la política estadounidense en la región. Kushner y bin Salman, similares en edad, se veían a si mismos como modernizadores ajenos a las élites tradicionales. 

El príncipe heredero saudí Mohammed bin Salman, a la derecha, se reúne con el asesor presidencial estadounidense Jared Kushner en Riad, Arabia Saudí, el 1 de septiembre de 2020. Foto: AP
El príncipe heredero saudí Mohammed bin Salman, a la derecha, se reúne con el asesor presidencial estadounidense Jared Kushner en Riad, Arabia Saudí, el 1 de septiembre de 2020. Fuente: AP

En paralelo, Kushner también cultivaba vínculos con el primer ministro israelí Benjamín Netanyahu y con los dirigentes de los Emiratos Árabes Unidos. Estos contactos culminaron en los Acuerdos de Abraham, una serie de pactos de normalización de relaciones entre Israel y varios estados árabes. Anunciados en agosto de 2020, los acuerdos llevaron a Emiratos y Bahréin a establecer lazos formales con Israel, seguidos más tarde por Sudán y Marruecos. Los efectos fueron inmediatos, no solo en el plano comercial, sino también en la coordinación defensiva regional frente a Irán. 

En el plano interno, su influencia se extendió a la reforma del sistema penal. Impulsó la First Step Act, promulgada en diciembre de 2018, que redujo ciertas condenas y amplió los programas de reinserción. La iniciativa recibió apoyo bipartidista, pero también lo situó en el centro de las críticas. Sus detractores denunciaban que Kushner centralizaba los logros en torno a su figura y a su idealismo pragmático, gestionando políticas a través de canales familiares más que por consenso institucional. 

Los conflictos de interés acompañaron toda su actividad diplomática. Mientras negociaba con los estados del Golfo, cuyos fondos soberanos podían convertirse en potenciales inversores, Kushner Companies seguía buscando financiación extranjera para el 666 Fifth Avenue. En 2018, organismos de supervisión del Congreso advirtieron que estos vínculos podían hacer que los gobiernos extranjeros vieran en Kushner una oportunidad para ejercer presión económica sobre un alto cargo de la Casa Blanca. Aunque Kushner se deshizo de parte de sus activos, conservó intereses significativos mediante fideicomisos familiares. 

Cuando Trump dejó el cargo en enero de 2021, Kushner regresó al ámbito financiero. En pocos meses fundó Affinity Partners, una firma de capital privado con sede en Miami. En julio de ese mismo año, el Fondo de Inversión Pública de Arabia Saudí (PIF) aprobó un compromiso de 2.000 millones de dólares. A este se sumaron aportaciones similares, aunque de menor cuantía, procedentes de Emiratos Árabes Unidos y Catar, lo que elevó los activos iniciales de la firma hasta alrededor de 3.000 millones de dólares.

Donald Trump conversa con la canciller alemana, Angela Merkel, el viernes 17 de marzo de 2017, en el exterior de la Oficina Oval, acompañado por el asesor principal de la Casa Blanca, Jared Kushner, e Ivanka Trump, en la Casa Blanca en Washington, D.C.
Donald Trump conversa con la canciller alemana, Angela Merkel, el viernes 17 de marzo de 2017, en el exterior de la Oficina Oval, acompañado por el asesor principal de la Casa Blanca, Jared Kushner, e Ivanka Trump, en la Casa Blanca en Washington, D.C. Fuente: Foto oficial de la Casa Blanca por Shealah Craighead

Los mismos dirigentes del Golfo que se habían beneficiado de las iniciativas diplomáticas de Kushner pasaron así a convertirse en sus principales inversores. Affinity orientó su estrategia hacia sectores alineados con los planes de diversificación económica del Golfo —tecnología, entretenimiento e infraestructuras—, mientras que los registros públicos revelaban la contratación de exfuncionarios y asesores con amplia experiencia en la política de Oriente Próximo.

Kushner volvió a la escena pública con su autobiografía de 2022, Breaking History, que presentó sus años en la Casa Blanca como una misión empresarial destinada a romper con la burocracia. El libro defendía su historial en política exterior y retrataba los Acuerdos de Abraham como prueba de que el pensamiento no convencional podía lograr lo que generaciones de diplomáticos no habían conseguido. 

Durante el segundo mandato de Trump, el regreso de Kushner a la diplomacia alcanzó su punto álgido en las tensas semanas previas a la iniciativa de paz para Gaza en 2025. Aunque oficialmente no tenía cargo, fue el arquitecto discreto del plan de veinte puntos de la administración para poner fin a la guerra y reconstruir el enclave. Junto a su amigo y enviado especial para Oriente Próximo, Steve Witkoff, orquestó una disculpa del primer ministro israelí Benjamin Netanyahu al liderazgo catarí por el ataque con misiles en Doha, un gesto que él y Witkoff habían concebido para desbloquear las negociaciones. 

Momentos después, Kushner se sentó junto a Trump y Netanyahu en el Comedor de Estado mientras se presentaba el plan, que incluía la creación de una “Junta de Paz” transicional para administrar gaza y un fondo de reconstrucción que vincularía capital árabe y supervisión occidental. 

El enviado especial de la Casa Blanca, Steve Witkoff, y Jared Kushner esperan antes de una rueda de prensa conjunta del presidente estadounidense Donald Trump y el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu en la Casa Blanca.
El enviado especial de la Casa Blanca, Steve Witkoff, y Jared Kushner esperan antes de una rueda de prensa conjunta del presidente estadounidense Donald Trump y el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu en la Casa Blanca, Washington, el 29 de septiembre de 2025. Fuente: Reuters

Durante semanas, Kushner y Witkoff habían dirigido un centro de mando privado desde sus mansiones vecinas en Indian Creek, Miami, manteniendo llamadas con Trump, miembros del gabinete israelí y mediadores cataríes. Cuando se supo que Hamás estaba dispuesto a discutir la liberación de rehenes, Kushner corrió a la residencia de Witkoff para coordinar la respuesta. 

Los borradores describían un programa de desarrollo económico respaldado por fondos soberanos del Golfo, con el ex primer ministro británico Tony Blair como asesor clave. Kushner contactó personalmente con inversores como Marc Rowan, de Apollo Global Management, para sondear su interés en participar en un consorcio destinado a la reconstrucción de Gaza. Trump aprobó el marco tras recibir el informe de Kushner a bordo del Air Force One, señalando el retorno al espíritu de “paz a través de la prosperidad” que había inspirado los Acuerdos de Abraham. 

El estilo negociador de Kushner se basa en el “primero llegamos al sí, ya discutiremos los detalles”. En sus propias palabras, “muchos de los que se dedican a esto son profesores de historia o diplomáticos. Nosotros somos gente de negocios; es otro deporte.” 

Sus reuniones con Trump en el Despacho Oval en agosto de 2025 produjeron los planos de una administración transicional y de un banco de desarrollo para Gaza financiado con fondos saudíes y cataríes. La huella de Kushner es visible en cada etapa: desde persuadir a Trump para respaldar la iniciativa hasta redactar los argumentos que emplearían los mediadores cataríes y egipcios. 

El enviado especial de Estados Unidos para Oriente Medio, Steve Witkoff (derecha), y Jared Kushner esperan la llegada del presidente Donald Trump y la primera dama Melania Trump en el aeropuerto de Teterboro.
El enviado especial de Estados Unidos para Oriente Medio, Steve Witkoff (derecha), y Jared Kushner esperan la llegada del presidente Donald Trump y la primera dama Melania Trump en el aeropuerto de Teterboro, en Teterboro, Nueva Jersey, el 13 de julio de 2025. Fuente: AFP

Incluso mientras alternaba entre El Cairo y Jerusalén, el imperio empresarial de Kushner seguía expandiéndose. Días antes de la ceremonia en la Casa Blanca para anunciar el plan de Gaza, su firma cerró la compra de Electronic Arts por 55.000 millones de dólares en asociación con Silver Lake y el Fondo de Inversión Pública saudí. Para el presidente Trump, la capacidad de Kushner para fusionar capital y diplomacia sigue siendo su mayor activo. 

Referencias

  1. The Washington Post. “Trump, Israel and the Gaza war.” 
  2. The Wall Street Journal. “Jared Kushner’s new fund looks to profit from his Middle East diplomacy.”
  3. The Washington Post. “Jared Kushner’s memoir is only inadvertently revealing.” 
  4. Reuters. “Kushner’s Affinity’s assets jump to $4.8 billion after Gulf cash injection.” 
  5. Le Monde. “The Trump family’s lucrative business deals in the Gulf.” 
  6. Le Monde. “The double life of Jared Kushner: mixing business with politics as emissary for Donald Trump.” 
  7. Financial Times. “Jared Kushner and Trump’s Gulf connections.” 
  8. The Wall Street Journal. “Trump praises Witkoff, Kushner.” 
  9. The Wall Street Journal. “Jared Kushner and Trump’s second term.” 
  10. The New York Times. “Jared Kushner and the Gaza deal.” 
  11. The New York Times. “Electronic Arts buyout and Jared Kushner.” 
  12. The New York Times. “Jared Kushner’s Saudi investment fund.” 

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