El 6 de octubre de 2023, un día antes del ataque de Hamás contra Israel, la agencia de rating Moody’s redujo la calificación crediticia de Egipto a “Caa1”. Tres meses después, esta misma agencia degradó las perspectivas a futuro de la economía egipcia a "negativas". 

Las decisiones de Moody's, al igual que las de otras agencias como Standard & Poor's y Fitch, reflejan la preocupación derivada de la política económica implementada por el régimen de Abdelfatah El-Sisi, agravada por las repercusiones de los conflictos y tensiones en Ucrania y Oriente Medio.

Visita del Presidente de Egipto - Abdel Fattah el-Sisi. Fuente: ΝΕΑ ΔΗΜΟΚΡΑΤΙΑ
Visita del Presidente de Egipto - Abdel Fattah el-Sisi. Fuente: ΝΕΑ ΔΗΜΟΚΡΑΤΙΑ

La llegada de Al-Sisi al poder

En enero de 2011, la revolución tunecina se extendió a Egipto en forma de manifestaciones que se saldaron con la caída del régimen de Hosni Mubarak. En pleno caos político de las primaveras árabes, el posterior establecimiento de un gobierno interino por el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas, liderado por el Mariscal de Campo Mohamed Hussein Tantawi, fue sucedido por la presidencia de Mohammed Morsi, ganador de las elecciones presidenciales de 2012. 

La victoria de Morsi, con un 51% de los votos, supuso la llegada al poder de un candidato del Partido de la Libertad y la Justicia, vinculado a la organización de los Hermanos Musulmanes. Este grupo, fundado en 1923 por Hassan al-Banna en la ciudad egipcia de Ismailía, se caracteriza por su apoyo a partidos heterogéneos que defienden medidas como la aplicación del islam político desde el estado, el activismo en la sociedad civil o la participación en procesos políticos por medio de elecciones. 

Por este motivo, la presidencia de Morsi fue percibida por los gobiernos del “Eje Árabe”, entre los que destacan los Emiratos Árabes Unidos o Arabia Saudí, como una amenaza al poder de las monarquías que dirigen los Estados. Así, Riad y Abu Dhabi llegaron incluso a acusar a Turquía o Qatar de proporcionar apoyo a los Hermanos Musulmanes con el fin de fomentar la inestabilidad y ejercer su influencia en el mundo árabe.

Sin embargo, el mandato de Morsi fue breve. El intento de aprobar una constitución con un fuerte componente islamista y las protestas que surgieron a causa de la inestabilidad que caracterizó su mandato derivaron en el golpe de estado de Abdelfatah El-Sisi en 2013. Este último designó a un presidente interino antes de presentarse a unas elecciones boicoteadas por la oposición en las que ganó con un 91% de los votos. 

La relativa popularidad de El-Sisi se debió a la pérdida de apoyo de los Hermanos Musulmanes a causa de la crisis constitucional y al deterioro de la calidad de vida durante el mandato de Morsi. Asimismo, con el fin de asegurar un socio en la región y hacer frente a las pretensiones revolucionarias del islam político, Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos brindaron apoyo al nuevo gobierno militar de El-Sisi.

Pese a que el régimen de El-Sisi se presentó como un puente entre los sectores más islamistas y los más partidarios de un nacionalismo árabe secular, este reprimió a periodistas y políticos disidentes y atacó al sistema judicial egipcio. El mandatario justificó este autoritarismo prometiendo garantías de estabilidad y de crecimiento económico tras el turbulento mandato de Mohammed Morsi. Sin embargo, las consecuencias del programa económico que implementó antaño podrían ahora representar un desafío para su legitimidad.

La inversión en proyectos faraónicos

Gran parte de la población egipcia reside en el Delta del Nilo o en la estrecha franja de tierra, de aproximadamente 30 kilómetros de ancho, que abarca la cuenca del río Nilo entre El Cairo y Asuán, limitando esta distribución poblacional el desarrollo de viviendas, cultivos e infraestructuras. A su vez, dada la dificultad de navegación de barcos de gran calado en el Nilo, se hace necesaria una mayor inversión en infraestructura para facilitar el transporte terrestre, lo que a menudo resulta más costoso.

A causa de su geografía, Egipto se ha sostenido como una sola entidad nacional gracias a una planificación de recursos centralizada. Fue por ello por lo que el gobierno de El-Sisi trató de legitimar su mandato modernizando el país mediante la construcción de infraestructuras que, si bien fueron necesarias y eficaces en algunas ocasiones, como en el caso de ciertas carreteras o vías férreas, en muchas otras la asignación de recursos no se llevó a cabo de manera eficiente. 

En lo relativo a estas últimas, destacan la construcción de megaproyectos de infraestructura financiadas con altos niveles de deuda denominada en moneda extranjera. Ejemplos de ello son la construcción de una nueva capital administrativa, cuyo coste se estima en 58 mil millones de dólares en la primera fase, en la que el ejército participa con un 51% en Administrative Capital for Urban Development, la compañía que desarrolla el proyecto, o la ampliación del Canal de Suez en 2015, con un coste de 8.5 mil millones de dólares.

Las consecuencias del conflicto en Ucrania

Una vez más, a causa de su geografía, en Egipto tan solo el 3% de la superficie es cultivable. Ello, unido a que el sector primario contribuye al Producto Interior Bruto en un 12% pese a emplear al 25% de la población, lo que da muestras de su baja productividad, convierte al país en el mayor importador de trigo del mundo. Por este motivo, Egipto, que importó 21 millones de toneladas de trigo Rusia y Ucrania en 2019, esto es, el 69% del que se consumió a nivel nacional, se vio especialmente afectado por las consecuencias del conflicto bélico en el este de Europa.

El incremento del valor de las importaciones rusas y ucranianas mermó las reservas de moneda extranjera en 7 mil millones de dólares en 2022. Ello, unido a la mayor aversión al riesgo de los inversores tras el recrudecimiento de las hostilidades en Ucrania y el endurecimiento de la política monetaria de la Reserva Federal y del Banco Central Europeo, implicó la retirada de alrededor de 20 mil millones de dólares de inversión extranjera.

A las consecuencias del conflicto bélico en Ucrania se suman el incremento de las subvenciones del gobierno a productos esenciales, como la energía o los alimentos, que llegan a suponer un 8% del PIB. Además, si la población egipcia crece según lo esperado y alcanza los 179 millones de habitantes en el año 2050, el volumen de alimentos y energía a subvencionar crecerá, mermando ello el déficit público. 

Las consecuencias del conflicto en Gaza

La península del Sinaí, que protege el “heartland” egipcio de posibles invasiones por el flanco oriental, alberga insurgentes islamistas vinculados al Estado Islámico o Al-Qaeda, contra los que Egipto inició una campaña militar en 2011 que, a día de hoy, sigue vigente. Tras el inicio de la ofensiva israelí en Gaza, El Cairo teme que un influjo de refugiados palestinos de la Franja de Gaza, actualmente controlada por Hamás, un grupo que se escindió de los Hermanos Musulmanes en 1987 y que forma parte del “Eje de la Resistencia”, se unan a las filas de los grupos insurgentes del Sinaí ante la falta de recursos y capacidad de Egipto para albergar a estos refugiados.

En lo relativo a las exportaciones de gas natural licuado, tras el inicio de su ofensiva en Gaza, Israel suspendió las exportaciones de gas a Egipto por uno de los gasoductos que conecta a ambos estados. Ello supuso un revés para El Cairo, ya que las importaciones de gas israelí que Egipto licúa y exporta a Europa en una coyuntura en la que el viejo continente busca reducir su dependencia de Rusia fueron la principal exportación de Egipto en el periodo fiscal 2022-2023, registrando ingresos de alrededor de 5 mil millones de dólares. 

No obstante, más allá del conflicto en Gaza, si bien el volumen de importaciones de gas israelí se ha recuperado en los últimos meses, se especula con una posible caída de la producción en el yacimiento de Zohr lo que, unido al aumento del consumo de electricidad a nivel interno en los próximos años, podría reducir los ingresos por exportaciones.

Asimismo, se estima que los ingresos del turismo se vean afectados por la ofensiva israelí en Gaza. Ello perjudicaría especialmente las finanzas egipcias, pues las visitas al país constituyen, junto con las remesas de inmigrantes o los ingresos derivados del canal de Suez, una de las principales fuentes de divisas a nivel nacional. Así, en el periodo fiscal 2022-2023, Egipto obtuvo 13.6 mil millones de dólares en ingresos derivados del turismo, un 26.8% más en comparación con el mismo periodo del año anterior. 

Soldados israelíes preparándose para la invasión terrestre de la Franja de Gaza el 29 de octubre. Fuente:  Israeli Defence Forces Spokesperson's Unit
Soldados israelíes preparándose para la invasión terrestre de la Franja de Gaza el 29 de octubre. Fuente:  Israeli Defence Forces Spokesperson's Unit

Las consecuencias de los ataques hutíes en el Estrecho de Bab el-Mandeb

La geografía de Egipto le confiere una posición estratégica de gran importancia en el comercio de mercancías, hidrocarburos o alimentos. En el Istmo de Suez se encuentra el canal homónimo, por el que transita, aproximadamente, un 12% de las mercancías que se comercian a nivel global. Precisamente, fue el papel del canal de Suez como ruta comercial estratégica lo que motivó a Francia, Reino Unido e Israel a intervenir frente al Egipto de Gamal Abdel Nasser para evitar su nacionalización en 1956.

Así, el principio de la libertad de navegación, contenido en la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar, ha permitido a Egipto beneficiarse económicamente del poder que le concede el canal de Suez, pues de este “Choke Point” se deriva un 15% de los ingresos totales del gobierno. Asimismo, este es, actualmente, una de las principales fuentes de divisas extranjeras para el país, cifrando la autoridad del canal los ingresos del ejercicio fiscal 2022-2023 en 9.4 mil millones de dólares.

Siguiendo esta línea, aprovechando el flujo comercial en el canal, El Cairo estableció en 2015 la Zona Económica del Canal de Suez para atraer inversión extranjera y fomentar la actividad económica en sectores como la tecnología, la logística o la energía por medio de exenciones fiscales o tarifas preferenciales.

No obstante, con el fin de instar a los gobiernos occidentales a ejercer presión sobre Tel Aviv para que este último cese los ataques contra Hamás o Hezbollah, los hutíes, una milicia yemení  que forma parte del “Eje de la Resistencia” y que, por tanto, es un proxy iraní y rival geopolítico de Israel, así como de las monarquías árabes y sus socios, entre los que se encuentra El Cairo, ha torpedeado el tránsito de cargueros que atraviesan el estrecho de Bab el-Mandeb y, por consiguiente, el Mar Rojo y el Canal de Suez.

Así, entre noviembre y diciembre de 2023, se produjo una reducción del flujo comercial del 28% en el Mar Rojo en virtud del Cabo de Buena Esperanza y, entre el 1 y el 11 de enero de 2024, los ingresos obtenidos del canal experimentaron una caída del 40% interanual. Esto último podría afectar significativamente a la balanza de pagos de Egipto y a su capacidad de hacer frente a sus pagos de deuda externa lo que, en consecuencia, podría desestabilizar al régimen de El-Sisi.

Breve análisis macroeconómico

Si bien las reservas de divisas se recuperaron en 2023, llegando a sumar 35.1 mil millones de dólares en diciembre de 2023, de estas, 13 mil millones corresponden a depósitos de fondos soberanos saudíes y emiratíes y 3.3 mil millones provienen de ventas de activos a estos dos estados. 

Asimismo, con estas reservas, Egipto tan solo podría cubrir 3 meses de importaciones de bienes y servicios, frente a los 6,8 meses que podía cubrir dos años atrás, lo que pone de manifiesto los serios problemas de liquidez que afronta el país. En este sentido, El Cairo sugirió que podrían considerar la titulización de los ingresos del canal de Suez para recaudar alrededor de 10 mil millones de dólares con anticipación.

En el próximo ejercicio económico, Egipto deberá afrontar el pago de 29 mil millones de dólares de deuda externa, lo que supone un 85% de sus reservas. Además, el pasivo exterior de Egipto, del que el 70% corresponde al sector público, se ha incrementado desde los 155.700 millones de dólares hasta los 165.300 en el último ejercicio. El Fondo Monetario Internacional (FMI) pronostica que el PIB de Egipto en 2024 será de 368 mil millones de dólares y, por tanto, el coste de hacer frente a la deuda externa ascenderá a casi el 8% del PIB.

En este sentido, al inicio de la ofensiva israelí en Gaza, se especuló con la posibilidad de que Tel Aviv pudiese asumir la deuda de Egipto con acreedores multilaterales o que Estados Unidos condonase la deuda de egipcia a cambio de que este último aceptara a los refugiados palestinos en el Sinaí. No obstante, teniendo en cuenta que el 85% de la población egipcia se opone al reconocimiento de Israel, la aceptación implícita del control de Tel Aviv sobre Gaza podría haber motivado el descontento interno.

En cuanto a la balanza por cuenta corriente, el déficit se ha reducido desde los 16.6 mil millones de dólares hasta los 11 mil millones en el último año. Ello se ha debido, especialmente, al crecimiento en las exportaciones de hidrocarburos a la Unión Europea y a que, con el fin de obtener la asistencia del FMI, Egipto ha devaluado la libra egipcia en tres ocasiones desde marzo de 2022, lo que ha dado lugar a una mayor competencia por hacerse con divisas extranjeras necesarias para llevar a cabo las importaciones de unos bienes extranjeros cuyo precio se ha incrementado. 

Las devaluaciones, unidas a la retirada de la inversión extranjera y a la creciente desconfianza en la economía egipcia, han contribuido a que el tipo de cambio en el mercado negro se haya situado en 50 libras egipcias por dólar. No obstante, a causa de la intervención del Banco Central en el mercado (cuya política es insostenible en el largo plazo si no se producen cambios estructurales en el modelo económico) el tipo oficial se sitúa actualmente en 30,9 libras por dólar frente a las 15,7 libras de marzo de 2022.

Así, en agosto de 2023, la tasa de inflación anual alcanzó el 37.4%, y la inflación de precios de alimentos llegó al 70%, lo que llevó al Banco Central a aumentar los tipos de interés en 300 puntos básicos, alcanzando estos el 19,25%. A ello cabe añadir que, antes de la actual crisis, un tercio de la población ya vivía por debajo de la línea de pobreza y un 30% adicional de los 102 millones de habitantes del país se encontraba en situación vulnerable.

Fuente: FESEI
Fuente: FESEI

La disparidad del 25% entre la tasa oficial y la tasa de cambio paralela también ha desincentivado a los ciudadanos a enviar remesas a través de canales oficiales. Las remesas, que son esenciales para equilibrar la balanza por cuenta corriente y compensar el déficit comercial y suponen una fuente crucial de divisas para el país, alcanzaron los 31.5 mil millones de dólares en 2021, superando los ingresos combinados por turismo, inversión extranjera directa e ingresos del Canal de Suez. No obstante, estas disminuyeron en 6.5 mil millones de dólares en 2023.

Desde 2016 hasta 2022, Egipto ha solicitado 23 mil millones de dólares al FMI en materia de facilidades para el Financiamiento Ampliado, Instrumentos de Financiamiento Rápido y Servicios de Crédito Stand-By para hacer frente a los problemas de la balanza de pagos. No obstante, a mediados de 2023, el FMI no desembolsó el segundo tramo del último paquete de ayudas de 3 mil millones de dólares dada la reticencia de Egipto a reducir las subvenciones o a privatizar sectores dominados por las industrias públicas, pues un recorte de las pensiones o los subsidios a los alimentos no harían más que aumentar el descontento popular.

Finalmente, pese a haber implementado medidas impopulares en los últimos años, entre las que destacan un aumento del IVA o reducciones de subsidios eléctricos y de combustibles, con el fin de reducir la deuda y mitigar el déficit, que se sitúa en un 7,6% del PIB, la deuda pública ha crecido del 88.5% al 93% del PIB en el último ejercicio.

La amenaza de Etiopía

De cara al futuro, una de las mayores amenazas para la estabilidad económica egipcia puede llegar desde Etiopía, pues el país podría reducir el caudal del río Nilo, del que proviene el 97% del agua empleada para el consumo humano y agrícola en Egipto. La puesta en marcha de la Gran Presa del Renacimiento Etíope en el Nilo Azul, del que proviene un 85% del agua del Nilo en época estival, ha generado tensiones de especial relevancia.

Si bien Egipto y Sudán reclaman su derecho a vetar cualquier proyecto de ingeniería hidráulica que pudiese afectar al curso del agua en el Nilo en virtud del tratado Anglo-Egipcio de 1929 y de su reforma en 1959, Etiopía, signataria del Acuerdo Marco Cooperativo de la cuenca del Nilo en 2010, rechaza estos derechos y reclama liberar agua a un ritmo menor del que solicita Egipto, pues de ello depende duplicar su producción eléctrica y fomentar la cohesión nacional tras la Guerra de Tigray.

En este sentido, Egipto teme que, en caso de condiciones climáticas adversas, una reducción en el volumen de agua del lago Nasser y, consiguientemente, de la producción eléctrica de la presa de Asuán, de la que el país obtiene un 12% de la electricidad, implique una mayor necesidad de importación de hidrocarburos. Por este motivo, El Cairo también desea un mecanismo de resolución de disputas legalmente vinculante, mientras que Addis Abeba prefiere un papel consultivo para las instituciones de supervisión de la presa.

Pese a que el tema fuese llevado ante el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas por Sudán y Etiopía en 2021, las acusaciones de Addis Abeba a El Cairo por su presunto apoyo a las milicias rebeldes del Frente de Liberación Popular de Tigray para obtener mayor influencia en el país incrementaron la tensión y, en 2023, fracasó la última ronda de diálogo entre Etiopía, Egipto y Sudán.

Asimismo, la desestabilización de Sudán a causa del conflicto entre las Fuerzas de Apoyo Rápido y el Ejército ha dado lugar a que, tanto Egipto como Israel, respalden a este último para evitar un incremento en los flujos migratorios.

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Conclusión

Egipto se resiente actualmente de las consecuencias de su modelo económico en la última década, basado en la construcción de grandes obras públicas financiadas, en gran parte, con deuda denominada en moneda extranjera y un déficit por cuenta corriente que, si bien se ha reducido recientemente gracias a las exportaciones de hidrocarburos, se sostenía gracias al influjo de capital externo de carácter especulativo o a los ingresos derivados del turismo, de las remesas o del canal de Suez, habiéndose visto estos últimos perjudicados como consecuencia de las guerras en Ucrania o Gaza. 

Por ello, pese a que el Banco Mundial sitúe, en su informe más reciente, las estimaciones del crecimiento egipcio en un 3.5% en 2024, frente al 4.2% estimado en 2023, Bloomberg señala que Egipto es, a día de hoy, uno de los países del mundo con mayor probabilidad de incurrir en un default, situándose al nivel de otros estados con severos problemas en sus balanzas de pagos, como Argentina o Pakistán.

Para fortuna del régimen de El-Sisi, Egipto cuenta con la simpatía de potencias regionales, como Arabia Saudita o Emiratos Árabes Unidos, que ven en él un aliado en la lucha contra el "Eje de los Hermanos Musulmanes". Asimismo, Estados Unidos, que en virtud de la estrategia del "Pivot to Asia" pretende reducir su influencia en Oriente Medio y enfocar sus recursos en Asia-Pacífico, busca transferir el control regional a Israel y al "Eje Árabe", en el cual puede incluirse a Egipto, lo que también supone un balón de oxígeno para las finanzas del régimen de El-Sisi.

Sin embargo, el apoyo financiero de estos estados, así como el del FMI, estará condicionado a que El-Sisi lleve a cabo las solicitadas reformas para liberalizar la economía y reducir la gran influencia del ejército sobre el vasto sector público. Le corresponderá a El-Sisi convencer a la población egipcia de que la aplicación de medidas de austeridad, con su consiguiente deterioro en la calidad de vida de la población, suponen un sacrificio necesario en aras de la construcción de un Egipto mejor. 

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